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De Ángeles del hogar a ciudadanas

Fecha de Publicación: 13 - 02 - 2006.


Por Mary Nash

Mary Nash es ensayista, contemporánea, nacida en Irlanda.
Está especializada en la historia de las mujeres y es catedrática de
Historia Contemporánea en diversas universidades de Europa.

El siglo XX ha sido definido como el siglo de las mujeres, en tanto
expresión de los avances conquistados en sus derechos y la progresiva
equiparación con los hombres.

Una mirada histórica pone de relieve las grandes conquistas sociales,
legales y políticas de las mujeres a lo largo del siglo. A principios
de esa centuria, ellas carecían de derechos políticos. A pesar de la
envergadura del movimiento sufragista, persistió una pertinaz
resistencia frente a la concesión del voto femenino.

De forma paradójica, la creciente democratización y modernización de la
sociedad occidental no conllevó un cuestionamiento del monopolio
masculino del ejercicio de la ciudadanía. Predominó un discurso de
género que estableció un arquetipo femenino de ángel del hogar y de
perfecta casada que marcaba el espacio doméstico como único ámbito de
actuación femenina, vetando su presencia en la vida publica.

La Primera Guerra mundial marcó un significativo momento de ruptura, al
quedar desfasados los argumentos en torno a la falta de capacidad de
las mujeres con la clara demostración de su papel clave en la
resistencia bélica. La posguerra inauguró una primera etapa de
ciudadanía femenina en muchos países europeos con la concesión del
sufragio. Sin embargo, no se generalizaron los derechos políticos a
escala mundial hasta después de la Segunda Guerra.

Si el acceso al sufragio fue un avance decisivo en la situación de las
mujeres, la igualdad de derechos políticos no ha significado en la
mayoría de los países del mundo la equiparación de género en el
ejercicio de la ciudadanía.

A partir de los años 20, el nuevo modelo de mujer moderna significó
mayores cuotas de libertad de actuación y un acceso gradual al mundo
público. Fue entonces cuando las representantes de las clases medias
accedieron a nuevos oficios como oficinistas o telefonistas.
La incorporación a los distintos niveles educativos fue una conquista
lenta, ya que no generalizó su presencia en la educación superior hasta
la década de los 70. En Occidente, a finales del siglo XX, las mujeres
se integraron de lleno en el mundo educativo, político y profesional,
ocuparon los espacios públicos y rompieron de este modo el patrón de
género de su delimitación al mundo doméstico.

A partir de finales de los años 60 surgió un nuevo feminismo que
construyó sus señas de identidad a partir de la denuncia de la opresión
doméstica y de la situación de subordinación de las mujeres. La lucha
por los derechos reproductivos y la igualdad de oportunidades se
convirtió entonces en la agenda política de las mujeres. Se crearon los
primeros centros de planificación familiar y aparecieron las primeras
casas de refugio para mujeres maltratadas.

Estas iniciativas fueron luego asumidas por entidades oficiales. En
1975, el Año Internacional de la Mujer -promovido por la Organización
de las Naciones Unidas- impulsó el reconocimiento del principio de la
igualdad de derechos para las mujeres. En 1995, la Cuarta Conferencia
Mundial celebrada en Pekín introdujo un cambio significativo al
plantear que los gobiernos asumiesen la igualdad femenina como política
de Estado. La proclamación de los derechos de las mujeres como derechos
humanos aprobada entonces representó un gran paso respecto del
reconocimiento mundial.

A pesar de estos logros, los datos del Informe sobre el Desarrollo
Humano del 2002 dejan claro que las mujeres aún quedan lejos de la
igualdad con la existencia de situaciones flagrantes de disparidad en
muchas zonas del mundo. En todo el planeta solamente el 14 por ciento
de los parlamentarios son mujeres, mientras que de los 854 millones de
adultos analfabetos, 544 millones son mujeres y el 60 por ciento de los
jóvenes que no van a la escuela primaria son niñas. Pese a los avances
en los derechos de las mujeres y la generalización de las apariencias
de igualdad, los datos denotan la continua existencia de múltiples
prácticas discriminatorias hacia ellas. Su eliminación es un reto
imprescindible de la agenda política de la sociedad de nuestro siglo
XXI que tiene que plantear medidas eficaces para un desarrollo
definitivo de la igualdad de género.

Fuente: El Arca

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