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Entre el amor y el deseo

Fecha de Publicación: 07 - 02 - 2006.



Les ofrezco en esta oportunidad tratar un aspecto sobre uno de los
temas más espinosos en psicoanálisis, a saber lo que marca los vaivenes
del amor en su relación con el deseo.


John Henry Füssli – La muerte de Edipo, 1784

Freud distingue: el amor narcisista, que es una proyección de uno mismo
y depende en que tiempo gramatical se ubica quien ama:

  • de acuerdo con lo que uno es , como se encuentra en el momento presente y anhela encontrarse con su “alma gemela”,
  • de
    acuerdo con lo que uno fue; o sea, encontrar en la persona amada una
    cualidad que se reconoció como propia en un tiempo pasado.
  • de acuerdo con lo que uno quisiera ser, enamorarse privilegiando un ideal en común a alcanzar entre los dos.

Y el amor analítico donde se destaca el lugar donde se coloca a la persona amada: Ejemplos de esto serían:

  • la mujer nutriz;… esa mujer compañera que esta siempre dispuesta a dar.
  • el hombre protector quien ofrece facilitar las dificultades de la vida, siendo “fuerte y valiente”

El
amor narcisista se dirige a un otro semejante, a alguien de quien se
puede decir “tengo algo en común con esta persona”, mientras que el
amor anaclítico establece una dependencia marcada entre dos personas.

Así descripto el amor hasta parece algo ordenado y prolijo.
Sin embargo no es así ya que el gusto, el condimento del amor erótico
está dado por el deseo. ¿Cómo nace ese deseo?

Este deseo nace en tanto y en cuanto en la persona que se pretende amar
se presenten determinadas condiciones eróticas. Y ahí es donde se hace
problemática la cuestión.

¿Qué es el deseo? El deseo en psicoanálisis es ante todo inconsciente y
surge desde algo prohibido o bien desde algo no posible de obtener.
El “no se puede” y el deseo inconsciente están íntimamente ligados. Lo
que desde el lenguaje común se designa como deseo es lo que en
psiconálisis sería del orden del anhelo o del ímpetu por obtener algo.

En la vida amorosa, el “no se puede” se refiere al “Complejo de Edipo”
Para el varón pesa la interdicción por poseer a la madre, siendo el
padre quien pone el límite. Como consecuencia de esto la mujer elegida
presentará algún rasgo materno. Este funcionaría como condición erótica
y puede ser cualquiera: forma de la cadera, tamaño de los pechos, color
de ojos, la voz.

En la mujer el Edipo se resuelve con una promesa a futuro: la niña
transformada en mujer se encontrará con un señor quién prometiendo
amarla podrá hacer posible que ella tenga hijos. El límite también lo
pone el padre, pero no de una manera tan tajante como en el varón.

Por lo tanto muchas veces resulta eficiente que las mujeres mimen a sus
novios como niños pequeños y que los hombres les hagan regalos a sus
mujeres que simbolicen cuanto las quieren.

Desde esta vertiente, el amor es repetición de una satisfacción
primaria vivenciada durante la infancia y en el vínculo con la persona
amada se activa algo que tiene que ver con el recuerdo de ese objeto
causa de satisfacción. Así es que ese bienestar que produce el
enamoramiento está ligado a esa ilusión inconsciente armada como un
sueño en común entre dos personas.

Adriana Strauss
Psicóloga

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