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Anahi y la flor del ceibo

Fecha de Publicación: 16 - 12 - 2005.

10 de Noviembre en Argentina celebramos el D?a Nacional de la
Tradición, esta es una de las leyendas que cuenta el or?gen de nuestra
flor nacional: el ceibo

Hace
mucho tiempo atrás, en un pueblito de las orillas del Paran?, vivía una
indiecita llamada Anahí. Era un poco fea, el espíritu de Dios no la
había agraciado de finos rasgos.

Pero Anahí ten?a un don que compensaba la falta de belleza física,
ten?a una hermosa voz y cantaba dulcemente por las tardes. Le cantaba a
la belleza del río, al espíritu del agua, a los pequeños espíritus de
las flores, amaba a través del sonido todo cuanto podía percibir.

Viv?a fel?z rodeada de toda la maravilla que encontraba a su paso,
hasta que un día llegaron unos hombres extraños al lugar. Eran
guerreros vestidos con metales, de barba y piel blanca. Esos hombres
arrasaron con su pueblo y destruyeron todo cuanto encontraban a su
paso. Se quedaban con sus tierras y tomaron prisioneros a los que
quedaban.

Ella fue tomada como cautiva junto con otras gentes de su pueblo. No
podía entender el por qu? de tanta desgracia a pesar de haber vivido
siempre en la paz y armon?a perfecta siempre.

Una noche, mientras su carcelero dormía, ella logr? tomar un cuchillo
con el que lo atac? y lo hiri?, pero al no tener tanta fuerza, el
soldado intent? golpearla varias veces sin lograr detenerla. Los demás
soldados escucharon los gritos de ambos pero cuando llegaron, Anahí
había podido escaparse a la selva.

La buscaron durante un buen rato, hasta encontrarla y la condujeron
nuevamente a prisi?n. Cuando llegaron, comprobaron que el guardia
herido por ella, había muerto. Fue así que la castigaron conden?ndola a
morir en la hoguera.

La ataron a un ?rbol cerca del rio, para que pudiera verse ella misma
en las aguas, morir. Resisti? valientemente mucho tiempo, el fuego
parecía no quemarla. Entonces aquellos espíritus a los que ella le
cantaba en las tardes, vinieron en su ayuda. Poco a poco Anahí se fue
transformando en el mismo ?rbol.

Al día siguiente, los soldados fueron a ver sus restos y llevaron a
todos los demás prisioneros para que aprendieran la lección, se
encontraron con un hermoso ?rbol guarnecido con incre?bles flores rojas
como de terciopelo que se reflejaban en las aguas del Paran?.

Y así Anahí se uni? al espíritu de la naturaleza volvióndose bella e inmortal.

A veces, por las tardes cerca del río se oye una voz que dulcemente
canta. Nunca se pudo descubrir de donde proviene la voz, pero todos
saben que es Anahí.

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