Tango Todo

El silencio que habla el espejo

Fecha de Publicación: 03 - 11 - 2006.

Jorge L. BorgesSobre el vasto e imponente universo que nos ha brindado Borges.

“Quizás contaminados por los monótonos, imaginaron que todo hombre es dos hombres y que el verdadero es el otro”, había leído a mitad de una página demorado.

Una frase, una palabra, una tablilla de arcilla, de madera o un papiro, hasta el papel y el ordenador. El hombre que genera su propio mundo o universo, que hace extensible a otros, a través de las palabras. La literatura, como arte, le confiere un sentido a la vida, que permite liberarnos de nuestras limitaciones y nos permite soportar nuevos desafíos.

 

¿Por qué una frase leída al azar de un libro abierto, iba a explicar tanto de ese hombre?

 

Borges nos ha dado un vasto e imponente universo que le ha trascendido y se ha vuelto universal. Y el mundo entero se ha apropiado de ese mundo paralelo, que es la literatura, que no es más que el reflejo de la vida misma. Sus palabras emergen de la vida cotidiana, con el poder de atraparnos, de conducirnos por nuevas fronteras. Es a través del lenguaje escrito que podemos recolectar la historia individual y colectiva, que podemos soñar y conocer otros seres humanos, sus ideas, sus sueños, sus pensamientos.

 

Es el testimonio traducido en letras y palabras, que vencen el paso del tiempo, lo que forman el patrimonio cultural. Imaginemos que no existieran libros, ni piedras talladas, ni papiros, y solo tuviéramos que confiar en la continuidad de la tradición oral, todo lo que perderíamos en el camino del aprendizaje de la humanidad.

 

El escenario de sus textos, esa condición de la literatura borgiana, es inmensamente rica. Borges ha utilizado el espacio arquitectónico y sus elementos, como marco de su literatura, de sus obsesiones, de sus miedos.

 

“el secreto aljibe, los zaguanes entorpecidos de sombras, las modestas balaustradas y llamadores, u almacén rosado, las lentas filas de panteones, los patios cóncavos como cántaros, la noria de los domingos, rectos portones que alargan la sombra, el cementerio, el Hospital Rivadavia, la balaustrada con espacios de cielo, Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga, un Palermo trazado de recuerdos, las tapias, el fácil sosiego de los bancos, un Buenos Aires de casas bajas y hacia el poniente o el sur, de quintas con verjas”.

 

Borges cumple la definición, porque nos pertenece a todos los argentinos, y al resto del mundo. Tal vez sea el arquitecto de sus sueños, y nos permita entrar en él, a través de sus historias. De esos mundos que construye fuera de su realidad.

 

Borges quiso reflejar en su doble, la luz y la oscuridad que hay en cada individuo, esa dualidad que habitaba en él. Tal vez la cara que daba al público, no era la misma que reflejaban sus textos, y no es de extrañar que disfrutara de la prosa de Stevenson. Podemos verlo, en su fascinación por los espejos, por descubrir su verdadera personalidad, y el silencio que éste le devolvía, lo obligaba a ser ese otro, que las palabras podían crear. Entonces encontramos ese Borges difícil. Tal vez por eso la lectura de Borges se transforma en un sendero de caminos que se bifurcan, a un laberinto donde los iniciados, se pierden en engañosos pasadizos literarios, que no soñaron construir en la Edad media o en el renacimiento.

 

Las historias, esa búsqueda del propio ser y del prójimo, nos ubican en una sociedad de la que formamos parte, con un pasado compartido, un presente fresco, y un futuro presagiado. Sus textos dan sentido a la comunidad universal, porque sus textos son universales, porque los personajes pueden ser atemporales, porque el trasfondo de las historias, el motivo del relato perfora hasta el fondo del alma humana, para ponerla al descubierto, entonces descubrimos una obrera de nombre Emma Zunz, y su venganza secreta al enfrentar al avaro Lowenthal, o el forastero que se descubre en un anfiteatro circular, como el sueño de otro hombre, o la inglesa inocente que se advierte cautiva de un destino de destierro, al verse reflejada en una india rubia, a quien ella suponía en condición de cautiva, o el significado de esa primer letra del alfabeto, que lo abarca todo, pero que se duda si es verdadero, o Asterión, el prisionero en su casa de puertas abiertas, que libera a sus víctimas de lo que cree su condena.

 

Hay grandes temas que la literatura le roba a la vida, y Borges es un ladrón astuto que ha sabido crear muchas vidas a partir de sus palabras. Pero sus textos no serían fabulosos sin el lector que le aporta su cuota de asombro, de admiración.

 

La dualidad del yo real y el yo soñado, no es más que el deseo de ese Borges, que quería trascender sus limitaciones, para alcanzar sus metas y anhelos, ese espejo que le devolviera la imagen esperada.

 

Tal vez la imagen que debemos guardar sea la de Borges escritor, la de un hombre lleno de pasión, la de un Borges vencedor de la ceguera, que deambula por laberintos infinitos y bibliotecas ilimitadas, que se permite desear ser más joven, y reconoce que es un sueño que lo atormenta, el Borges que amaba la ciudad “eterna como el agua y el aire”

 

¿Por qué Borges? Porque Borges pone al descubierto desde sus palabras, esa dualidad, un mister Hyde que ocultamos debajo de la piel, que se convierte con su oficio en el renombrado Doctor Jekill.

 

Borges nos permite vencer nuestra pereza de soñar, para conducirnos por esos caminos insondables de otras realidades, que nos mantienen en equilibrio en la contaminación monótona de lo cotidiano, de lo que vivimos día a día.

 

Tal vez, solo tal vez, sea Borges el hilo de Ariadna que nos arroja fuera de ese laberinto, para poder ver que hay nuevos caminos maravillosos que esperan ser transitados.

 

No concibo la vida sin la ficción, sin la literatura, sin Borges.

Eugenia Izaguirre

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