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Cuando calienta el sol…

Fecha de Publicación: 10 - 02 - 2006.


Aquí
en la playa, el viento empieza a soplar, los sándwiches se llenan de
arena y uno se empieza a deshidratar… En este preciso instante de
caos y desconcierto, en el que la naturaleza se vuelve contra nosotros,
es cuando aparecen ellos. ¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No! Son los
súper vendedores ambulantes. Una legión de seres que, en ese ámbito de
cuerpos al aire y almas desarropadas, parecen beduinos con su carga al
hombro por las ardientes arenas del desierto. Mercaderes de la
necesidad ajena, los hay para cada gusto. El heladero, “palito, bombón,
helado”, más que vendedor parece el flautista de Hamelin, con una horda
de niñitos revoloteándole alrededor, delicia para padres que, en
cuestión de unas pocas horas en la playa, habrán visto agotado la mitad
de su presupuesto para esas vacaciones. Consejo: cómprele unas orejeras
a su hijo o suba el volumen del walkman para que no escuche el canto
hipnotizante del señor en cuestión. Porque, se sabe, cuando quiere uno,
quieren todos.

A
la hora de la deshidratación llegará el espectro del Señor de las
gaseosas, versión moderna del aguatero colonial, con latitas de todos
los colores, agua de las marcas mas irreconocidas y precios de la bolsa
de Nueva York. ¿Sed o no Sed?, reza una publicidad actual. El panchero,
masoquista o sacrificado, encima de que hace calor el hombre carga con
un tubo de agua caliente sobre el lomo. Embutidos de dudosa procedencia
que flotan en un mar grasoso ¿Será esto lo que les da ese gustito tan
especial? El vendedor de facturas, de churros, de tortas fritas y de
todo tipo de invento panadero, a la hora en que el sol comienza a caer
y el mate empieza a acompañar, nos invita a seguir pastando frente a la
orilla. Y, por qué no, recordar a algunos más legendarios, que todavía
le piantan un lagrimón a los nostálgicos, como el barquillero, sí, ese
de los waffles tibios que, hoy por hoy, sólo se deja ver muy de vez en
cuando. Descontando que, según la playa que le toque en suerte (en
suerte de bolsillo), el escenario irá variando los personajes y las
propuestas, cada uno con su vestuario particular y su parlamento bien
aprendido, actores de raza, todos con la misma formación y un único
objetivo: ¡¡¡¡Al ataque de las billeteras!!!!

Pamela Bentel

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