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Eros, erotismo y la vida er?tica

Fecha de Publicación: 16 - 12 - 2005.

Mitolog?a
y
autoconocimiento

Las primeras imígenes mitol?gicas de Eros que nos llegan a través de
los griegos se dividen en dos grandes espacios de interpretación.


Eros

Por un lado Hes?odo en su ?Teogon?a? nos habla de Eros como una fuerza
primordial, que empuja a todo a combinarse, mezclarse y unirse para dar
origen a la vida. Fuerza que, sin producir nada por s? misma, hace
producir a todo cuanto toca. En este sentido, de tipo energético
conceptual, Eros, es la Potencia germinativa eterna, el impulso natural
de vida, la esencia reproductora, sin la cual el Caos no hubiese podido
entrar en actividad ordenadora, ni Gaia (La Tierra) empezar a producir.
En este sentido, decimos que, cuando estamos ?erotizados?, estamos
?tocados? por esta fuerza que pugna por crear algo, tanto en el nivel
material, emocional y/o mental; en combinación con objetos de la
naturaleza, creando objetos de arte o tecnología o con otros seres
humanos creando hijos, instituciones, u cualquier otra obra en comín.

M?s luego, esta Fuerza, ha sido recreada por la conciencia de sabios y
poetas, tomando, por ejemplo la forma de un ser humano bello y joven
que con sus flechas inflamaba los corazones al ser tocados por ellas.
Así nace Eros: el dios del Amor. Cuenta la historia mítica (y en esta
cuesti?n, siempre hay que tener en cuenta que hay varias versiones) que
Eros era hijo de Afrodita y Hermes, y que entre otras cuestiones
Afrodita, siempre se lamentaba que su hijo, Eros, no crec?a, así que
pidi? consejo a Temis (diosa de la Justicia): ?sta le dijo, a su vez,
que si quer?a que su hijo creciese, que le diera otro hermano. Entonces
Afrodita tuvo a Anteros ( que significa el amor contrariado), y,
efectivamente Eros empez? a crecer. Quiz?, como interpreta Juan Bergua,
con esta historia de ficción, los poetas han querido dar a entender que
el amor (Eros), para que ?sea grande? tiene que ser contrariado.

También encontramos en la ?Metamorfosis? de Apuleyo la historia de Eros
y Psich? (el amor y la conciencia o alma) en la que se cuenta que
Psich?, hermosa princesa, es obligada a casarse por sus padres por
consejo de un or?culo. Así, llena de púnico, ante la incertidumbre y
abandono, es enviada a cierto lugar donde ser?a tomada por esposa por
un ser desconocido por ella. Gran sorpresa y muy agradable, por cierto,
es la que empieza a vivir Psich?: un palacio lleno de oro y lujos,
sirvientes a cada paso y por las noches un marido por demás dulce ,
amante, tierno y cari?oso la llenaba de ext?tico placer. Pero éste,
aparecía, misteriosamente, solo por las noches y no era posible que le
viera, le había dicho, desde el primer instante, que se contentase con
su presencia y contacto, y no hiciera nada por saber más, ni verlo; que
de hacerlo, lo perder?a. Un día, ?siempre llega ese día!, Psich? se ve
deseosa de conocer más a su amante marido, y dormido ?l, enciende una
l?mpara para verle el rostro, cuanta sorpresa, cuando ve allí, a su
lado, a una belleza que jamás hubiera imaginado, Eros despierta y ante
el desasosiego de Psich? huye despavorido??para siempre?.


Psich? y Eros

A
partir de allí, Psich?, andar? errante por el mundo atravesando
distintas pruebas y humillaciones, anhelante, su corazón, buscando, día
a día, volver a encontrar a Eros, el Amor.

Podemos interpretar, aquí la relación existente entre Psich? (la
conciencia) y Eros (el Amor) de varias maneras; una de ellas es ver
primero los mandatos paternos o estereotipos culturales ?obligando? a
la conciencia (Psich?) a casarse de tal o cual forma ( aquí entran las
idealizaciones, forzadas, a veces, más, por formas estereotipadas de la
sociedad que por reales deseos de la conciencia). Aún así, la
conciencia puede verse fascinada, hechizada o encantada con tal o cual
marido (o esposa) hallado; pero basta que la conciencia quiera
?alumbrar un poco? su relación para que el ?enamoramiento? (Eros) huya
despavorido. Es, quizá, la puesta a prueba del verdadero amor, de aquí
en más, la conciencia tendr? que atravesar grandes pruebas, que no es
otra cosa que el enfrentamiento con la realidad, antes de poder volver
a encontrarse con el amor.

Así el amor inmaduro huye de la conciencia cuando ?sta busca crecer,
como así también a medida que la conciencia es capaz de sostener más
aspectos de la realidad, el verdadero amor vuelve a aparecer y allí se
quedan juntos, claro, que habr? que ver si comiendo perdices o un plato
más sencillo.

Hasta el pr?ximo encuentro.

Javier I. Alvarez

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