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El Rey Arturo (Parte IV – final)

Fecha de Publicación: 16 - 12 - 2005.

Hab?a
un asiento de la Mesa Redonda, denominado ?el puesto peligroso?, en el
que solo podía sentarse el caballero más digno del mundo, de lo
contrario cualquiera que lo hiciese morir?a en el acto.
Un anciano
se presentí en la corte de Arturo y gracias a que el espíritu del mago
Merl?n lo visit?, pudo avisarle al rey y a sus s?bditos que el
caballero que encontrase el Santo Grial, el c?liz donde José de
Arimatea había depositado la sangre de Jesucristo y que contaba con
propiedades mígicas, ser?a digno de ocupar el asiento vac?o. Pero esa
persona aún no había nacido.
Varios años pasaron hasta que un día apareci? en el castillo Elaine,
hija del Caballero Pelle, con el hijo que le había dado a Lancelot.
Galahad era el nombre del niño, y cuando cumpli? quince años de vida su
nombre apareci? grabado en letras doradas en el respaldo del asiento
peligroso.
Esa misma jornada, por la noche luego de haber disputado un torneo, los
Caballeros de la Mesa Redonda, con Galahad incluido, se reunieron, pero
el encuentro fue interrumpido por un rayo que atraves? el sal?n y
golpe? en la mitad de la mesa, entregando una visión del Santo Grial.
Sir Gawain, sobrino de Arturo, impactado por lo ocurrido, se
comprometi? a no volver a Camelot hasta no haber encontrado el Santo
Grial, y así como ?l, cada uno de los Caballeros de la Mesa Redonda
emprendieron diseminados por distintas partes del mundo, la busqueda
del c?liz divino.
Numerosas y variadas fueron las aventuras por las que atravesaron los
caballeros, algunos pudieron contarlas pero otros murieron en ellas.
La más destacada de todas les ocurri? a tres de ellos: Sir Galahad, Sir
Percival y Sir Bors. Ellos se encontraron casualmente en un cruce de
caminos en un bosque cercano al castillo del rey Pelles, guardi?n de
las santas reliquias.
Este, los invitó a pasar la noche allí, y durante la cena nuevamente
irrumpi? otra aparición del Santo Grial, aunque esta vez acompañado por
dos ?ngeles y un anciano con un letrero en la frente que decía José,
que se dirigi? a Sir Galahad y le dijo: “Ya has visto lo que tanto
anhelabas, pero cuando vayas a la ciudad de Sarras lo ver?s mucho
mejor. Ir?n los tres hacia esa ciudad llevando consigo el Grial y esta
lanza que contiene la sangre de Jesucristo. Sólo unos de ustedes
regresar? a Camelot”.


Camelot

Los
tres se retiraron del castillo de Pelles y subieron a una barca. Cuando
llegaron a Sarras, el rey de esa ciudad se sinti? temeroso por la
visita de estos nobles caballeros y pensando que podrían ocasionar
problemas resolvi? encarcelarlos. Los tres pasaron un año detenidos,
pero durante este tiempo el Santo Grial los dot? de alimentos y
bebidas. Cuando el rey de Sarras murió, el pueblo liber? a los
caballeros y nombraron a Galahad como nuevo soberano, quien durante el
año que dur? su reinado mand? hacer un gran altar donde colocar el
Grial y la lanza. Despu?s de este lapso de tiempo ocurri? una nueva
aparición, esta vez frente a ese altar.
Delante del Santo Grial
estaba rezando un obispo anciano, y todos los que se hallaban presentes
se hincaron y el obispo celebr? misa con ellos. Luego se dirigi? a Sir
Galahad y le dijo: “Ven, ac?rcate y ver?s lo que tanto anhelaste”.
Galahad se acerc?, titube? unos segundos y se volte? hacia sus amigos.
Con un gesto se despidi? de ellos. Su rostro mostraba claramente la
satisfacción de lograr la realización de su sue?o más anhelado.
Despu?s se arrodill? junto al obispo y cay? muerto al suelo. Su alma se
elev? con un grupo de querubines y las reliquias desaparecieron para
siempre
Sir Percival y Sir Bors enterraron a Sir Galahad. El primero se dedic?
desde entonces a una vida ermita?a, el otro fue quien regres? a Camelot
y les cont? a Arturo y Ginebra cuanto había acontecido. El monarca
comprendi? que al haberse acabado la búsqueda del Grial, ya no le
quedaba mucho tiempo de vida a su reino.
Y sus sospechas fueron ciertas, pues Sir Mordred y Agravine tramaron
una trampa a Sir Lancelot y la reina. Estos caballeros ten?an desde
hacía un buen tiempo deseos de adueñarse del poder y destronar a
Arturo, creyendo poder destruirlo al revelarle la relación amorosa que
en secreto ten?an su mujer y su más estimado caballero. Encerraron a
Lancelot y a Ginebra en un cuarto y, acompañados de un cuerpo de
caballeros, exigieron a grandes voces que salieran.
Lancelot abri? la puerta, dej? entrar a uno de los caballeros y la
cerr? r?pidamente. Lo mat?, y luego volvió hacer lo mismo repetidas
veces hasta que asesin? a trece más, entre ellos estaba Agravine.
Entonces Mordred le informí a Arturo que había que apresar a Lancelot
por traicionar al reino, pues estaban claras sus intenciones de querer
asumir el poder y quedarse con la reina. El destino para ella ser?a la
hoguera, pues era una pecadora, pero entre los caballeros había
diferentes posiciones.
Arturo estaba confundido, por un lado quer?a defender a su caballero,
pero su matanza le parecía injustificable. Lancelot, después de salvar
a Ginebra de la hoguera y dar muerte a dos primos del rey, decidi?
exiliarse en su país de origen: Francia. Arturo persigui? a Lancelot y
lo enfrent? en un duelo donde casi pierde la vida.
Aprovechando estos dramíticos sucesos, Mordred divulg? por el reino la
muerte de su padre y se autoproclamí rey de Inglaterra. Arturo y el
último de sus primos, sir Gawain, reunieron un ejercito con el fin de
quitarle el poder a Mordred, pero no pudieron derrotar a las huestes de
este en el primer combate.
Antes de comenzar lo que ser?a la ?ltima batalla entre las fuerzas del
padre y el hijo, Arturo y Mordred decidieron firmar un tratado de paz
delante de sus ej?rcitos. El clima era tenso y un mal movimiento podía
desencadenar la lucha. Fue la providencia la que ocasion? la desgracia:
una serpiente mordi? la pata de un caballo y el jinete sac? su espada
para matarla. Esto fue entendido por el ej?rcito contrario como una
se?al de guerra y se lanzaron todos ferozmente a la batalla.
M?s de cien mil soldados murieron. Cuando la batalla llegaba su fin,
Arturo quedó cara a cara con Mordred: con un toque de Excalibur le
quit? la vida, pero cay? sobre la espada de su hijo y quedó mal herido.
Arturo sabía que su espada ten?a un mensaje escrito que decía ?arr?jame
lejos?, por lo que, cuando ?l muriera, deb?a arrojarla en el lago donde
estaba la dama que se la otorg?. Como ?l no podía, le pidi? a sir
Bevidere que lo hiciese, pero éste por tres veces no tuvo el valor para
tirarla al lago.
entonces Arturo le pidi? que lo llevase así ?l mismo arrojaba la
espada, Cuando llegaron a la orilla del lago, esper?ndolos en una
balsa, estaban tres reinas vestidas de luto con sus rostros tapados por
un velo negro. Sir Bevidere coloc? a su rey en la balsa y con l?grimas
en los ojos se despidi? de ?l. La balsa surcó las aguas y desapareci?
de la vista. Nunca se supo el destino del cuerpo de Arturo y mucho
menos la identidad de las reinas que lo acompañaban en la balsa.

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