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Cuidar al que cuida

Fecha de Publicación: 07 - 02 - 2006.



Desde el nacimiento el ser humano es un ser de lenguaje, es decir, que
está abierto al sentido de la palabra emitida por sus padres, palabra
que se le dirige con afecto, intención y verdad a su persona, y es así
como el niño encuentra una sensación de seguridad, pacificación, un
manto protector que lo cubre y lo baña de afectos. Por otro lado, es un
ser de deseos, con necesidades de seguridad, amor, de alegrías y de
palabras en igual o mayor medida que de cuidados materiales, alimentos
o higiene física.

Hace 50 años, en uno de los primeros y mejores informes de la OMS
(Organización Mundial de la Salud), el psiquiatra Jhon Bowlby lamentaba
la “falta de convicción de los gobiernos, los organismos sociales y el
público respecto a la idea de que el amor materno en la infancia y la
adolescencia es tan importante para la salud mental como las vitaminas
y proteínas para la salud física” (Bowlby J, Maternal care and mental
health, OMS)

Creemos que esta comunicación se olvida con frecuencia cuando se trata
de la crianza de los niños y esto no se debe a que los padres no amen a
sus hijos; posiblemente ocurra que puedan verse limitados en la
disponibilidad y comprensión dadas las dificultades cotidianas que
muchas veces agobian a los padres de familia. Cuando esto sucede pueden
darse interferencias en el desarrollo y despliegue normal del
funcionamiento familiar. Son numerosos los factores de riesgo que
pueden amenazar el equilibrio sano de una familia, pero también son
muchos los recursos internos y externos con los que generalmente
cuentan las personas para contrarrestar tales riesgos.

Hay numerosos estudios empíricos que permiten identificar una serie de
factores cuya presencia en la vida de un niño constituye un riesgo
potencial para su salud mental. (Erikson y col. , 1985; Greenberg y
col. , 1993; Rutter y col. , 1995; Laucht, 2000) “Se consideran
factores de riesgo para la salud mental aquellas características del
individuo, su familia, su entorno, u otras circunstancias que aumentan
el riesgo del desarrollo de psicopatología respecto de otros individuos
que no están expuestos a dichos factores” (Haggerty y col. , 1994)

Aquellos padres que mantienen una actitud de permanente observación
sobre lo que ocurre en la familia y en su contexto tienen mejores
posibilidades de no ser sorprendidos por unas consecuencias negativas
sobre la salud ya que pueden detectar a tiempo y acomodarse a las
situaciones que se presentan, es decir, tienen más chances de poner en
funcionamiento los recursos necesarios para contrarrestar o disminuir
el daño potencial. Incluso cada ciclo de la vida supone un conflicto,
siendo este un problema psicosocial y al mismo tiempo un momento
creativo. La familia necesita ser contenida, evitando que las
responsabilidades la presionen en exceso y siendo necesario brindar
válvulas de desahogo cuando sea necesario.

Quizás estemos hablando de promoción y prevención de salud cuando
decimos que debemos ocuparnos de los padres de familia, sabemos que el
apoyo, la contención y la escucha hacia ellos, mejora indefectiblemente
el apoyo, la contención y escucha hacia los niños. Ayudar a las
familias a desarrollar la suficiente flexibilidad y autonomía para
atravesar las vicisitudes de la vida se vuelve un objetivo primordial.
Esta será a lo mejor una manera de comenzar a encontrar respuestas a
esas tantas preguntas referentes a la crianza de nuestros niños.

Natalia Atanasio y Andrea Schemmari
Licenciadas en Psicología

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