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Bicicletas voladoras

Fecha de Publicación: 13 - 02 - 2006.


por Luis Gruss
(Argentino, 1953)

Cuando choquen los planetas y el mundo se termine, sólo quedará una
manera de escapar: la bicicleta. Sobre dos ruedas y pedaleando fuerte
se podrá llegar más lejos que las balas y las esquirlas nucleares. Más
allá de las plagas, los gritos de horror y las nevadas de ceniza. Y si
los planetas no chocan y el mundo no se acaba, quedará siempre,
también, una forma de fugarse en bicicleta. Como no hace ruido y sabe
esfumarse a tiempo, nadie lo va a notar. En silencio y suavemente, como
las hadas y los gatos, los hombres y mujeres libres se podrán alejar
del calor y la tristeza sin ensuciar el alma ni el ambiente. Y así va a
ser posible para todos llegar sin prisa y sin pausa a cualquier punto
de la tierra.

Como duendes burlones y obstinados los ciclistas van dejando atrás a
los autos empantanados, a los aviones que estallan como globos en el
aire, a los grandes y pesados camiones y a las naves espaciales. Los
poderosos les temen cada vez más. Los agentes de tránsito no saben cómo
hacer para contenerlos. Unos y otros aceptan resignados que si alguna
cosa está fuera del nuevo orden mundial, eso es la bicicleta.

Leonardo da Vinci la dibujó hace cinco siglos en un instante de
inspiración suprema. Desde entonces hasta hoy evolucionó tan
vertiginosamente que pronto va a convertirse en una metáfora de sí
misma. Ya no pesa casi nada, es veloz, es refinada, y un día va a
volar, como lo anticipó el poeta José Pedroni. Montados en esa máquina
secreta y sutil, los ciclistas se han convertido en los últimos
anarquistas de este siglo. Circulando a contramano, pasando la luz
roja, sobre la vereda, por caminos de tierra o sobre arenas lunares,
ellos niegan una y otra vez las leyes del sistema y superan todos los
esquemas conocidos en materia de libre albedrío.

Aun admitiendo que esa extraordinaria ubicuidad tiene sus riesgos,
ellos suponen, a la manera de las viejas vanguardias, que no existe
ninguna corriente avanzada en el mundo que pueda imponer sus postulados
sin sufrir bajas ni derrotas. Y que en cualquier caso hay que seguir
pedaleando sin pausa hasta la victoria final.

La tarea no es fácil. Los hombres se han aburguesado y se encapsulan en
autos, colectivos, subtes y ascensores. Lejos del viento, del sol y las
estrellas fueron ganados para una existencia oscura, burocrática y
carente de emoción. Los arrogantes defensores de la autopista global
lograron por ahora implantar el encierro y el transporte de mercado
como un modo de vida único y excluyente. Pero no será por mucho tiempo.
Las bicicletas volverán, volarán y serán millones.

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