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El amor en la adolescencia

Fecha de Publicación: 07 - 02 - 2006.

El
amor

desde
el psicoanálisis


Hola a todos!

En la edición anterior, la número 36, les prometí seguir escribiendo
sobre el tema del amor. Aquí va el texto para la edición número 37.
Les recuerdo que pueden hacer preguntas, comentarios, relatar
experiencias, en el caso que algún fragmento del texto les despierte
inquietudes.

El amor se monta sobre una carencia. Es así que ilusionamos ver en el
otro lo que nos falta a nosotros mismos, a “la media naranja”.

Freud decía que, de acuerdo a los aspectos personales que se ponen en juego en la relación amorosa, se ama:

  1. conforme a lo que uno es,
  2. conforme a lo que uno fue,
  3. conforme a lo que uno quisiera ser.

En
referencia a la trama edípica, o sea la primera elección amorosa
infantil, se ama a la mujer nutriz o bien al hombre protector.

La energía amorosa la aporta la libido que abre la estela por donde
pasará el amor. El objeto a amar puede ser cualquiera, en tanto y en
cuanto despierte ese interés de vincularse con él. Hay amores con fines
sexuales y amores con fines no sexuales.

El amor en la adolescencia

¿Qué se puede decir en pocas palabras del amor en la adolescencia?
A partir de la pubertad se producen importantes cambios en el cuerpo.
Maduran los órganos sexuales y comienzan a desarrollarse los caracteres
sexuales secundarios, que forman parte del atractivo físico de cada
uno. Aparece la preocupación por lucir una apariencia determinada y por
no desentonar con el grupo de pares.

Las salidas en grupo se definen bajo las siguientes condiciones:
a) si el lugar a concurrir tiene un atractivo en común y
b) si van determinadas personas que conforman ese grupo.
Los adolescentes, entre 14 y 18 años, en la actualidad conservan muchas
características de la pandilla de la escuela primaria. Van a bailar en
grupos, no en pareja. Tampoco se los presiona a una edad determinada
para que comiencen un noviazgo. Las parejas de novios durante el
secundario no son comunes.

De acuerdo con una Investigación del Conicet dirigida por Martina
Casullo puede decirse que a pesar de que una gran cantidad de jóvenes
provienen de hogares con padres divorciados (familias monoparentales),
y con hermanos con quienes no conviven, igualmente tienen deseos de
formar una pareja y una familia.

“Estar enamorado”, para un adolescente es querer estar todo el día con
el otro. Hay un gran apego de la pareja y por lo general eligen algún
lugar específico, donde transcurren la mayor parte de las horas que
comparten. Es así que se instalan en la casa de uno de ellos y la
presencia de la pareja forma parte de la rutina familiar. Muchas veces
no hay prohibición para tener relaciones sexuales, siendo éste, uno de
los factores que posterga la creación de un hogar distinto al de los
padres.

¿Cuál es el rasgo distintivo que tiene el amor adolescente, el primer amor, el amor inolvidable?

Ese rasgo es lo que se puede metaforizar con el flechazo del ángel
Cupido, ángel travieso, niño eterno que juega con sus flechas para
enamorar a la gente. Es el instante en que creemos firmemente encontrar
en el otro lo que nos falta, teniendo la certeza de estar frente a lo
que se buscaba. El adolescente, mejor dicho: el que se enamora por
primera vez se encuentra tan encandilado por la imagen del otro que se
produce una hipervaloración de la persona amada. Es así que las parejas
de novios quieren estar juntas el mayor tiempo posible y si no lo están
buscan aquel objeto que les recuerde su presencia, una foto, escribir
su nombre en todos lados, etc.

También se producen amores platónicos que son los amores no
correspondidos. Pueden ser un fenómeno de masa cuando se trata de
varios adolescentes que comparten su admiración por algún artista,
creando los “fans club”. En esta categoría se encuentra ese amor
secreto, imposible, basado en la mirada hacia aquella persona que
conforma un ideal imaginario.

El desafío principal del pasaje de la adolescencia hacia la vida adulta
es constituir la vida propia en forma diferenciada de la de los padres.
Por ello durante la adolescencia se produce la rebeldía juvenil que no
es más que una reacción en la que se manifiesta rechazo por ciertas
actitudes de los mayores que son interpretadas como impedimentos para
desplegar la propia vida.

Una de las preguntas cruciales de esta etapa se refiere a su posición
sexual. ¿Seré lo suficientemente linda para ser amada?, se preguntan
las chicas. ¿Podré satisfacer a una mujer?, se preguntan los varones.
Las respuestas a estas preguntas están plagadas de malentendidos.
El amor se constituye como sentimiento estable en tanto y en cuanto una
pareja está en condiciones de elaborar su propios desencuentros.
Desprenderse de las figuras parentales infantiles, idealizadas y
omnipotentes, pone al adolescente frente a una pérdida. Como dijimos al
principio, el amor se monta sobre una carencia en tanto se ilusione
reencontrar, en la persona amada, el cuidado de características
protectoras vivenciado durante la infancia. Pero para sostener este
amor en el tiempo, es necesario soportar el malentendido que esta
ilusión provoca y permitir los cambios en la manera de relacionarse
mientras se transitan las sucesivas etapas de la vida.

Adriana Strauss
Psicóloga

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