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El diario de un perro

Fecha de Publicación: 11 - 01 - 2006.


(Enviado por la Sociedad Protectora de Animales)

Semana 1:

Hoy cumpl? una semana de nacido, ¿Qué alegría haber llegado a este mundo!

Mes 01:

Mi mamí me cuida muy bien. Es una mamí ejemplar.

Mes 02:

Hoy me separaron de mi mamí. Ella estaba muy inquieta, y con sus ojos
me dijo adi?s. Esperando que mi nueva “familia humana” me cuidara tan
bien como ella lo había hecho.

Mes 04:

He crecido rápido; todo me llama la atención. Hay varios niños en la
casa que para mí son como “hermanitos”. Somos muy inquietos, ellos me
jalan la cola y yo les muerdo jugando.

Mes 05:

Hoy me rega?aron. Mi ama se molestá porque me hice “pip?” adentro de la
casa; pero nunca me habían dicho dónde debo hacerlo. Además duermo en
la rec?mara… ?y ya no me aguantaba!

Mes 06:

Soy un perro feliz. Tengo el calor de un hogar; me siento tan seguro,
tan protegido. Creo que mi familia humana me quiere y me consiente
mucho. Cuando están comiendo me convidan. El patio es para mi solito y
me doy vuelo escarbando como mis antepasados los lobos, cuando esconden
la comida. Nunca me educan. Ha de estar bien todo lo que hago.

Mes 12:

Hoy cumpl? un año. Soy un perro adulto. Mis amos dicen que crec? más de
lo que ellos pensaban. Que orgullosos se deben de sentir de mí.

Mes 13:

Qué mal me sentí hoy. “Mi hermanito” me quit? la pelota. Yo nunca
agarro sus juguetes. Así que se la quit?. Pero mis mand?bulas se han
hecho muy fuertes, así que lo lastimí sin querer. Despu?s del susto, me
encadenaron casi sin poderme mover al rayo del sol. Dicen que van a
tenerme en observación y que soy ingrato. No entiendo nada de lo que
pasa.

Mes 15:

Ya nada es igual… vivo en la azotea. Me siento muy solo, mi familia
ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed. Cuando
llueve no tengo techo que me cobije.

Mes 16:

Hoy me bajaron de la azotea. De seguro mi familia me perdon? y me puse
tan contento que daba saltos de gusto. Mi rabo parecía reguilete.
Encima de eso, me van a llevar con ellos de paseo. Nos enfilamos hacia
la carretera y de repente se pararon. Abrieron la puerta y yo me baj?
feliz creyendo que har?amos nuestro “día de campo”. No comprendo por
qu? cerraron la puerta y se fueron. “?Oigan, esperen!” Se… se olvidan
de mí. Corr? detr?s del coche con todas mis fuerzas. Mi angustia crec?a
al darme cuenta, que casi me desvanec?a y ellos no se deten?an: me
habían olvidado.

Mes 17:

He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. Me siento y
estoy perdido. En mi sendero hay gente de buen corazón que me ve con
tristeza y me da algo de comer. Yo les agradezco con mi mirada y desde
el fondo con mi alma. Yo quisiera que me adoptaran y seria leal como
ninguno. Pero solo dicen “pobre perrito”, se ha de haber perdido.

Mes 18:

El otro día pasí por una escuela y vi a muchos niños y j?venes como mis
“hermanitos”. Me acerqu?, y un grupo de ellos, ri?ndose, me lanz? una
lluvia de piedras “a ver quien tenia mejor punter?a”. Una de esas
piedras me lastimí el ojo y desde entonces ya no veo con ?l.

Mes 19:

Parece mentira, cuando estaba más bonito se compadecían más de mí. Ya
estoy muy flaco; mi aspecto ha cambiado. Perd? mi ojo y la gente más
bien me saca a escobazos cuando pretendo echarme en una pequeña sombra.

Mes 20:

Casi no puedo moverme. Hoy al tratar de cruzar la calle por donde pasan
los coches, no me arroll?. Según yo estaba en un lugar seguro llamado
“cuneta”, pero nunca olvidar? la mirada de satisfacción del conductor,
que hasta se lade? con tal de centrarme. Ojalá me hubiera matado, pero
solo me disloc? la cadera. El dolor es terrible, mis patas traseras no
me responden y con dificultades me arrastr? hacia un poco de hierba a
ladera del camino.

Mes 21:

Tengo10 días bajo el sol, la lluvia, el frío, sin comer. Ya no me puedo
mover. El dolor es insoportable. Me siento muy mal; quedó en un lugar
h?medo y parece que hasta mi pelo se está cayendo. Alguna gente pasa y
ni me ve; otras dicen: “No te acerques” Ya casi estoy inconsciente;
pero alguna fuerza extra?a me hizo abrir los ojos. La dulzura de su voz
me hizo reaccionar. “Pobre perrito, mira como te han dejado”, decía…
junto a ella ven?a un se?or de bata blanca, empez? a tocarme y dijo:
“Lo siento se?ora, pero este perro ya no tiene remedio, es mejor que
deje de sufrir.” A la gentil dama se le salieron las l?grimas y
asinti?. Como pude, mov? el rabo y la miró agradecióndole me ayudara a
descansar. Solo sentí el piquete de la inyección y me dormí para
siempre.

La solución no es echar un perro a la calle, sino educarlo.
No conviertas en problema una grata compa??a.
Ayuda a abrir conciencia y así poder acabar
con el problema de los perros callejeros.

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