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Exposiciones recomendadas

Fecha de Publicación: 18 - 05 - 2007.

Pampa, ciudad y suburbio en Imago

Ciudad y campo, progreso y retroceso, civilización y barbarie;
elementos opuestos en permanente tensión que constituyen –quizás
instituidos por Sarmiento y su generación- una verdadera
caracterización en el imaginario colectivo de un país como es el
nuestro.

Son estos aspectos nacionales los analizados en la
muestra exhibida actualmente en el espacio de arte IMAGO de la
Fundación OSDE (Suipacha 658)

Ciudad: Buenos Aires, fundada definitivamente en
1580, pasó de ser una rústica aldea colonial con aires andaluces a un
verdadero centro de cultura y comercio, seguramente gracias su puerto
natural, elemento importantísimo para una ciudad que sólo miró hacia
Europa olvidando su situación latinoamericana. Fue de este modo que
adoptó no sólo la ideología del viejo mundo –especialmente de Francia-,
sino que también albergó a muchos de sus artistas: de valor más
documental que artístico, son los pequeños grabados que representan a
Buenos Aires vista desde el río de los artistas J. D. Dulin y Lemercier
y de Victor Danrin, ejecutados hacia mediados del siglo XIX. De
carácter similar, son los dos exquisitos cuadritos de Carlos Alonso,
“Jueves Tormentoso” y “Miércoles Soleado”, del año 2000. Buenos Aires,
maravillosamente retratada por grandes artistas nacionales como
Lazzari, Sívori y Guttero; las visitas lacamerianas de La Boca, así
como las de Quinquela Martín; las calles suburbanas plasmadas en el
lienzo por Pío Collivadino o los paisajes representados por Antonio
Berni en alguno de aquellos tantos collages que demuestran que no es
necesario matar al arte para utilizar materiales reciclados como medio.
Ciudad: el centro de todo que se descentraliza de a poco hasta llegar
al suburbio; ciudad que abre constantemente nuevas posibilidades: no
falta la ciudad utópica de Xul Solar, aquella maravillosa fotografiada
por Horacio Coppola y Grete Stern o el sueño jamás concretado de Daniel
Santoro de una monumental ciudad peronista.

Pampa: el campo, aquella extensión que recuerda
–como dice Sarmiento- a los desiertos orientales. Diría el miembro de
la Generación del ’37 en su famoso “Facundo” –inspirándose, obviamente,
en las descripciones de los viajeros ingleses-: es la imagen del mar en
la tierra, la tierra como en el mapa; la tierra aguardando todavía que
se la mande producir las plantas y toda clase de simiente”. Tierra y
sólo tierra alejándose hacia el infinito: quizás sea esto lo que llamó
la atención de los artistas ambulantes europeos al visitar nuestras
pampas; lo vemos, por ejemplo, en los delicados paisajes del siglo XIX
de Thomas Gibson, no difieren en se esencia de aquella obra de los años
noventa del siglo siguiente: “Pampa” de Miguel Ocampo.  Aquella vasta
extensión, vacía, desnuda su horizonte para que podamos verlo: una
fotografía de Juan Doffo, “Vértigo en el Horizonte”, correspondiente a
la ciudad de Mechita -lugar de nacimiento de su autor- nos muestra esta
línea divisoria devenida fuego. Otra característica fundamental de
nuestros campos son los gigantes cielos: algunos inspiran calma, como
los captados por Miguel Ocampo o Martín Malharro; otros, temor, lo
sublime, la fuerza de la naturaleza materializada en la tormenta, como
los de Prilidiano Pueyrredón o Jaques Bedel. No olvidemos que la
provincia (término que viene del latín pro vinci: los vencidos) es el
lugar de la no-civilización, de la barbarie; así como Manuel Olascoaga
pintara al malón indígena en “La Pampa antes de 1879” –antes del
proceso civilizatorio realizado por la conquista del “desierto” por
parte de Buenos Aires- o Ángel Della Valle su “Vuelta del Malón” (en
este caso una versión en miniatura de la conocida por todos que se
encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes), Leonel Luna pintará
“Piquete en los Bajíos de Barragán”, un verdadero piquete desarrollado
en medio de la nada.

Campo y ciudad –y en el medio el suburbio-
caracterizaron desde hace ya prácticamente dos siglo la geografía de la
que hoy es el núcleo de la Argentina, la Provincia y la Ciudad de
Buenos Aires. Enfocada a mostrar esta “cara”, muy recomendable es la
exposición “Pampa, ciudad y suburbio” que permanecerá abierta en IMAGO
hasta el próximo mes de junio.

Oficios, de Juan Cavallero

Téchne (τέχνη) en griego –en latín Ars-: oficio, técnica, arte,
términos que recién comienzan a distinguirse en la modernidad. Se puede
decir que el proceso de “sacralización” del arte -de la disciplina
artística como Arte-, comienza en el renacimiento y tiene su punto
culmine en el romanticismo –con la exaltación de la figura del
artista-. Por eso, no debería sorprendernos que un artista sea a la vez
artista y técnico manejador de un oficio y que, a la hora de exponer,
exhiba todo su patrimonio (el artístico propiamente dicho, como el que
respecta a su oficio).  

“Conócete a ti mismo”, habría dicho un griego bien
entrado el siglo V a.c. Y, sin duda alguna, aquel famoso precepto
socrático está en lo cierto: el autoconocimiento precede a cualquier
forma de conocimiento posible. Ahora bien, el psicoanálisis revela que
somos la mirada del otro; es quizás por este motivo, con el objeto de
descubrir quién es en realidad, que el reconocido diseñador Juan
Cavallero comenzó a mostrar sus dibujos y pinturas, reflejos de sus
propia personalidad, –primero a un grupo reducido de íntimos amigos,
más tarde a al publico- que, no exentas de valor artístico, se
exhibirán durante todo el mes de mayo (hasta el 3 de junio próximo) en
el Palacio Nacional de las Artes – vulgarmente conocido como Palais de
Glace- junto a objetos diseñados por él mismo y un conjunto de
fotografías tomadas durante un viaje a África.

Me reservaré de tratar su importante labor como
diseñador industrial y me limitaré a hablar de sus trabajos que,
elaborados desde hace prácticamente cuarenta años, salen hoy a la luz
para que todos podamos verlos. Dotados de una evidente influencia
neofigurativa, así como de un aire caricaturesco –no olvidemos que
Cavallero se destacó no sólo como diseñador industrial, sino como
caricaturista-, los dibujos de Juan Cavallero suelen tratar crudas
temáticas de una forma muy poética; el artista acompaña, muchas veces,
sus trabajos con algún texto poético de su propia creación. En lo que
respecta a la técnica, utiliza por lo general, pastel, grafito y
trementina sobre papel.

Esculturas, objetos, fotografías y dibujos: todos
sintetizan la figura de Juan Cavallero, un hombre talentoso, sin lugar
a dudas; un maestro de su arte, de su téchne, capaz de diseñar
elegantes modelos de griferías para baños, así como de realizar
sorprendentes dibujos y exquisitas esculturas abstractas, dejando, en
cada una de sus obras, su propia huella personal que lo caracteriza. 
“Conócete a ti mismo” habría dicho Sócrates hace como 2400 años;
Cavallero asegurará que “la mirada es lo que hace a la persona” y se
dejará ver a través de sus dibujos, que son donde él mismo ha
depositado su propia mirada a través de los años.

Santiago Federico Richetti
sfrichetti@yahoo.com.ar

 

 

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