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El valor del primer empleo

Fecha de Publicación: 15 - 01 - 2007.

Su significación para un adolescente que ingresa a lo laboral.

Hacia  fines de noviembre de 2005 la Legislatura porteña aprobó la llamada “Ley para la Promoción del Empleo Joven”.  El proyecto establece que la Ciudad otorgue un subsidio a las Pymes que incorporen jóvenes postulantes. Esta iniciativa se apoya en la urgencia por dar respuesta a la problemática de la desocupación que -según datos oficiales- asciende entre los jóvenes casi 6 puntos por arriba de la tasa general de desempleo, alcanzando al 15 % (se calcula que el desempleo afecta a unos 70 mil jóvenes porteños menores de 24 años).

¿Cuál es el valor y la significación del primer trabajo para un adolescente que ingresa al mundo laboral?

En principio, significa ingresar al mundo adulto regido por una legalidad diferente a la de la infancia. Implica someterse a normas que exceden el registro del placer, e introducen la noción de lo útil y la necesidad de “ganarse el pan” como premisa que no puede soslayarse.  Es el momento de poner a prueba los recursos con los que se cuenta, para cristalizar en la realidad lo que hasta ese momento quedaba en el terreno de la fantasía.

El joven aspirante a un empleo intentará, a través de él, articular algo de su deseo. El trabajo será la ocasión presente para proyectar, conforme al modelo del pasado, una imagen del porvenir. Las vicisitudes de sus primeras experiencias modelan la calidad de sus proyectos futuros.

Por otro lado, es el momento en el que algo fundamental -de lo que Freud llamó “La novela familiar”- cobra vida. Sus padres han caído como modelos ideales y a través de la búsqueda laboral se tramita -psíquicamente- el difícil logro de alcanzar el  desasimiento a la autoridad y dependencia paternas.

¿Podrá estar a la altura de las demandas que se le realicen? ¿Estará en condiciones de soportar tareas ingratas? ¿Cuánto de su caudal pulsional podrá ser canalizado sublimatoriamente de tal modo que alcance, a través del trabajo, algún tipo de  satisfacción resarcitoria del esfuerzo empeñado?

Infinidad  de interrogantes cargan este momento de iniciación, de una ansiedad de alto voltaje. Ansiedades que las restricciones para acceder al mercado laboral tienden a favorecer, promoviendo actitudes de estoica resignación a “lo que sea que se pueda conseguir”. Así, el trabajo se torna un campo propicio para la sumisión y la entrega a la omnipotencia  -imaginaria- del Otro.

Por lo tanto, todo esfuerzo tendiente a mejorar las condiciones de acceso al primer empleo, tendrá el valor de reducir las posibilidades de tener que aceptar “cualquier” trabajo, con el consiguiente aumento de la carga de resentimiento,  agresividad y culpa que esto suele generar.

La culpa -como sentimiento inconsciente- induce al sometimiento, retroalimentando un proceso circular que además de golpear psíquicamente al sujeto, afecta a toda la sociedad por la violencia latente que origina.

Freud nos advierte que “no suele apreciarse de manera satisfactoria el valor del trabajo para la economía libidinal” y que “de esta natural aversión de los hombres al trabajo derivan los más difíciles problemas sociales”. Asimismo, siempre resaltó que la salud depende de conservar intactas la capacidad de amar y trabajar.

Los psicoanalistas sabemos con cuanta ferocidad las dolencias neuróticas debilitan esta capacidad. A la vez, circunstancias adversas –como un mercado laboral pauperizado- pueden desencadenarlas. Es entonces cuando las fantasías inconscientes se apoderan del psiquismo, aplastando los deseos e impidiéndole al sujeto desplegar su potencia, con la consiguiente pérdida del entusiasmo y la pasión por su tarea.

El poder terapéutico del análisis nos permite restablecer las condiciones psíquicas dañadas, promoviendo la liberación de las energías libidinales que se encontraban parasitariamente inhibidas para desplegarse hacia el exterior. Esto  redunda en un mejoramiento del rendimiento, y en el restablecimiento de las capacidades para “ganar dinero” del modo menos alienante posible. Y abre el camino para otorgarle al lazo sostenido con el trabajo un contenido lúdico, rescatando la riqueza  de la principal actividad infantil: el juego.

Encarar el trabajo con la misma seriedad y placer con la que de niños sabíamos jugar: he aquí el mejor recurso para alcanzar una satisfactoria inserción laboral.

Lic. Eduardo Urbaj
Psicoanalista
Coordinador Docente y Supervisor de Centro Dos

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