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Graciela Arias Uriburu y su lucha sin cuartel

Fecha de Publicación: 25 - 10 - 2006.

Una mujer que debió aprender a ser madre a la distancia.

El 10 de diciembre de 1997 sus tres hijos –Karim, Zahira y Sharif, que hoy tienen 14, 12 y 10 años- fueron secuestrados por Imad Shaban, su ex, de origen jordano. Por aquel entonces la familia residía en Guatemala, donde la justicia había otorgado la tenencia de las criaturas a Gabriela, quien desconoció el paradero de sus niños durante tres meses, hasta que por vías diplomáticas y a través de medios de comunicación, supo que el padre los había llevado con él -de manera ilegal- a Jordania.

A partir de ese momento, la vida de Gabriela Arias Uriburu, cambió para siempre.

El ama de casa de treinta y cortos años debió convertirse, forzada por las circunstancias, en una madre luchadora, como ella misma se autodefine. En cada viaje –unas dos veces al año- intenta restablecer el vínculo con sus pichones, al tiempo que trabaja incansablemente para lograr que su caso siente precedentes a nivel internacional para impedir que se repita su tragedia familiar.

Es que su lucha va más allá de sus propios hijos, e incluye a todos los chicos del mundo: trabaja día a día para hacer del secuestro parental un tema con el que los Estados se comprometan. En esa línea, lidera una Fundación llamada Niños Unidos para el Mundo, que hoy por hoy, es un referente a nivel mundial. Basado en la Convención sobre los Derechos del Niño, el staff de la organización trabaja teniendo siempre como eje central, la idea de que los niños necesitan a ambos padres como pilares fundamentales para su desarrollo.

-¿Cómo fue restableciéndose el vínculo con tus hijos a lo largo de todos estos años posteriores al secuestro por parte de su padre?

Se fue haciendo cada vez más cotidiano. Los chicos saben que me ven dos veces al año. Me cuesta organizar y reordenar la relación, no solamente con los chicos, sino con su padre y su actual mujer. Sigue siendo una tarea diaria. Todavía hay cierta situación de secuestro que permanece en ellos y que hay que ir erradicando, trabajando el tema de la libertad para que no cause más dolor y daño. Hay que ir generando todo un camino nuevo de seguridad emocional.

-Pasaste de ser una madre muy joven e inexperta en muchos aspectos para convertirte en una señora que tuvo que crecer sin sus hijos…

Sí. Me fue cambiando el cuerpo y el corazón. La vida me propuso un camino, y para él tuve que prepararme física, emocional y espiritualmente. En lo físico, entreno todos los días para oxigenar mi cerebro y mi corazón, y no venirme abajo. Emocionalmente, desde el principio tuve que trabajar mi tragedia en terapia. En lo espiritual, también cambié. Yo no era de rezar el rosario todos los días, pero me encontré en situaciones en las que lo único que me otorgaba un oxígeno, en medio de cuestiones como de vida o muerte, era Dios. Si no fuera por eso, ya hubiera abandonado el camino.

-Definitivamente tu vida es otra…

Como toda madre, quisiera estar en mi casa con mis hijos, ayudándolos a crecer y dejándome ayudar por ellos para crecer como persona. Pero esto es lo que nos tocó. Eso es lo que hablo mucho con mis hijos. Tenemos que aprender a vivir con esto. Yo soy conciente de que tengo una vida totalmente diferente al común denominador.

-¿Cómo aprendiste a vivir en medio de esa situación?

A mí me pasó un 11 de septiembre en mi propia cama. Una bomba explotó dentro de mí un 10 de diciembre de 1997 y necesité levantarme a la vida. Hay vulnerabilidad, a veces miedo, pero no quiero sufrir más. Vivir es vivir, y duele vivir, porque vas creciendo y evolucionar duele, por eso estoy aprendiendo a poner a lo que duele, cuotas de humor, alegría. Levantarme todas las mañanas, entrar al chat para ver si están los chicos, tomar mate, entrenar, se han convertido en especies de rituales, cosas que son muy importantes.  

-¿Cómo es empezar en cada viaje una nueva relación con tus hijos, teniendo en cuenta que en los primeros encuentros, el tema del secuestro parental era un tema prácticamente impronunciable?

Durante muchos años la situación no se blanqueaba. Del todo, aún no está blanqueada. En esto uno tiene que trabajar mucho su deseo, necesidad, ansiedad. No puedo poner mis necesidades ni deseos en mis hijos. Tampoco pido a mis hijos que me den lo que la vida me quitó. Es una forma de ser una madre aún más despojada de lo propio para poner en primer lugar, la superioridad que los chicos se merecen en esta historia. No significa que no ponga límites con ellos. Eso tiene que permanecer siempre.

-¿Tenés comunicación permanente con ellos?

Sí, aunque me pasa que durante 15 días llamo a Jordania y no me atienden los teléfonos. Acepto que el día de mañana no será al celular de Imad –el padre de sus hijos- al que tenga que llamar, sino al de cada uno de mis hijos. Hay que trabajar para que mañana sea de otra manera. Sino es darle de comer a una situación que ya no es, que es el secuestro.

-¿Qué le va a permitir a tus hijos el cumplir la mayoría de edad?

Van a poder viajar, armar sus vidas. Lo importante en estos próximos años es generar un desarme exterior e interior. No podemos seguir ocultos ni con los síntomas que te deja un secuestro. Esto hay que limpiarlo. Hay quienes me dicen: “Crecerán y volverán a vos”. No es mi camino como mamá. Mi misión es darles la libertad y la identidad. Los padres somos constructores, instrumentos para que los hijos formen su personalidad y su lugar en el mundo. No somos dueños de su vida.

-Desde la Fundación acompañaron distintos casos que hoy están resueltos. Te preguntás en algún momento, ¿Por qué se resuelven los demás y el mío no?

Los dolores no se comparan, se comparten. Sé que soy una pionera, una punta de lanza en esto, y a que a mí me toca conjugar todo en mi historia. En ella, trabajé y me deslomé, morí y viví, y no bajé los brazos. Lo importante es rescatar que los problemas maritales no deben ser llevados a lo familiar, que debe ser una tierra reservada y salvaguardada para los chicos. Ellos no están casados con los padres, y por eso, deben quedar ajenos a sus problemas de relación. Ellos están más allá, en un lugar privilegiado. Cuidar la infancia es cuidar el futuro y el porvenir de toda la Humanidad. Son palabras muy convocantes, pero hay que llevarlas a la acción diaria.

-Estás proyectando muchas cosas en torno a la cuestión humanitaria…

Sí, estoy trabajando en pos de un camino por la paz en Jordania. Ahora viene un proceso de no alienación, no xenofobia. Estela de Carlotto me va a acompañar en esto. Es un camino nuevo, no es un camino hecho, pero eso es parte del crecimiento al que me llevó todo lo vivido. ¿Cómo se llega a la multiculturalidad? ¿Es posible? Sí, con mis hijos, lo estoy haciendo. Cada vez con más tolerancia, empatía, paciencia, sabiendo que nadie viene a imponer, sino a construir, a trabajar.

-¿En esto se basan tus días?

Hay otros proyectos personales. Como mujer, tengo que ocuparme de ellos. Estoy creando un programa que ojalá pueda ir en cable, y otro para radio. Los dos, de índole humanitaria, donde Gabriela Arias Uriburu, no sólo aparecerá como “la madre de…”, sino como una mujer que lucha por las causas de muchos. Y tengo ganas de crear una línea de fragancias y cremas relacionadas con lo vincular.

-¿Cómo sigue la situación de tus hijos en lo que refiere a acuerdos entre Argentina y Jordania?

Estoy teniendo reun
iones, pero las cosas no están como quisiera. Yo sé que para los políticos soy una pesada, pero se la van a tener que “bancar”. El nivel de acción de Estado que llevo por la causa de mis hijos es muy comprometida y a los políticos les choca un poco. Quizás todavía no ha nacido el político lo suficientemente humanitario como para firmar un acuerdo con Jordania. Quizás, sí. No lo sé. Es fundamental que se firme. Ojalá lo haga la Argentina, pero no sé si será mi país.

-¿Es cierto que desde principios de 2005 el gobierno te quitó su apoyo?

Algo así. Los últimos dos viajes fueron hechos a base de donaciones personales, “vaquitas”. Los últimos dos años fueron muy positivos en algunos aspectos, pero me pusieron entre la espada y la pared constantemente.

En la Argentina, la fundación, más precisamente, su oficina, debería haber crecido. Yo he crecido, pero sin embargo, he tenido que cerrar la oficina. Trabajo con todo mi equipo vía virtual. Me he convertido en una fundación, en una mujer, que tiene copado un espacio virtual. Lo acepto, pero me parece que no debe ser así. Estoy pensando seriamente si tengo que seguir en la Argentina o desarrollar esto en otro lugar, sin perder, por supuesto, lo que se hizo acá. Estoy en un momento de encrucijada, pidiendo a Dios que me ilumine porque mi labor es que todos los niños del mundo crezcan en contacto con sus dos papás. En esto hay que involucrar al Estado y hacer acción en la Convención de los Derechos del Niño. No es un proclamar; es un accionar.

La historia completa

El relato de los últimos años en la vida de Gabriela Arias Uriburu y sus tres hijos, está completo en el libro “Jordania, la travesía”, de Editorial Atlántida. De una manera clara y precisa, la escritora -la propia Gabriela- va contando qué es lo que pasó desde el 10 de diciembre de 1997, cuando sus hijos fueron secuestrados por su padre, hasta enero de 2005. Cómo canalizó su lucha, las idas y venidas que padeció en el camino, la discriminación que sufrió por ser mujer e impulsar al secuestro parental como tema a tratar en los más altos niveles de los organismos internacionales, entre muchos otros temas.

Laura Zavoyovski

Más info: www.kazasha.com / www.foundchild.org.ar

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