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¿Es lo mismo egoísmo e indiferencia?

Fecha de Publicación: 07 - 02 - 2006.

Consultorio

Queridos Lectores:
Me han formulado la siguiente pregunta:

¿Es lo mismo egoísmo e indiferencia?

Me encanta cuando se produce este tipo de intercambio. Además este fue
el tema del que hablé en el programa “Vení que te cuento” el viernes 25
de abril que se da por Canal Global FM 92.1.

El egoísmo es un rasgo de carácter, mientras que la indiferencia es un sentimiento que quedó congelado.

La persona egoísta quiere acomodar las cosas de acuerdo a su punto de
vista y sacar ventaja de ello. Para el egoísta los demás existen o no
de acuerdo a sus intereses. Esta manera de ser permanece en el tiempo,
o sea que en más de una ocasión esta persona demostró que en primer
lugar está lo que ella desea. Mediante esta actitud se vincula con la
gente.

A la indiferencia la ubico más de acuerdo con Freud- como un un estado
de ánimo contrario a la polaridad amor-odio. En los sentimientos hay
polaridad y ambivalencia. Hasta donde he podido estudiar me atrevo a
decir en cuanto a la indiferencia que es un “no sentimiento”.

El egoísmo tiene que ver con una estructura narcisista exacerbada de la
personalidad. El narcisismo es el amor a la propia imágen, y en el
egoísmo se agrega una destacada voracidad por obtener objetos para la
propia satisfacción. Algo de egoísmo tenemos todos o quizás somos
egoístas a la hora de disfrutar de algo que nos gusta. Pero una cosa es
ser egoísta por un ratito y otra es cuando se hace permanente. A la
larga las personas egoístas quedan muy solas.

Freud habla de pulsiones del yo o autoconservación y pulsiones
sexuales. Si bien no termina de haber una diferenciación clara entre
ellas podemos decir que las primeras tienen manifestación más
específica en aquello que está ligado al hambre. Es lo que nos obliga a
salir al mundo a conseguir objetos para nuestra autoconservación. Las
pulsiones sexuales tienen que ver con la libido, con esa energía que
nos provoca ganas de relacionarnos con los demás y que sería una cosa
así como el instinto sexual transformado en el ser humano. En el
egoísmo dominan las pulsiones de autoconservación sobre las pulsiones
sexuales, o sea que tiene interés todo aquello que alimente a la propia
imagen.

La indiferencia sería algo así como un estado anímico donde la persona
no se inmuta, los sucesos le pasan por otra órbita, en la que no estuvo
nunca. Como que no sintoniza la radio.

Tomando esta metáfora de la radio puede decirse que en el egoísmo se
trata de sintonizar todo el dial para pescar lo que conviene escuchar.

Adriana Strauss
Psicóloga

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