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A 150 años del nacimiento de Sigmund Freud

Fecha de Publicación: 31 - 05 - 2006.

El 6 de Mayo de
1856 nacía Sigmund Freud en Freiberg, Moravia. En 1859 su padre deja Freiberg
para instalarse en Viena; allí vivirá Freud hasta 1938, año en que se produce su
exilio hacia Londres a causa de la persecución nazi.

Promediaba el
siglo XIX, la ciencia redoblaba su apuesta al progreso, la ilusión iluminista
llegaba a su apogeo y su luz fascinaba al tiempo que enceguecía.

El dominio de
la naturaleza prometía al hombre un poder ilimitado; sin embargo, en pleno auge
de ese avance tan promisorio, estalla la “gran guerra”: toda la cultura, todo el
arte, toda la ciencia que parecía hablar de una humanidad gobernada por la razón
como poder soberano sucumbe a una masacre que arrasará Europa, desangrándola
durante cuatro largos años. Había algo más allá del dominio de la razón que se
hacía oír.
Freud nos vino a anunciar que
hay una verdad en el ser humano que está hecha de sueños, de actos fallidos, que
hay una verdad que escapa a la razón, que el inconciente es la médula de la
subjetividad, el deseo es indestructible y la palabra su morada.

Teníamos
antecedentes, ya Copérnico había postulado que es el sol -y no la Tierra- el que
se halla en el centro de nuestro sistema planetario; Darwin nos había arrancado
de ese origen divino e incierto, para decir que somos un eslabón más en la larga
cadena de la evolución de las especies; y Freud remata con la tercera herida: no
es la sagrada y omnipotente razón la que dirige nuestras vidas, hay un más allá,
que es el inconciente, que -enigmático y ofrecido al desciframiento- nos habita,
y es el deseo siempre ligado a la sexualidad el que alberga en términos de
libido la potencia de la vida.

Mientras que la
ciencia al servicio de la razón -en términos cartesianos- intentaba clasificar
el dolor psíquico, la angustia, la locura como desviaciones de una normalidad
idealizada y totalitaria, acorralando el sufrimiento y asfixiando la
singularidad de cada uno, Freud con valentía y una profunda convicción decide
hacerle un lugar a la palabra; todo su pensamiento y toda su vida estará
consagrada a transmitir su descubrimiento: el inconciente y sus manifestaciones.

No hay ciencia
ni disciplina que aloje, como lo hace el psicoanálisis, la verdad que habita en
el sujeto; no hay otro dispositivo que posibilite ese encuentro íntimo y único
con lo más entrañable y, a su vez, lo más enigmático. La farmacología y las
neurociencias son un nombre más del iluminismo, son una coartada para la
subjetividad, silencian aquello que sólo accediendo a la palabra podría hacernos
llegar algo de esa verdad que a medias dicha (como lo sostiene Lacan) busca su
lugar.

La angustia no
es sólo padecimiento, es también señal; silenciándola con psicofármacos nunca
llegaríamos a ubicar lo que señala. Freud la toma como guía y eleva su dignidad,
de anomalía eliminable a brújula que nos orienta, y nos invita a seguirla y a
oír lo que en ella el sujeto quiere comunicar.

El psicoanálisis
está hecho de tiempo, de palabras, de amor, de silencios y esperas. Lejos de la
inmediatez, de la eficacia exitista, de la velocidad, nos propone otro tiempo,
otra escena, una chance para que la libertad -a la que todo sujeto tiene
derecho- encuentre su lugar.

A ciento
cincuenta años de su nacimiento -y con él, del nacimiento de una dimensión del
pensamiento que nos da la posibilidad de comprender el acontecimiento humano
como no había sido posible pensarlo hasta ahora-, desde lo más sublime expresado
-por ejemplo- en los frescos de la Capilla Sixtina hasta lo más abyecto mostrado
en los Campos de Exterminio Nazis, el psicoanálisis nos ofrece una posibilidad
de lectura y -como consecuencia de dicha lectura- de transformación de aquello
que aún siendo lo peor también nos representa.

Freud tuvo la
valentía de consagrar su existencia a la transmisión de un saber del que se
sentía portador; lo hizo sin concesiones y con una pasión propia de quienes
dejan sus marcas en la cultura que habitamos.

Dra. Miriam
Bercovich

Psicoanalista

M.N. 72.773

Coordinadora
Docente y Supervisora del Centro Dos

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