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El jugar y los juguetes

Fecha de Publicación: 31 - 01 - 2014.

El sencillo y a su vez tan complejo acto de jugar es "una forma de medicamento para el alma". Juega el niño, juega de alguna forma el anciano, ¿porqué el adulto no merece recuperar la capacidad de jugar también?

Observando la evolución del ser humano, vemos como un niño pronto de nacer ya intenta reconocer el mundo a través de un constante y cada vez más complejo juego-ejercicio. Ya niño, ese mundo se amplía con tanta intensidad que se transforma en un campo de juego permanente donde aprehende y aprende todo a su paso, desarrollando una manifiesta y maravillosa capacidad creadora que alimenta su mundo interior movimientos, emociones, y pensamientos. Al llegar la adolescencia y luego en la juventud el juego espontáneo se transforma en competencia o prueba de habilidades, que generalmente no se conectan tanto al placer sino más bien al rendimiento en el plano social en que nos movemos, es decir que comenzamos un camino hacia la competencia del más apto, la supervivencia, encontrarme entre los otros, estudiar, capacitarme y por fin sentarme en el cómodo sillón de adulto donde siempre es preferible "estar parado que descansando".

Pero, si nos detenemos en la vida de nuestros abuelos veremos que en tanto su salud se los permita, (muchos no todos) suelen participar de actividades recreativas, culturales y hasta lúdicas en pequeños grupos o con su familia. Es decir, recuperan cierta habilidad para el disfrute que durante mucho tiempo se había dejado de lado. Se torna evidente entonces que nuestra tendencia es alejarnos de la alegría y acercarnos a la "seriedad del deber ser". Esto es imposición latente en todos nosotros como imperativo de un supuesto grado de madurez.
Desvalorizamos el acto tan sagrado de "jugar" cuando al ver un niño hacerlo, solo creemos que lo hace por el solo hecho de ser niño. Sabemos sin embargo que es bueno para él, pero no asociamos lo que sería el juego, la sana actividad lúdica, para nosotros.
Vivimos oscilando entre polaridades cada vez más definidas. Bueno-malo; lindo-feo; eficaz-incompetente; quiero-no quiero; etc., entre innumerables extremos que nos estiran el alma de tal forma que nos hace perder la noción de centro. Anestesiamos la percepción de nuestro eje central donde la propia individualidad se muestra y se conecta sigilosamente con nuestros verdaderos deseos y necesidades, el dar cuenta de quién soy y quién quiero ser.

Remediar es volver a acercarnos a ese centro por lo menos en movimiento oscilatorio (remedio: volver al punto medio). 
Un gesto terapéutico que, como medicamento logre un cierto equilibrio entre tantas tensiones cotidianas.
Quien logre disfrutar el mágico mundo del juego, tenga la edad que tenga, podrá saber qué siente alguien que esta jugando. El complejo acto lúdico no tiene condicionamientos de tiempo -ya que quien juega se abstrae de él-; de espacio -ya que cualquier sitio es posible; de objetos o sujetos jugadores, pues entrar en el mundo del juego es entrar en un mundo fuera de la realidad cotidiana, que sin embargo no llega a ser irreal… En suma quien valora el acto de jugar podrá comprar o fabricar juegos y juguetes para el uso propio o para regalar a otros con un profundo conocimiento de lo que esta haciendo. Un plato de comida, un libro, un juguete son indispensables entre otros elementos esenciales en la vida de un ser humano en constante desarrollo, sin importar su etapa cronológica.

Actualmente en el mercado comercial de ventas se ha notado una paulatina proliferación de juguetes hechos en madera. No es casual. Dadas entre muchas otras las referencias citadas en esta nota, la madera genera una rica posibilidad para despertar el campo de sensaciones y percepciones (senso-perceptivo). El silencioso lenguaje de los objetos despiertan al solo contacto un sin fin de posibilidades en cuanto a construcciones nutrientes del mundo interior, alimentando permanentemente la capacidad creadora e imaginativa, terreno fértil para el futuro desarrollo del pensamiento imaginativo. 
Es necesario destacar que toda madera proviene del árbol. Una de las manifestaciones más  potentes del mundo vegetal en términos de energía, de fuerzas vitales. Sus particularidades son tan especiales que muchas de ellas continúan vigentes aún en los trozos que el artesano emplea para la fabricación del juguete. Cada objeto fabricado es único ya que es diseñado manualmente uno por uno, es decir tiene por ser único una propia individualidad, llevando impreso el caudal de aquellas fuerza y vitalidad que le dio origen.

Mario Romero
Docente – Educación Especial
Juguetes del Arbol – maralfrom@hotmail.com

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