La Mamá
Al recibirlo, lo acunó entre sus brazos con el asombro más puro y su amor de madre recién estrenado. Sus pensamientos se agolparon apresuradamente al ritmo del corazón. El tantas veces pensado... ¡estaba allí!.
Ella desconocía el futuro, las angustias, las luchas, las alegrías, todo lo que a partir de aquel momento sería senda develada en el misterio de la vida. Solo supo que una serena fuerza la impulsaba ante cada desafío y que el amor de su hombre se completaba en la misión de padre.
Aquel pequeño trajo de su mano, luego, a un nuevo hijo. Se doblaron las ilusiones, se aceleraron los tiempos de aprender la maternidad. Cada uno le pidió y le dio lo suyo. Cada uno fue un mundo para abarcar dentro del propio. Debió mirar, escuchar, repartirse. Se ejercitó en conocer que los gestos son tan importantes como las palabras. Buscó crecer para darse de mejor manera.
Gracias a sus hijos, comprendió la cercanía de Dios. Y por ellos se completó mujer. Así, plena, nada la hizo sentir distinta, y vivenció apenas como un detalle, una circunstancia del destino el no haberlos cobijado en su vientre, el no haber experimentado la maternidad biológica. Un lazo invisible, suave y potente la unió con esos seres que le mostraron la libertad del amor.
A veces , otros, la mencionan como “mamá del corazón”. Ella sonríe y piensa que todas lo son ¿acaso el amor de madre se puede condicionar?. Ya dejó de explicar, le basta con saber que es: Mamá.