DAL Comunicación

Carta de amor: Las mariposas

Fecha de Publicación: 29 - 02 - 2008.

  
Hola:

Te escribo para contarte algo maravilloso que me pasó esta mañana. Caminaba por una calle  del centro de Buenos Aires, distraída por mis pensamientos, hasta que sentí algo extraño. Moví mi cabeza con lentitud hacia un costado y la vi: estaba posada sobre mi hombro izquierdo, enorme e inmóvil y de un naranja carmesí. De inmediato mi corazón se deshizo en lágrimas que cayeron silenciosamente por mi cara. Mariposa querida, mariposa de mi alma. 

¡Si supieras la alegría que me causa cuando descubro a una mariposa sentada y elegante sobre alguna flor o cuando vuelan como sin rumbo o jugando a las escondidas entre las hojas de un  árbol! Ellas aparecieron en mi vida apenas te fuiste. ¿Fue casualidad? No, porque no creo en las casualidades. Cada vez que te pensaba, cada vez que te hablaba en silencio aparecía una de ellas desde los lugares más remotos. Así, refugiada en las mariposas que misteriosamente me acercaban a vos, me fui habituando a tu ausencia. 

¡Si supieras cuánto te extraño! Sólo con la ayuda del tiempo pude aceptar tu partida y aprendí a volver a empezar. Las mariposas me ayudaron a recuperar la fe que había perdido y las ganas de mirar hacia el sol. Pero también sucedió algo que cambió mi vida y me llenó nuevamente de felicidad. ¡Me enamoré! Llegó ese hombre especial que tanto esperaba. ¿Te acordás cuando te decía, convencida, que él estaba en algún lugar y recién cuando llegara el momento preciso lo conocería? ¿Quién lo iba a imaginar? El llegó a mi vida cuando vos partiste. ¿Ves que nada es casual? 

Hoy es mi cumpleaños y estoy pensando en vos. Recuerdo tu rostro, tu pelo, tus ojos color cielo y hasta casi escucho tu voz. Me gustaría poder abrazarte fuerte, tan fuerte como solíamos hacerlo. Nunca te lo dije pero entre tus brazos me sentía segura, tranquila, a salvo. A veces pienso que el tiempo que compartimos fue breve pero en verdad fue tan intenso que agradezco haberlo vivido. 
Son las cinco y media de una tarde soleada. Estoy sentada en mi escritorio desde donde contemplo el patio de casa. Tengo margaritas, lavandas y geranios, y un pequeño arbolito de hojas en forma de estrellas. Dicen que sus hojas se vuelven rojizas en abril, estoy esperando ansiosa la llegada del otoño para ver ese cambio. 

¿Adiviná? En este preciso momento, mientras te escribo, mamá, observo el parpadeo lento de una mariposa con alas grandes que está posada en una de mis lavandas. Respiro tu perfume y una brisa acaricia mi alma. 

Gracias, mamá, por seguir conmigo. 

Verónica  Hasanbegovic

Destacados

Nuestro Hacer

Diana Alvarez

DaL Comunicacion

Migrante de Los tiempos

Municipalidad de San Isidro

Municipalidad de Vicente Lopez

Etc. Magazine Diana Alvarez (Todos los derechos reservados)
Términos y condiciones - Publicidad
Sitio producido por DAL COMUNICACION Rediseno exclusivo de Cubbo