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China, Uruguaya y Argentina

Fecha de Publicación: 07 - 02 - 2006.



Concepción Zorrilla de San Martín -China para todo el mundo-, es una
mujer de agenda completa que divide sus días entre grabaciones,
ensayos, reportajes, eventos impostergables y entregas de premios. Tal
es así que dice soñar con un día libre de compromisos en el que no
sonara el bendito teléfono y durante el cual pudiera descansar en su
departamento de la calle Uruguay, en pleno centro de Buenos Aires.
¿Será mucho pedir para esta señora de 82 años? Dice conformarse sólo
con eso, porque la vida ya le dio todo.

En el 2004, dividió sus días entre la filmación de Conversaciones con mamá, película que protagonizó y se estrenó en abril, las grabaciones de la tira diaria Los Roldán, el éxito televisivo del año, y las giras teatrales de Camino a la Meca,
la obra en la que comparte tablas con Thelma Biral y Juan Carlos Dual.
“Me encantó hacer la película, aunque aquí no gustó y pasó como
desapercibida, quizás porque tuvo poca suerte en el estreno, al que
casualmente no pude ir porque estaba de gira teatral por el interior.
Resultó que en ese momento, se estrenaban tres películas argentinas al
mismo tiempo: La puta y la ballena, con perdón de la palabra porque yo no le puse el nombre -se ríe- que es de Luis Puenzo; Roma, de Adolfo Aristarain que es un fenómeno, igual que todo lo que hace; y justamente, Conversaciones con mamá.
De todas maneras me dio muchas satisfacciones. Afuera, los españoles la
adoran, la vieron los rusos y les encantó, fue al Festival de Moscú, y
ganó un premio”.
En lo que va de este año desarrolló su actividad
en Mar del Plata y en marzo filmará una película en Madrid, una
historia de amor muy particular. Por pertenecer a una familia de
artistas, empezó a sentirse actriz desde la cuna. “Comencé en Uruguay,
con el teatro independiente.
En el `46, me fui a estudiar dos años a Londres. ¡Cómo amé esa ciudad!
Era el Londres luego de la guerra, bombardeado, sin reconstruir
todavía. Mientras estaba allí, en Montevideo se formó un elenco
oficial. A mi vuelta, hice otra obra con el teatro independiente, me
vieron los del oficial, y me contrataron. Ahí permanecí 10 maravillosos
años haciendo teatro de todos los autores clásicos, con gran despliegue
de escenografía y vestuario. ¡Era fantástico! Y luego, un día de 1971,
me vine a hacer una película. Me acuerdo que llegué a Buenos Aires con
una valija de mano. Le pedí a unos amigos si me podía quedar en su
casa, y me dijeron que sí. Después, cuando estaba terminando ésa, salió
otra película, y después otra… y aquí estoy”, rememora la actriz que
filmó más de 30 filmes a lo largo de su carrera, entre ellos: Pubis Angelical (1982) y Esperando la Carroza (1985).

Además del trabajo, para China, sus amigos son una parte importante de
su vida, aunque confiesa: “He sido un ser muy desprendido. Tengo muchos
amigos, y a la vez, a veces, siento que no tengo ninguno. En Buenos
Aires, soy muy amiga, te diría, de Jacobo Lagsner, el autor de Esperando la carroza,
que me escribió aquel papel al que le debo tanto porque me catapultó.
Se me recuerda en cine por dos papeles de dos obras, casualmente
escritas por Jacobo: Esperando la carroza y Darse cuenta. Y en teatro, hice una obra titulada Una margarita llamada Mercedes, que después fue al cine como Besos en la frente,
que protagonicé con Leonardo Sbaraglia, y que también escribió Jacobo”,
dice pasando revista a su carrera artística durante la cual se dio el
lujo de hacer de todo.

Recientemente, fue declarada ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos
Aires. Y aunque Zorrilla está más que acostumbrada a recibir
galardones, todavía parecen sorprenderle los premios y
reconocimientos.”Aquellas estatuillas que tengo sobre la mesa -y las
señala- aparecieron de golpe. Fue como si un día alguien hubiera dicho:
“Che, esta mujer… capaz que se nos muere y no le hemos dado ningún
premio importante”, y de repente, me dieron todos los premios cuenta
entre risas, quien al hablar de la muerte, recuerda lo que su madre,
momentos antes de morir, le dijo: Ahora que es inminente mi paso al
otro mundo, el miedo le ha dejado lugar a la curiosidad.

Hoy, cuando habla de sus últimos días, dice: “Quisiera irme a vivir de
vuelta a Montevideo. Tengo un teatrito que se llama Teatro China
Zorrilla. Me gustaría hacer temporada allí. Es que extraño a mi familia.
A la vez, Buenos Aires me puede, en esta casa tengo 80 llamadas
telefónicas diarias, una cosa espantosa, y compromisos que me tienen de
aquí para allá todo el día, ¡son 33 años viviendo en la calle Uruguay!
Me tira mi tierra, y a la vez me tira esto”, concluye “la China”
rioplatense de sangre uruguaya, corazón en la Argentina y arte para
todo el mundo.

Laura Zavoyovski

Este artículo también lo puede encontrar en el Nº15
de ETC Magazine Periódico

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