|
LA TRADICIÓN CELTA
“
Nada de mezquindad, nada de miedo, nada de celos”.
Reina Mabdh.
Hay un
resurgir en Argentina de la cultura celta, sobretodo
empujado por la música y el consumo de cerveza que se
le asocia. San Patricio, santo patrono de Irlanda, es
ya bastante popular en Buenos Aires. Ignoro las
causas, mas me inclino a pensar que es una manera que
tenemos los argentinos de devolver gentilezas al
pueblo irlandés que festejó en las calles y en los
frentes de sus casas, el 2 de abril de 1982.
En cuanto
a los “galegos” jamás debilitaron la misión de
difundir sus costumbres por estas tierras. Creo que
son las colectividades más numerosas y pujante en
Argentina ( el resto de la “raza celta” están
integradas por escoceses, galeses, bretones y
asturianos). No puedo ser del todo ingenuo y pensar
que el renacer de la cultura celta tiene que ver
simplemente la pérdida del filo de las garras del león
británico y el florecimiento del parlamento autónomo
escocés, el boom de la economía irlandesa, la
aparición de canales galeses que transmiten en
programas que despiertan la lengua oculta, y con la
autonomía lograda por los “galegos” en su patria. Pero
más acá del oportunismo mercantilista, debemos
aprovechar el momento para difundir algunos aspectos
de la cultura celta, en especial, su mitología. Este
es el propósito de este confortable espacio que nos
cede Diana Alvarez en su publicación. Esperamos no
desaprovechar el momento y la confianza que nos brinda
desinteresadamente.
Antes
de pasar a nombres y acontecimientos propios de la
cultura celta, es preciso convenir cuál es el aporte
celta en la formación del pensamiento o el carácter
occidental. Consideramos que la cultura occidental se
formó por la superposición de capas de distintas
tradiciones, tres de las cuales corresponden a pueblos
indoeuropeos y otro aporte considerable, se lo debemos
a los semitas. No siempre hubo relaciones armónicas
entre los legados culturales, pero ya hace tiempo, que
se ha plasmado un pensamiento de Occidente en que los
“ruidos” antagónicos han sido reducidos a mínimos
exponentes.
De la
tradición judeo-cristiana hemos aprendido que Dios es
el centro de todas las cosas, expresado en la máxima
de San Buenaventura: “ Dios es una esfera
inteligible, cuyo punto está en todas partes y su
circunferencia en ninguna”; es decir, Dios ahora está
en los ojos del lector y a su vez, en las manos de
quién escribe, en cada letra, en cada frase. No
podemos dejar de mencionar que el aporte de los
semitas tiene que ver con la creencia en la redención
de los justos, la visión apocalíptica de la historia y
el profetismo. Gracias a la destacada civilización de
los árabes, pudimos tomar contacto con las obras de
griegos, romanos e indios, pues el cero, fue un legado
de la India, transmitidos por los árabes. Cuando
Europa era un conjunto de míseros caseríos, la ciudad
de Córdoba en España, tenía alumbrado público y
pavimentos entre otras ventajas. Mas como si fuera
poco, los árabes nos transmitieron el molde del
erotismo y la sensualidad a través de Sus Mil y Una
Noche.
El
aporte de la tradición greco-latina la podemos resumir
en dos grandes pilares: el logos griego, que no es
tanto la facultad de razonar en sí misma, sino de
argumentar los razonamientos, de razonar, en todo
caso, en determinada dirección y con un método. De los
romanos, legado que sigue vigente hoy en día, es el
fundamento del derecho. Luego irrumpe el legado de los
germanos: la vida heroica, y la disposición de una
naturaleza fuertemente jerarquizada. ¿ Y cuál es el
aporte de los celtas?: la imaginación fantástica, el
mundo feérico, el mundo de las hadas, las ciudades
encantadas bajo las aguas, los palacios encantados
bajo las tierra son los aportes más evidentes que aun
perduran en nosotros a través de los cuentos con los
que nos entretuvieron. Mas esto es una restricción que
deja fuera a gran parte del pensamiento mítico celta.
Creo que su principal aporte es pensar y acaso
justificar, que los dos mundos, el natural y el
sobrenatural no son antagónicos, sino complementarios
y que la barrera entre uno y otro, es frágil, lábil,
permeable en ambas direcciones. Siempre hay visitas en
una y otra dirección, seres sobrenaturales que cenan
en nuestra mesa y seres naturales que son acogidos en
las mesas frondosas del más allá, donde la comida y
la bebida abundan en calderos mágicos.
Creo
que es un aporte sustancial para nuestra vida anímica
e intelectual que se ha solidificado en la famosa
introducción al cuento: “ Había una vez, en un lejano
país, un rey que….”. Con el riesgo de ser reiterativo,
desearía que se pudiera entender que los griegos no
nos enseñaron a “razonar” pues es una disposición de
la especie humana. Los romanos no nos enseñaron el
derecho, pues es una institución de la cual no ha
carecido ninguna sociedad a lo largo del tiempo. Los
germanos no inventaron al héroe pues este personaje
aparece ya en las pinturas rupestres partiendo a matar
monstruos, que es su primera función. Y cuando
estudiamos las religiones primitivas, no podemos dejar
de conmovernos de todos los antecedentes considerables
de moral y ética que lo preceden y del cual se
alimenta. Pero todos estos conjuntos conformaron la
mentalidad occidental en determinado período y en
determinado lugar asignados por la historia. Renunciar
a esos principios fundadores del pensamiento,
requieren de un gran esfuerzo cuyo éxito es incierto.
En la
próxima publicación ubicaremos a los celtas en tiempo
y espacio.
Prof. Guillermo Echavarría Molloy
|