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Amamantar? mucho más que dar de comer

Fecha de Publicación: 07 - 02 - 2006.



Lo primero que recibe un recién nacido como continuación de su vida
intrauterina es la relación vincular con su madre, plasmada en el
amamantamiento. Así se va gestando la base de una relación que imprime
seguridad, aceptación y, fundamentalmente, se va creando en ese nuevo
ser la huella del amor y sus diversas formas de expresión. Así la leche
de su propia madre es el único alimento completamente adecuado a la
nutrición y al crecimiento del recién nacido, diríamos que su leche, su
amor y su presencia le pertenecen.

Sabemos que después de la intimidad de intercambios vitales entre la
madre y el niño que representan los nueve meses de la vida
intrauterina, el nacimiento – que hace del bebé criatura autónoma por
la respiración y la circulación sanguínea – lo pone en una situación de
terrible fragilidad por lo cual el niño de pecho no sólo necesita
cuidados maternales (calor, tranquilidad, protección), sino también el
clima sensorial y psicoafectivo que es para él el primer alimento.
Aunque el niño tiene la necesidad de una nutrición adecuada, recibida
al ritmo que le conviene, precisa también, para tener una buena salud,
de un clima afectivo armonioso: los momentos consagrados a la
alimentación son los más importantes de las relaciones del niño con la
madre, porque son para él momentos de satisfacción orgánica, siendo
importante que la madre esté tranquila, atenta, en actitud afectuosa
hacia el niño sensible.
El bebé siente que vive a través de su piel, la forma en que se lo
sostiene en el momento del amamantamiento es fundamental ya que el
sentirse abrazado le proporciona seguridad, cariño, contención,
tranquilidad, estableciéndose así entre ambos una sincronía entre su
ritmo respiratorio y el de su hijo.
La lactancia contribuye a establecer un vínculo corporal y emocional
que resulta mutuamente gratificante. En cuanto a las cantidades que se
deben dar, se sabe que para el bebé que toma pecho no hay otra regla
que su apetito y su propio ritmo. ¡Cuantas veces oímos a muchas madres
quejarse de que el niño no come todo lo que debería, o por el contrario
otras que dejan llorar de hambre, preocupadas por ajustarse a los
indicadores habituales. No olvidemos que una persona come porque tiene
buena salud y no porque “deba comer”. Por lo general se observa que el
intervalo entre mamada y mamada varía entre dos y tres horas.
Investigaciones han demostrado que el amamantamiento es beneficioso
para el bebé y la mamá. El bebé crece más sano, mejora sus
deposiciones, mejora la inteligencia por la presencia en la leche del
ácido graso omega tres. Con respecto a la mamá, disminuye el riesgo a
la hemorragia posparto, menor probabilidad de anemia y osteoporosis.
No hay una edad fija ni preestablecida para finalizar la lactancia.
Es un proceso que comienza cuando se agregan otros alimentos además de
la leche materna. Lo importante es que el proceso sea gradual y de
mutuo acuerdo. La leche materna no pierde sus propiedades nutritivas ni
protectoras, y si la mamá continúa amamantando varias veces al día
seguirá produciendo leche.
Diríamos entonces que amamantar es mucho más que dar de comer; es por
un lado la mejor oportunidad para que la mujer se conecte con sus
aspectos más maternales y por el otro, la mejor elección para
conectarse piel a piel con su bebé, brindándole la posibilidad de que
crezca sano y feliz.

Natalia Atanasio y Andrea Schemmari
Licenciadas en Psicología

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