Tango Todo

Cristina Siri

Fecha de Publicación: 02 - 03 - 2006.

Poeta – Cuentista – Artista Plástica
(Argentina – Contemporánea)

Fue asistente de dirección de la mítica revista Clepsidra, La Nación,
La Gaceta Literaria de Santa Fé, Generación 2000, Algo que Leer y Uno Mismo,
entre otras publicaciones la tienen como colaboradora habitual.

Coordinadora de talleres literarios, encuentros y recitales de poesía.
Escribió y dirigió espectáculos de música y poesía. Dio conferencias en
el Centro Cultural Recoleta.
Fue conductora de programas culturales en Radio Nacional, Municipal y Mitre.

Tiene 6 libros inéditos y los siguientes libros publicados:
Del Bastardo deber ser (Obra conjunta), Ed. Crisol, 1973.
Grupo Encuentro. Carpeta de poesía y pintura (Obra conjunta), 1979
Intranauta – Poemas, Ed. Calle Arbolada, 1986
Lo inevitable – Poemas, Ed. Filofalsía, 1987
A Bao A Qu – Poemas Breves, Ed. Filofalsía 1988
De diálogos y fracturas – Ed. Filofalsía, 1989
(Sic..) – Poemas, libro artesanal, 1993
De la Palabra Libertad – Poemas, Ed. del Rey Tuerto, 1999
Sex Spirituals – Cuentos y Prosa Poética, Ed.iciones Aql, 2001

Agradecemos a la autora por participar en este Número Aniversario,
para el que nos remitió su material.

LA HISTORIA DEL REY, LA MAGA Y LA LLOVIZNA

El rey, volatilizó los despojos de los últimos súbditos, con la
parsimonia que le daba la ignorancia sentada sobre el brillo de la corona.
La reina sonreía, en un desvío de la boca hacia la crueldad.

-Silencio; nadie se atreva a declarar impía la conducta real.

Obsequios apilados por manos temblorosas, a los pies de los señores,
formaban la muralla. Un clamor atónito y muchas esperanzas vestían
diferentes uniformes; alguna singularidad era solaz, del ser distraído
entre invisibles barrotes.

Ella, la maga, miraba hacia dentro de su dolor, buscando el paliativo para
tanta muerte.

El rey intentaba no mirarla durante el canto de la alondra, temiendo perder
el fulgor de su corona.

Sentía deudas y promesas en cada paso guiado por aquellos ojos de brasa que
no sabían mentir; (una telaraña acuática y creciente le cerraba la
inocencia por la que accedió hasta el trono… alguna vez).

– Hechicera ojos de brasa… alguna vez… ¿habría que mentir?-

El rey sabía que un vórtice se dilataría en desmesura si no encontraba el
túnel vertical de aquella gente, que muy a pesar de él, esperaba verlo
salir, caminar entre ellos e intentar la osadía de mirarlos a los ojos.

La corte confundió hasta el agotamiento sus reservas de lealtad. ¿Por qué
el rey les daba con una mano y con la otra los guillotinaba?

Un aquelarre de indecisión manchó cada suspiro de tiempo entre ellos.
(Alguna vez… habría que mentir?)

En un ir y venir de preguntas y temores los fieles marchitaron hasta la última
brizna de espontaneidad.

El monarca se fue retirando hacia una torre invertida en las entrañas del
volcán imperial.

La reina no lo siguió, aunque seguiría sonriendo mientras no se le
demandara un heredero.

La hechicera había dejado de buscar el oro para su rey. La tristeza era
profunda como un lago tramposo en el que sólo puede ahogarse el corazón;
(un eco sollozó… alguna vez: mentir).

Ella invocó, en su latido de la medianoche, una lluvia protectora que la
desplazaría hacia algún punto de la verdad.

El momento de la decisión había llegado.

El leopardo rugió ante el aviso del viento incandescente que siempre lo
requería, cuando ella, la que lo amamantó con sus defensas, pensaba en
lloviznar.

El amanecer y el enemigo empujaban a la gente a no querer despertar.

Las llamas de la hoguera viraron hacia el violeta… y ella vio, en la forma
ígnea, una lágrima del rey…( siempre lo supo, siempre lo sabría, su
corazón, todo un sollozo retumbando hasta el túnel). Un perfecto espejo de
la verdad susurró la palabra amor.

El leopardo lamía los pies de la hechicera con el restallar de la ira en la
mirada esperando saltar. El poder se hizo presente con un rubí engarzado en
la punta del deseo.

Ella besó al leopardo entre los ojos, metió los pies entre la llama
violeta y fue: lágrima de rey leopardo rojo transparente ojos de brasa
amor: oro, al fin… lloviznando sobre la gente del pueblo.


INTRANAUTA

sin compasión de ligamentos.
Buceando
espacios
entre espacios
desapercibidos.
Círculos concéntricos
desdibujan
alguna unión mal ligada.

Y allí voy
sin compasión
al centro
para enceguecerme
de obviedades
que no se sienten
sino después de haber muerto
para seguir viviendo.

Cristina Siri
http://cristinasiri.iespana.es/cristinasiri/
cristinasiri@inerlap.com.ar

Proximamente seguiremos compartiendo la obra de Cristina Siri

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