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EL YOGA DE LOS SENTIDOS EL TACTO

Fecha de Publicación: 07 - 12 - 2005.

Millones
de terminaciones nerviosas envuelven nuestro cuerpo, como una red y
vuelven nuestra piel sensible al calor, al dolor, al contacto.
Caricias, masajes, abrazos, roces y presiones, nos llegan a través de
la piel.

Es
interesante comprobar como todo nuestro organismo responde a la
práctica de Yoga, especialmente nuestros sentidos. Hablamos
recientemente sobre el o?do y su capacidad intelectual, escuchar.
Sucede lo mismo con la piel, ?rgano que recubre todo nuestro cuerpo,
nos protege y nos limita con el entorno.
La piel es un ?rgano sensible y expresivo.
Eliminamos a través de los poros de la piel toxinas, y residuos y
recibimos a través de ella elementos nutritivos y medicamentosos,
radiaciones solares, sensaciones que nos tranquilizan, mensajes del
mundo exterior. Percibimos la aspereza y la suavidad, el frío y el
calor, la tibieza en nuestra piel nos calma y nos da seguridad.
A través de la piel se realiza el primer contacto entre el niño y su madre.

La práctica de Yoga

Sentados, respirando suavemente, nos masajeamos la cara.
Hemos entibiado entre los dedos una pequeña porción de crema de
lavanda, de efectos relajantes y recuperadores. Damos masajes
circulares en las sienes, en una y otra dirección, luego en el arco de
las cejas desde el entrecejo hacia fuera. Hacemos pequeños toques en el
arco superciliar, con los dedos ?ndices y con toda la atención puesta
en el trabajo vamos localizando puntos de tensi?n.
Con los dedos como un pequeño rastrillo, vamos extendiendo el
movimiento de arrastrar suavemente desde el centro de la frente hacia
fuera.
Los ojos permanecen cerrados y la respiración es calma y distendida.
Masajeamos luego las mejillas con movimientos circulares ascendentes y
suaves, apenas presionando en ambas direcciones. Tomamos consciencia de
los cambios que aparecen en nuestra cara , en los másculos faciales y
en la piel.
Desde el ment?n hasta la articulación de los maxilares damos un masaje
ascendente y simult?neo de los dos lados, con mucha suavidad.
Debajo de las orejas, y a la altura de la articulación maxilar hacemos
c?rculos pequeños presionando suavemente, en una y otra dirección.
Descendemos luego por los laterales del cuello , dando pequeños toques y presionando hasta los hombros.
Damos por finalizado el masaje y nos acostamos en la colchoneta en shavasana, postura de relajación.
Vamos tomando consciencia de las sensaciones t?ctiles en todo el cuerpo.
Sentimos el calor entre la piel y la ropa , el suave deslizarse de la
remera sobre el pecho al respirar y a medida que nos vamos conectando
mas profundamente ,sentir como la piel cede al movimiento de los
másculos respiratorios.
En este estado de interioridad adquirido a través del masaje y la relajación la mente habita el cuerpo.
Estamos en el corazón del Yoga.

María del Pilar Etchehon
Profesora de yoga
Acompa?ante Terap?utico

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