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Arquitectura Antroposófica

Fecha de Publicación: 27 - 07 - 2011.

En este artículo se hace referencia a la Arquitectura Antroposófica en el contexto histórico,basándose en los conociminetos legados por Rudolf Steiner.

“Es una característica del alma humana expandirse, desatarse en todas direcciones. La manera de desatarse, la manera como ella desea expandir su ser en el cosmos tiene como resultado la forma arquitectónica” R. Steiner

Históricamente, siempre existió una relación entre las artes plásticas con las fases del desarrollo del alma humana.
De esa relación, tres momentos se destacan en la historia. En la Antigua Grecia, época de la construcción de los templos, nos encontramos con un pensar imaginativo. Un pensar mitológico. Una observación de un fenómeno natural desencadenaba imágenes en el alma. La materia era vivenciada como una ilusión. La imagen, resultado de una observación, era vivenciada como una realidad.
El alma humana estaba repleta de imágenes, se sentía parte del mundo espiritual. En esta época, fueron construidos los templos griegos con sus proporciones armónicas, simplicidad geométrica y composición arquitectónica exclusivamente ortogonales.
Las paredes que lo componen son paralelas, los ángulos siempre rectos.
Las columnas, en hileras, son paralelas entre sí.
Desde los espacios de mayor superficie a los de menor superficie, podemos observar una composición de rectángulos y cuadrados.

Eran obras ricas, no sólo en cuanto a su arquitectura y proporciones de elementos, sino también en cuanto a los detalles esculturales y pinturas o frescos.
El pueblo, en tanto, no tenía acceso al templo, era un espacio exclusivo para los sacerdotes que, dentro de él, se colocaban en condición de hacer contacto con el mundo espiritual. Este espacio de pureza arquitectónica casi cristalina, hizo desenvolver, incentivó y apoyó un proceso en el alma humana que llevó al Hombre a un pensar cada vez más lógico. La materia toma lugar de realidad. La imagen es ilusión. Es el principio de la lógica, de la filosofía y de la ciencia con Platón y Aristóteles. El templo tenía la función de apoyar este proceso de materialización en el pensar, que desencadenó más tarde, el pensar intelectualizado y racional. El alma se abrió para la realidad terrena y con esto, se separó de su origen espiritual.

Pasados muchos siglos, después del misterio del Gólgota, entre los años 900 y 1200 DC, nos vemos frente a la época de la construcción de las grandes catedrales. Primero las catedrales romanas, posteriormente las catedrales góticas. El alma humana evolucionó en el sentido de separación del mundo espiritual. A partir de aquí ella se relaciona separadamente con los dos mundos. La naturaleza es el acceso al mundo material, y la religión es el vínculo con el mundo espiritual. Surge la necesidad de construir la “Casa de Dios”- las catedrales, y es especialmente dentro de estos espacios que el pueblo evoca el mundo espiritual. ¿Cuáles eran las características arquitectónicas de esta época? La planta de la catedral es de geometría ortogonal, con la permanencia del pueblo, tiene paredes paralelas, siendo marcadas las proporciones en el sentido vertical. De las dimensiones de la altura, resulta la monumentalidad, propiciando la devoción al mundo espiritual. La catedral marca la separación definitiva entre espíritu y materia. Dentro de la catedral, la devoción, fuera de ella, el trabajo en la tierra, la materia. El pensar conquista la ciencia y se torna cada vez más intelectual.

El siguiente paso nos lleva a la actualidad. El pensar humano conquistó la lógica y con ella, el pensar racional, es materializado, con absoluto control prácticamente de las ciencias naturales, resultando en la separación, cada vez más evidente, de los contenidos relacionados con el mundo espiritual. La religión hoy, con un significado superficial, se tornó en un residuo de algo que tuvo su apogeo en la época de las construcciones de las catedrales. Se restringe, en la mayoría de las situaciones, a un medio que puede proporcionar salud, alegría y riqueza. Su devoción decayó, limitándose a la búsqueda de satisfacciones materiales.

Hoy, por ejemplo, una pregunta se vuelve cada vez más apremiante: ¿Cómo podemos conseguir acceso al contenido que está por detrás de la materia, de la forma, de la idea, de la vida, sin perder la conquista del pensar lógico y racional?
El vínculo con el mundo espiritual no está perdido.

En este punto es importante reconocer la gran conquista del alma humana en el devenir del tiempo: el fortalecimiento de la individualidad. Cuando en la Antigua Grecia, con el pensar mitológico, predominaba algo que podríamos llamar de conciencia presente del ente único. En la época de la construcción de las catedrales, esta conciencia individual, ya había sido conquistada, pero el acto religioso, en la devoción hacia el mundo espiritual, sucedía en la unión en oración, con el pueblo unido en la catedral.

Hoy estamos solos, somos individuos y cabe a cada uno la propia decisión de cómo relacionarse con el mundo espiritual. Es importante que una decisión individual deba ser tomada en libertad.
Esta fase, en el desarrollo del alma humana, nos lleva a la construcción del espacio en forma de trapecio, que tuvo su realización inédita con el proyecto de Rudolf Steiner para el 2° Goetheanum en Dornach. En la época de la Antigua Grecia, el alma humana precisó de un espacio que fortaleciese las tendencias abstractas y cristalizantes en el pensar. El templo griego despertó en el alma humana el pensar lógico. La catedral, por su parte, fue un marco que identificó la separación de: por una parte el mundo espiritual en la religión, por otra parte, el mundo material, en el pensar lógico y racional.
El trapecio establece el umbral para el pensar vivo, para la conciencia de la entidad individual, la conciencia del Yo. Aplicado como diseño de planta para un espacio, el trapecio puede ser considerado un marco en la consagración del auto-conocimiento, respetando la libertad de la individualidad en cuestión.

Esta es la función genuina de la Arquitectura Antroposófica: proporcionar, en el crecimiento del Alma Humana que se encuentra en el auge de la fase materialista, un nuevo despertar en el mundo espiritual.

Fuente: El Mundo de Antroposofía

Publicado en ETC. Magazine en Julio de 2011

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