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Breaks, praline, rags son el jazz?

Fecha de Publicación: 07 - 02 - 2006.

Hacia
1890, los negros, que desconocían la escritura musical se veían
obligados a suplir su ignorancia con los recursos de la memoria y la
invención. En tal forma, al recrear los temas oídos, inventaban los
pasajes que no recordaban precisamente, adaptándolos a su peculiar
concepción rítmica africana. La mayoría eran gentes que no sabían leer
ni escribir, pero se transmitían de padres a hijos los melancólicos
cantos que entonaban en los campos de algodón o en las orillas del
Mississipi.

Poco
a poco, de una manera insensible, se opera una adaptación de la música
a las circunstancias: los picapedreros tienen una melodía quejumbrosa,
con acompañamiento rítmico de los golpes del martillo; los vendedores
de agua lanzaban un lento gemido sacudido; los hombres de las vías
férreas tienen un repertorio en especial. Todo eso vive, bulle y se
desarrolla y tiende hacia una cristalización que no tardará en
reproducirse. Los negros que demostraban más condiciones eran elegidos
para tocar en las fiestas de los blancos. Así los negros entraban en
contacto con los instrumentos más populares. En esa época, hay una
verdadera lucha de clases entre los medios de expresión musical: los
instrumentos nobles como el piano, el violín, y el violonchelo se
reservaban para el uso de la gente rica. Los negros debían contentarse
con los que desechaban las bandas. La posesión de una vieja tuba o de
un clarinete era un acontecimiento importante en la vida de un negro;
constituirá para él una especie de liberación que va a permitirle, si
es inteligente, escapar de las tareas más pesadas.

En ciertos antros, solos frecuentados por bandidos y trabajadores del
puerto, se verá como los músicos negros sustituyen a los blancos, pues
resultan mucho más económicos. Así, termina por imponerse la ley de la
oferta y la demanda, y son requeridos en todos los lugares de bailes y
diversiones. Una música híbrida, sin nombre, sin carácter, pero dotada
de emocionantes características rítmicas, comienza a perpetuarse en los
bajos fondos; los burgueses se burlaran de esa moda grotesca que parece
condenada a extinguirse rápidamente.

Los primeros ejecutantes enriquecen su repertorios con aires franceses
y locales, conservados de memoria y reproducidos a su modo. Polcas y
mazurcas son nuevamente actualizadas por los negros que maltratan la
melodía europea, le imponen un estilo rudimentario pero con
temperamento artístico, con sacudidas, acentuaciones, contratiempos y
numerosos “Breacks”.
La expresión de tal música se destacará por un extraordinario don de
improvisación, por una sensibilidad exacerbada y por un sentido
intuitivo de la medida. De 1880 a 1900 florece el periodo del baile de
cuadrillas. Era una danza complicada, con figuras geométricas y
regulares. Así fue como, los mismos acordes que habían estremecido la
juventud de las damas de la crinolina, volvieron a sonar, igual que
años atrás, en los bailes de Louisiana. Esto permitió descubrir el
origen de una de las más celebres piezas del jazz.

Hacia 1914 era el mismo aire, en New Orleáns, cautivó de entrada en el
baile de los cuadroons y pasó luego a las reuniones de la gente de
color. Las primeras orquestas negras lo tocaron, triturando y
transformando bajo el nombre de “Praline”. Hizo furor en la edad de oro del “Ragtime”
y los primeros clarinetistas le improvisaron un coro que cambió muy
poco en mas de medio siglo y todavía hoy se mantiene en cierto modo en
las improvisaciones del principio: “Es el famoso Tigre Rag “. En el momento de su aparición, no había nacido aun la palabra jazz. La terminología local llamó a estos trozos “Rags” o “Shouwts“.
De tal manera, numerosas marchas francesas se transformaron,
adquiriendo un movimiento y una acentuación que modificaba
completamente el tema original. Pero por otra parte, sería injusto
olvidar que antes de alcanzar esa etapa del jazz completamente
evolucionado, la actividad artística negra pasó por una serie de modos
mas o menos transitorios, tales como las canciones de cuna o el “Coon-Songs”, los nostálgicos cantos de las plantaciones, los aires del “Cake-walk,
la queja a la vez triste y profunda que será la base de los blues, y en
fin, los corales ordenados, codificados y controlados por los pastores
protestantes bajo el nombre de “spirituals”.

Así llegamos a los primeros días del “ragtime”.
Ya no es la vieja música folklórica de New Orleáns, pero todavía no es
el jazz, es solo una extraña e indefinible melodía que provoca la burla
de los burgueses, es un grito de dolor y de trance que va a perpetuarse
en los misteriosos cafetines del quartier negro. Donde florece
el alcohol, el vicio, el juego, el escándalo, y la miseria, irá a
florecer también la música que todavía no ha sido bautizada.


Juan Carlos Corominas

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