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Fanny Mandelbaum: "Cuando voy detrás de la noticia, no me para nadie"

Fecha de Publicación: 23 - 11 - 2005.

Fanny Mandelbaum, destacada periodista argentina, cuenta cómo le va en la vida.

Arrancó en el periodismo a los treinta y pico. Dejó de ser diseñadora de modas y ama de casa para dedicarse a su nueva pasión: mediar entre lo que pasa y la gente, contando los hechos desde sus escenarios naturales. Psicóloga social y locutora del ISER, empezó haciendo móviles, subiendo poco a poco la escalera de la carrera que quería para ella y pagando diariamente derecho de piso. Se destacó en la cobertura del caso María Soledad Morales y llegó a ser en Argentina, la movilera estrella.

Cuenta con más de treinta años en la profesión, y aún continúa trabajando con la misma adrenalina que el primer día. Hoy, con la calidez y rigor periodístico que la caracterizan, Fanny forma parte del staff de Animados, magazine informativo que emite Radio Mitre de lunes a viernes de 9 a 13 horas, y conduce -en vivo- Sin Miedo, su propio programa de entrevistas, los lunes a las 22 por la señal de cable Plus Satelital.

¿Cómo venís de trabajo, en radio y cable?
Me siento muy cómoda. Estoy muy contenta en la radio, porque es la que siempre escuché. Trabajar en la radio que siempre está sintonizada en casa, es como el “sueño del pibe”. Y por otra parte, sigo con mi programa que ya cumplió 300 emisiones al aire.

¿Extrañás la televisión de aire?
Te diría que extraño compartir con las chicas. Volvería a hacer Grandiosas (durante 2003 y 2004 fue por canal 13, a las 14 horas) en cable o en radio. Fue muy lindo el equipo que se formó, no sólo con Laura -se refiere a Laura Oliva- y Karina Mazzocco, sino con las chicas de producción. Fueron dos años muy gratificantes.

Te permitió mostrar a una Fanny que nadie conocía…
Sí. Alguno se habrá preguntado: “¿Qué hace la vieja con las dos pibasí”.

Te mostrabas muy distendida…
Totalmente. Nos divertíamos muchísimo haciendo el programa. Había mucha producción atrás y mucha improvisación también, que tenía que ver con la característica de cada una. Y la parte de los reportajes era bárbara.

¿Se siguen viendo con las chicasí
Sí, dos veces por mes, por lo menos.

¿Y cómo fue tu experiencia con Fulanas –magazine que fue por América durante el 2004º
Buena, lo que pasa es que en América no dan el tiempo para que algo se materialice. El ciclo era bueno, empezamos con una idea de programa, y después, desde la dirección del canal se fueron modificando algunas cosas, que no tenían que ver con lo que María -Valenzuela, la conductora del ciclo- quería. Ella quería un programa moderno con mucha cosa dinámica e información y de repente, cuando hay muchas manos en un plato… Pero fue muy bueno trabajar con María y con Analía Maiorana, a la que no conocía y es un encanto de mujer. La pasamos muy bien juntas. ¡Fue lindo! Hasta ahora tuve suerte o quizás ayudo a la suerte, al aceptar trabajos en los creo que me voy a sentir bien. No agarraría nunca con Lita de Lázzari, por ejemplo, entre un montón de gente con la que no trabajaría y que ni vale la pena nombrar.

En la radio, también sos parte de un lindo equipo…
Sí. Había gente que no conocía, y fue para mí una sorpresa. Como Silvina Lamazares, del diario Clarín, que se ocupa de Espectáculos ó Mex Urtizberea, un tipo súper creativo con un humor absurdo que te hace pensar. ¡Bárbaro!

-¿Qué formato te gusta mucho y te faltaría hacer en televisión ó radio?
Me gusta la entrevista y por suerte me doy el lujo en mi programa. Me gusta la entrevista distendida, como ésta que tenemos nosotras: charlar a “calzón quitado”, poder hablar de todo, conocernos. A veces los tiempos de la televisión abierta no te lo permiten. En cable sí porque es mi programa, lo pago yo. Si la gente no lo ve, la que se joroba soy yo, y si lo ve, la que se beneficia también soy yo. Soy la única responsable.

Trabajás mucho. ¿Cuál es tu cable a tierra?
Sábados y domingos trato de irme afuera. Desde 1977 tengo una casita en Zelaya, un pueblito que poca gente conoce, en un country muy chiquitito de cuando la palabra “country” ni se usaba. Se conserva virgen y puro. Tiene la calle principal asfaltada y el resto de tierra, la placita, la iglesia, la escuela, la estación, y no mucho más. Me hace muy bien. Mi idea es irme los viernes y volver el domingo a la noche. Pero no siempre puedo: ahora están los nietos que quieren ir al teatro, y me encanta salir con ellos.

¿Vas con familia, amigos?
Generalmente sola. Mis hijos tienen su vida, mis nietos también, mi mamá prefiere quedarse en la Capital. De todas maneras, los amigos siempre tienen las puertas abiertas, pero no armo programas.

¿Sos muy familiera?
Sí, pero no me gusta invadir ni que me invadan. Mis hijos son muy independientes y yo también lo soy. Pero las fiestas, los cumpleaños, y todo eso, está en primer lugar. Me gusta estar porque algún día no voy a estar.

A juzgar por este living, lleno de música, flores, libros de arte, fotos de los afectos, souvenirs de cientos de viajes, sos una mina apasionada…
Me gusta disfrutar de cada momento. Sé, por experiencia, que nadie tiene la vida agarrada de los cabellos. Uno nunca sabe si mañana va a poder hacer eso que tantas ganas tiene de hacer, entonces trato de hacerlo hoy: disfrutar de la música, de las flores, de la luz, de las fotos de la gente que quiero. Si mañana puedo volver a hacerlo, fantástico.

Entre las figuras que admirás, ¿Cuáles son o fueron aquellas que te apasionaría entrevistar?
Hubo gente que hubiera amado entrevistar y ya no está. Hubo gente que pude entrevistar y con los años se borraron los casetes de audio. Una que entrevisté y que admiré profundamente, que me encantaría que estuviera viva al menos para escuchar sus sabias palabras, fue Alicia Moreau de Justo. A quien me hubiera gustado realizarle una entrevista y, cuando estuvo viva, no me animé, quizás porque me inhibía de tanta admiración que sentía por ella, fue Blackie, Paloma Efrom. La miraba de lejos como a esas cosas que nunca se alcanzan. Evita es otro personaje al que no conocí y me hubiera encantado entrevistarl.

¿Tu vida está marcada por mujeres fuertes? De hecho sos una de ellas…
Sí, fundamentalmente Blackie. Me parece que nos abrió las puertas a las mujeres en el periodismo y la producción. Fue una tipa que se animó y enseñó que se puede hacer periodismo con cultura, que la cultura y la educación no son aburridas, y que se puede sembrar desde un micrófono la no discriminación.

A las periodistas mujeres se les suele preguntar sobre momentos en los que ser mujer les jugó en contra, pero… ¿Cuándo te jugó a favor?
En cuanto a los jefes, siempre fue malo ser mujer. Siempre te dejan en segundo lugar. Cuando se trata de una nota importante, en el exterior ó peligrosa, siempre eligen a los hombres. En ese sentido, nunca fue bueno ser mujer. Pero en cuanto a hacer notas, muchas veces fue importante, porque a una mujer le resulta más fácil ponerse en los zapatos de otra mujer que sufre. Sobre todo cuando tenés una vida vivida: cuando empecé en periodismo ya estaba casada, tenía mis hijos. Muchas veces en casos de niños desnutridos, padres que pierden a sus hijos, necesidad de un trasplante, me di cuenta que ser mujer es mucho mejor porque podes llegar al corazón de la gente sin menti
r. Nos permitimos demostrar lo que sentimos. Los hombres han sido educados para mostrar que son fuertes y salvo a los más jóvenes, que sí se permiten lagrimear cuando llega el caso, al resto le cuesta demostrar sus sentimientos. Y a veces es más fácil que el otro sienta lo que vos sentís cuando se te cae una lágrima o se te quiebra la voz, que cuando transmitís algo de forma muy profesional.

¿Alguna vez sentiste miedo?
No, pero porque soy inconsciente, no por valiente. Cuando me dicen: “¿Cómo te metiste ahí, en medio del tiroteo?”. Digo: “No me di cuenta”. Cuando voy detrás de la noticia, no me para nadie. Recién cuando veo el material soy más consciente de dónde me metí.

Durante la cobertura del caso María Soledad Morales, ¿tuviste “apretadas”?
Muchas, porque mientras Ramón Saadi fue gobernador, todo el mundo estaba ahí controlando lo que hacías y lo que dejabas de hacer; y cuando dejó de ser gobernador, la “patota” seguía estando. No fue fácil. En San Luis, tampoco. Aunque ahora sea la Hollywood de la Argentina, sigue habiendo un feudalismo impresionante, y estás bien si le decís “sí” a los señores feudales. Si “deschabás” lo que realmente pasa, te van a perseguir hasta eliminarte.

En estos días, tuvo mucha repercusión el caso de censura en América. ¿Se puede ser independiente trabajando para grupos empresarios?
Yo en una época decía que era una periodista independiente. Un periodista que respeto mucho: Eduardo Aliverti, dice que no existe el periodismo independiente y me demostró que tiene razón. Si trabajás para determinada empresa que tiene intereses, por ejemplo, América, no te podés tirar contra Aeropuertos Argentina 2000. No podés decir que tienen una orden judicial, que van a tener que devolver la plata… A mí me pasó: lo dije en mi programa y me sacaron el auspicio a la semana siguiente. Yo ahí me lo banco. Pero en los canales, pasa otra cosa. Hay reglas del juego. El que diga que no, miente. Hay cosas de las que no podés hablar. Cuando estás trabajando para un medio en relación de dependencia, estás trabajando para otro. Dentro de todo, en Mitre, hasta el momento, nadie me dijo “de esto podés hablar y de esto no”. Te pasa quizás que ante los temas que uno quiere tratar te dicen: “No, ¿a quién le interesa?” Me pasa con temas que tienen que ver con la condición de la mujer y sus derechos. Pero ocurre en todos los medios manejados por hombres: para ellos lo que tiene que ver con las mujeres es de segunda clase.

¿Probaste transmitir tu experiencia a través de la docencia?
Fui durante tres ó cuatro años profesora del ISER, hasta que debí renunciar porque tenía que viajar todas las semanas a Catamarca a cubrir el caso María Soledad Morales. La experiencia me encantó. Fue muy gratificante. Tengo muchos alumnos, que trabajan hoy en los medios, que me recuerdan con gran cariño, así es que debo haber sido buena.

¿Cuál creés que es hoy “el” tema en la Argentina?
La educación y la desocupación. Van de la mano, porque un tipo desocupado no está en condiciones de mandar a sus chicos al colegio. Aunque sabe que si los educa van a tener una mejor condición que él, no puede pagarle los viáticos, los libros, ni darle un ejemplo, porque el que no tiene un trabajo está deprimido y todo eso afecta. Da lugar a la violencia familiar, a que los chicos se droguen, a que no sepan lo que es delinquir ó no, a que no distingan lo ético de lo que no lo es.

Laura Zavoyovski

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