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Arquitectos y constructores

Fecha de Publicación: 11 - 01 - 2006.



TODOS sabemos que los techos sirven para protegernos del frío, la lluvia y el sol. Las veredas nos salvan de caminar en el barro y entre plantas espinosas. Las paredes nos protegen del viento, y la curiosidad de otros, creo que no hace falta decirlo. Pero pocos se dan cuenta que demasiada edificación nos hace muy mal a todos, hasta a los que ganan plata con eso. Tener en cuenta que por eso escribí lo que sigue.

Parece que el objetivo principal de muchos arquitectos y constructores es encerrar lo más posible a las personas (y a los perros, los gatos y las plantas) con ladrillos y cemento (y plástico y materiales más modernos).

Al ponerles arriba techos, no ven el cielo y no tienen sol ni aire nuevo. Poniendo abajo pisos, no conocen desde chicos la tierra y el pasto, les parece que la tierra y el pasto son sucios, les dan miedo los bichos. Rodearlos con paredes, estrangularlos con paredes (sería como una boa "constructor"), entonces se renueva menos el aire y no ven el horizonte. Y desarrollan miedo al espacio abierto y lo desprecian diciendo: "no hay nada". Se acostumbran al encierro y llegan a desearlo, siendo entonces fuente de trabajo para arquitectos y constructores… de cárceles. La civilización moderna es cada vez mas cárcel y hace que seamos cada vez más unos presidiarios que le tienen miedo, desconfianza y desprecio al afuera. Esto se ve cuando, yendo en coche por el campo, siempre alguno dice ¡No hay NADA!, porque le parece que lo que no conoce (el paisaje viviente, la naturaleza) no existe, lo único que considera que "es algo" es lo artificial: calles, edificios, máquinas, todo seco y cuadrado, rígido y sin vida. Todo esto hace que el mundo sea cada vez mas así. Pero un mundo sin vida es un mundo sin seres humanos.

Es necesario darnos cuenta que vamos en una mala dirección, y cambiarla. Para eso hay que hacer, como dijo hace mucho el capitán Cousteau, una vuelta de 180 grados: en vez de encerrarnos lo más posible, dejar lo más posible de terreno libre, con plantas, con animales silvestres, con paisajes completos, sanos, armoniosos, con ríos y arroyos curvos en vez de canales y acequias rectos, con paisajes llenos de sorpresas y aventuras, no todo ángulos rectos, seco y duro, baldosas y paredes repetidas millones de veces.

Este cambio únicamente puede tener resultados muy buenos para la felicidad y la salud de todos, incluso para los que todavía no se dieron cuenta.

Ricardo Barbetti
Investigador – Asesor Educador
en cuidado del ambiente

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