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Halldor Laxness

Fecha de Publicación: 01 - 03 - 2006.

Premio Nobel 1955

Este autor islandés es considerado el más destacado entre los escritores
contemporáneos de ese país (1902-1998).

Oriundo de Reikjavik, su verdadero nombre fue l Halldór Gudjónsson. Fue
cambiante protagonista de las épocas en que le tocó vivir y parte de ese
cambio e inestabilidad lo reflejó en sus obras y más aún en sus modos de
vida. Así se alternó en posturas ya como católico, o surrealista, o
socialista. Justamente su primer novela importante fue el testimonio de su
conversión al catolicismo y su posterior decepción con la Iglesia: “El
gran tejedor de Cachemira” , escrita en 1927.

Tras una intensa labor literaria, en la década de 1950, Laxness fue activista
del “Movimiento por la paz”, apoyado por la Unión Soviética, y recibió
el Premio Stalin de Literatura en el año 1952 y obtiene el Premio Nobel en
1955.

A partir de esa época fue invadido por un creciente misticismo. Escribió
numerosas obras teatrales, varios volúmenes de ensayos; y en 1975 publicó
las memorias de su juventud en modo novelado.

Su obra:

El libro de los pueblos (1929)
Salka Valka (1932)
Gente independiente (1935)
Luz del mundo (1940).
La campana de Islandia (1946),
Estación atómica (1948)
La saga de los bravucones (1952)
El paraíso reconquistado (1960).
El taller de tejido (1962)
En el recinto de la casa (1975)

Fuego o escarcha
fragmento de “Gente independiente”

Bjartur no regresó a la Casa Estival hasta el día siguiente. La perra
caminaba silenciosamente a su lado, en alborozada expectativa. Es hermoso
volver al hogar y cada vez que el animal se adelantaba algunos metros a su
amo, se detenía y le miraba con sus ojos llenos de una fe inconmovible. Luego
volvía junto a él describiendo una gran curva. Su reverencia por su amo era
tan fuerte que ni siquiera se aventuraba a caminar delante de él. Un perro
encuentra en un hombre las cosas que quiere encontrar.

Bjartur se inclinaba hacia adelante, en las ráfagas de nieve empujadas por el
viento, llevando a Blesi de las riendas y lanzando de tanto en tanto una
mirada a su perra…pobre cosa piojosa y atacada por las lombrices. Pero ¿dónde
se encontrará la felicidad si no es en esos ojos castaños, dónde se
encontrará la lealtad que nada puede destruir – Ni la desdicha, ni el
deshonor, ni las mordeduras de la conciencia… nada puede apagar ese fuego.
Pobre perrita. A sus ojos Bjartur de la Casa Estival debía ser siempre el más
alto, el más grande, el mejor, el incomparable. El hombre encuentra en los
ojos de un perro lo que quiere encontrar.”

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