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Esos instrumentos…

Fecha de Publicación: 07 - 02 - 2006.

Mucho tiempo antes de que Emmanuel Pérez, el primer cornetista endiablado, apareciera en el quartier criollo de la ciudad alta, hacia 1898, una larga evolución anónima llevo lentamente la música popular desde el Tam-Tam al Ragtime. Ashbury
nos describe las escenas del Tam-Tam en el Congo Square como verdaderas
escenas africanas, que muchos tocadores de tambor hacen entrar en
trance a los negros. Así fue realmente, pero solo hasta mediados del
siglo XVII; luego, poco apoco, el contacto de los blancos con su música
melódica influyo en los criollos y los negros; pero mientras los
blancos, ciegos de orgullo permanecían cerrados a la trágica riqueza
del ritmo africano, aquellos en cambio, recibían el sagrado mensaje, y
la música de los negros evolucionó del Tam – Tam primitivo a una
música de conjunto.

Ya en 1880 la música
sincopada estaba en gestación. Todas las condiciones del fenómeno se
preparaban: tal lo prueba este extracto de George W. Cable, aparecido
en el Century Magazine, en 1885: “los
tambores eran muy largos, profundos a menudo construidos de una sola
pieza de madera, uno de sus extremos estaba abierto y el otro cerrado
por una tirante piel de cabra. Sus diámetro eran distintos: uno mayor
que el otro, se tocaban con los dedos, con las manos y hasta con los
pies. Golpeando salvajemente, los golpes eran lentos y vehementes sobre
el tambor; furiosos y rápidos sobre el más pequeño.”
Otro de los
instrumentos importantes era una calabaza llena de pequeñas piedras o
de granos de maíz que se agitaban violentamente con una mano mientras
se agitaba con la otra. Algunos ejecutantes tocaban un triángulo y
otros, manipulaban una especie de arpa que producía un extraño sonido.
También usaban una quijada de caballo o de mula, que raspaban
rítmicamente sobre los dientes. A veces el conjunto se reforzaba con
uno o muchos barriles golpeados con un hueso.

Pero
el instrumento de más jerarquía, como quien diría el primer violín, era
un banjo. Tenía cuatro cuerdas y no seis, no era, en realidad, el
instrumento predilecto de los negros del sur, pero para una verdadera
orgía africana, en que se movía mas lo alto del cuerpo que las piernas
y los pies, era este el medio de expresión sensual y diabólica del que
se servían, solo los maestros americanos de origen latino podían
tolerar semejante ruido, aumentado por el ritmo de los tambores
salvajes y el rasguido del banjo. A veces se agregaba una especie de
flauta de pan compuesta de tres pequeños tallos de azúcar, llamada en
ingles por los negros: Quills. Tal era la orquesta completa.
Todos los valores de contraste que la discordancia es capaz de inspirar
parecía precipitarse allí, al dictado de una frenética locura que los
africanos no encontraban nunca suficiente. ¿No es esta una precisa
descripción en la que se presentan ya todos los rasgos característicos
del jazz? El ritmo lento del bombo y el ritmo más rápido del tambor, y
el aporte rítmico del banjo y de la flauta de pan, la ronca voz de los
cantores, la pausa de los instrumentos para un break y su vuelta
salvaje, y en fin, el grito de los negros puntualizando su placer.
Reflexionando un instante sobre los elementos de esta combinación; no
se trata de un solo conjunto de instrumentos de percusión, nos hallamos
realmente en presencia de un cuerpo musical constituido. Y no se trata
solo de ritmos puros, sino de una verdadera orquesta que teje un fondo
rítmico sobre el cual se inscriben las voces graves de los cantores,
que eran aires de canciones criollas, porque los negros, después de
muchas generaciones, habían transformado el francés de sus amos en un
pintoresco patois del cual servían para sus temas.

Estas composiciones constituyen, a decir verdad, una introducción a la música de ragtime. El periodo del ragtime existía
antes de ser bautizada y conservara su denominación hasta que se
inventa el nombre de jazz, hacia 1916. Pero en esa fecha los nuevos
aspectos de esta música ya existían bajo el nombre de rag. Es así como en 1914 Irving Berlina, entrevistado para el teatral mirror sobre lo que se entendía por música sincopada, declaró: “La sincopa no es otra cosa que un nuevo nombre del ragtime”. Las
composiciones de los viejos maestros tenían una manera un tanto
primitiva y tosca. La música sincopada actual no es más que el ragtime
modernizado. Hace muchos años, en un baile del sud, un negro pidió a la
orquesta que repitiera cierto trozo, al preguntarle cual, el negro
respondió: “Ese que tenía un compás desgarrado (ragged), una especie de ragtime”. La
expresión era tan justa que muchos años después, cuando ya ni la
memoria guardaba de su creador, los ejecutantes continuaban llamando ragtime a aquel trozo.


Juan Carlos Corominas

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