DAL Comunicación

Enfermedades de nuestro tiempo

Fecha de Publicación: 08 - 02 - 2006.

Anorexia

Bulimia

La
Argentina
es
uno
de
los
lugares
donde
la
anorexia
y la
bulimia
poseen
una
presencia
significativa
en
su
población,
siendo
su
temprana
aparición,
en
general,
el
inicio
de
la
pubertad.

Si
bien
su
expansión
preocupa,
existen
distintas
alternativas
que
se
ofrecen
como
forma
de
responder
a
este
sufrimiento,
como
profesionales
de
la
salud
o
Instituciones,
en
donde
asisten
estos
pacientes
por
propia
voluntad,
o
frente
a
pedidos
de
ayuda
que
parten
del
entorno
-familia
o
amigos-
que
impulsan
al
sujeto
a la
consulta.

M.N.
9.150

Ambas
enfermedades
son
propias
de
las
sociedades
avanzadas,
y la
adolescencia
resulta
ser
un
campo
propicio
para
su
emergencia.
Si
bien
entre
las
mujeres
es
más
recurrente,
en
los
últimos
tiempos
se
observa
un
incremento
también
en
los
varones.

¿Cómo
abordar
este
fenómeno
epidémico,
que
se
caracteriza
por
el
rechazo
obstinado
al
alimento
y el
impulso
al
atracón,
seguido
por
la
práctica
del
vómito
u
otras
formas
de
evacuación
de
las
sustanciasí.

Desde
ya,
habrá
que
ampliar
esta
perspectiva
y
considerar
otros
aspectos,
como
la
tendencia
al
consumo,
el
valor
asignado
a la
imagen,
o el
abandono
de
la
relación
a la
escena
de
la
comida
en
familia
y
entre
amigos.
Estos
y
otros
datos
enmarcan
el
aspecto
social
de
estas
enfermedades,
tanto
en
su
forma
ascética
del
rechazo
o en
su
forma
bestial
de
devorar;
ambas,
alternativas
que
muestran
la
tendencia
de
estos
sujetos
a
aislarse
del
Otro.

Al
nivel
del
la
relación
que
se
plantea
desde
el
inicio
entre
el
niño
y la
madre,
es
ésta
quien
dice
lo
que
el
niño
quiere.
En
principio,
lo
que
se
muestra
es
la
dependencia
del
niño;
la
demanda
no
viene
por

sola,
sino
que
se
instaura
en
la
infancia
cuando
la
madre
da
señales
de
haber
percibido
la
necesidad
del
niño.
Esto
quiere
decir
que
entre
ambos
términos
-oferta
y
demanda-
hay
una
inadecuación
a la
que
se
agrega
un
tercer
término:
el
deseo
(cuando
se
desea
siempre
se
quiere
otra
cosa).

En
los
casos
patológicos,
el
juego
de
estos
términos
se
presenta
bajo
la
forma
de
una
exigencia.
Frente
a
esto,
la
respuesta
es
el
rechazo,
en
distinto
grado
y
hasta
límites
extremos,
que
se
expresa
en
el
cuerpo
cuando
algo
de
la
pulsión
aparece.

Esta
situación
se
instala
en
el
marco
de
una
idealización
de
un
cuerpo
sin
necesidades,
que
se
acerca
a
dar
muestras
de
una
satisfacción
cercana
a lo
que
se
llama
apetito
de
muerte.

Si
se
agrega
la
incidencia
de
la
sexualidad
en
la
pubertad,
lo
que
caracteriza
en
este
tiempo
a
las
mujeres
son
los
evidentes
cambios
corporales.
Se
suele
resaltar
más
el
aspecto
del
narcisismo
y de
la
falta
de
autoestima,
en
detrimento
de
valorar
la
dimensión
de
los
cambios
por
la
incidencia
del
factor
sexual.

Vincular
este
problema
al
autocontrol
¿no
sería,
acaso,
fortalecer
aquello
mismo
que
enferma?

La
etimología
del
fenómeno
bulímico
proviene
del
griego
“hambre
de
buey”,
lo
que
sitúa
cierto
carácter
incontrolado
del
rapto
alimentario,
colocándolo
al
margen
del
hambre
humano,
en
ocasiones
referido
así
por
las
mismas
pacientes:
un
hambre
que
cesó
de
ser
humano;
es
un
hambre
que
se
vuelve
una
razón
de
ser.

Surge
una
necesidad
de
sobreabundancia.
Comer,
sólo
puede
ser
comer
mucho.
Es
necesario
el
exceso
y la
saturación.

El
tiempo
es
vivido
como
demasiado
rápido,
interminable,
contrariando
los
horarios,
los
ritmos
biológicos
del
hambre,
de
la
saciedad
del
sueño,
tiempos
que
van
a
contrapelo
de
un
narcisismo
para
el
que
sólo
cuenta
el
tiempo
subjetivo.
El
sujeto
bulímico
se
encuentra
en
un
tiempo
indeterminado,
tiempo
de
espera
del
próximo
raptus,
entre
la
decisión
deliberada
de
consumir
y el
estado
final
de
esclavitud.

En
este
desarreglo
surge
una
problemática
ligada
a la
depresión;
el
alimento
toma
el
lugar
de
toda
posibilidad
de
representación
psíquica;
una
suerte
de
mimetismo
de
la
incorporación.

Si
bien
el
problema
está
situado,
y el
campo
de
la
salud
responde
de
distintas
maneras
a
estos < br />fenómenos,
las
estadísticas
siguen
repitiendo
que
la
situación
persiste.

Será
momento,
entonces,
que
los
psicoanalistas
acojamos
estos
fenómenos
para
intervenir
allí,
donde
los
síntomas
nos
demandan.

Lic.
Clarisa
Kicillof

Psicoanalista

Coordinadora
Docente
y
Supervisora
de
Centro
Dos

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