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El rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda parte II

Fecha de Publicación: 16 - 12 - 2005.

A través de un sacerdote llevado por el mago, el niño fue bautizado y llamado Arturo.
Dos años más tarde, Uther Pendragon comenz? a sufrir una enfermedad
implacable, que fue aprovechada por sus enemigos para saquear al reino
y matar varios soldados. Entonces Merl?n al ver la pasividad del rey,
le envi? un mensaje en el que lo incitaba a enfrentarse a quienes
estaban sembrando el caos en sus dominios.
Con las pocas fuerzas que le quedaban, Uther Pendragon combati? junto a
su ej?rcito contra los invasores, obligando a estos a retirarse del
territorio del rey de Inglaterra. Pero esta victoria había consumido
toda la vitalidad que quedaba en el moribundo cuerpo del monarca, y
cay? en un sue?o profundo que dur? tres días. El temor de los barones
por la salud de su rey motiv? que llamaran a Merl?n, que se acerc? al
lecho en que se encontraba Uther Pendragon para preguntarle si quer?a
que Arturo lo sucediera en el trono cuando muriera.
El rey, tras un gran esfuerzo, dijo en presencia de todos sus barones:
?Le doy a Arturo la bendición de Dios y la mía, y pido que ?l ruegue
por mi alma. Despu?s de decir estas palabras reuni? las escasas fuerzas
que le quedaban y grit?: si Arturo no reclama la corona de Inglaterra
con justicia y honor, ser? indigno de mi bendición?. Una vez dicha esta
advertencia, cay? de espaldas sobre la cama y murió. Uther Pendragon
fue sepultado con toda la fastuosidad propia de un rey, y su mujer
guard? luto, al igual que los barones. Además de la tristeza de sus
allegados y el pueblo ingl?s, el fallecimiento del monarca trajo
consigo caos al reino: permaneciendo vacante el trono de Inglaterra,
varios pueblos enemigos asediaron las fronteras, se?ores poderosos
intentaban hacerse con el poder absoluto. Ante semejante anarquía, las
leyes dejaron de ser cumplidas, por lo que Merl?n tuvo que citar al
arzobispo de Canterbury para aconsejarle una urgente reunión con todos
los se?ores y caballeros armados del reino, en Londres, para la fecha
de Navidad, dicióndole que tal vez ese día Jes?s les enviar?a una se?al
sobre qui?n deb?a ser el futuro rey de Inglaterra.

Se
reunieron en la Catedral de San Pablo, y por la ma?ana, luego de la
primera misa, vieron un gran bloque de mírmol cercano al altar que
ten?a un yunque de acero atravesado por una espada. La escena ya de por
s? era extra?a, pero más lo era la inscripción en letras doradas que
estaba escrita en el mírmol: QUIENQUIERA QUE EXTRAIGA ESTA ESPADA, DE
ESTA PIEDRA Y ESTE YUNQUE, ES REY DE INGLATERRA POR DERECHO DE
NACIMIENTO. Cuando la noticia llegó a o?dos del arzobispo, se ordenó
que hasta después de la Misa Mayor nadie tocara la espada. Una vez
concluida, todos los se?ores y caballeros intentaron sacarla del
mírmol, aunque sin ?xito. La noticia corrió de boca en boca, y para la
fiesta de A?o Nuevo se prepar? un gran torneo en el que el arzobispo
confiaba que el elegido por Dios sacar?a la espada del mírmol. Mientras
que se?ores, barones y caballeros participaban en las diferentes justas
propias de este tipo de reuniones, sir Kay había arribado al lugar,
junto a su padre, sir Ector, y a Arturo. Al haber olvidado su espada,
sin la cual no podría participar, pidi? a Arturo que fuese a buscarla.
Arturo llegó a la casa en que sir Ector lo había criado como si fuera
un hijo de sangre, y not? que la puerta estaba cerrada y que le
resultaba imposible entrar. Entonces, cabalg? hasta la iglesia y sin el
más mínimo esfuerzo, arranc? del yunque la espada que tantos se?ores y
caballeros no habían podido sacar y que pertenec?a al futuro rey de
Inglaterra.

Cuando sir Kay vio la espada
inmediatamente la reconoci?, y la llev? a la vista de sir Ector, su
padre. Arturo les coment? como la había conseguido y los tres se
dirigieron nuevamente al mírmol para volver a enterrar allí la espada.
Tanto sir Ector como sir Kay intentaron quitarla pero no pudieron, y
cuando fue el turno de Arturo este la sac? con gran facilidad. Acto
seguido sir Ector le confes? toda la verdad sobre sus verdaderos padres
y cómo Merl?n había logrado que el rey Uther Pendragon se lo entregara.
Le contaron lo sucedido al arzobispo y este ordenó que la espada fuese
depositada nuevamente en el mírmol, y aun más cantidad de se?ores que
la otra vez intentaron sacar la espada de su lugar, pero no pudieron
hacerlo. Sólo Arturo era capaz de tal cosa.
Enfurecidos por no poseer ellos semejante don, postergaron hasta Pascua
la resolución. Y en esa fecha otra vez fue Arturo quien logr? sacar la
espada del mírmol, y la c?lera de los grandes se?ores aument? y
pospusieron la fecha de la decisión final hasta la Pascua de
Pentecost?s. En esa oportunidad, tampoco nadie que no fuera Arturo pudo
separar la espada del mírmol, y cuando este lo hizo se la mostr? al
pueblo, que pidi? por la coronación de Arturo. Los se?ores se rindieron
y suplicaron su perd?n por tantas demoras. Arturo lo hizo, y además
comenz? a revertir muchas injusticias que se habían llevado a cabo
durante la nefasta etapa de anarquía.
Pero r?pidamente surgieron problemas para el nuevo rey: muchos se?ores
poderosos se resist?an a que un joven sin sangre real como Arturo los
gobernara y se aprestaron a rodear el castillo en que este se
encontraba.
Antes que la batalla comenzara, Merl?n se presentí ante los rebeldes y
les cont? que en verdad el rey era el hijo de Uther Pendragon e
Igraine, y pese a que algunos al saber esto declinaron su actitud
hostil, otros no lo hicieron y se enfrentaron al ejercito real, que los
venci? y oblig? a retirarse. Pero los enemigos se reorganizaron y con
la ayuda de nuevos aliados conformaron una fuerza más poderosa que la
anterior. Merl?n avis? esto a Arturo y le sugiri? que uniera fuerzas
con dos reyes que había en Francia, Ban y Bors.

Jorge Castro

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