Tango Todo

Imágenes de la inmensidad Antártica

Fecha de Publicación: 14 - 02 - 2006.

Marité Malaspina nos cuenta sus experiencias en la Antártida

La fotógrafa Marité Malaspina, especialmente invitada, realizó en el
mes de marzo un viaje a la Antártida, a bordo del Rompehielos
Comandante Irízar. Allí, en la búsqueda de nuevas imágenes, logró
compenetrarse una vez más con los cuatro elementos que son su canal de
expresión: el agua, el aire, el fuego y la tierra.

E.M.: Cuénteme sobre el viaje a la Antártida. ¿Qué sintió ante ese paisaje?
M.M.:
Me
impresionó ver esa inmensidad, esa vastedad y saber que son tan
poquitos los que están allí. Me estremeció tremendamente el espíritu y
me sentí gratificada por la vida. El paisaje no fue lo que más me
emocionó, sí la naturaleza. Porque como paisaje es monótono: es blanco,
blanco, blanco, que se repite constantemente, en líneas generales.

E.M.: ¿Qué fue lo que más la motivó en aquellos parajes?
M.M.:
Lo
que más me motivó fue el tema agua, yo, en realidad, fui con esa
búsqueda. Encontrar desde la burbuja de agua líquida hasta esa burbuja
congelada, hasta el hielo abriéndose, dejando ver una veta de tierra en
el suelo. Es muy interesante ver la variedad de hielos que hay: desde
los colores, desde las formas, desde lo que es el hielo de un témpano,
de un glaciar, hasta el hielo de mar… y entenderlo.

E.M.: Al exponer este trabajo, ¿Cómo lo va a enfocar?
M.M.:
Me
tocó muy fuerte y creo que por ahí va a pasar un poco la exposición del
material, el tema de la Antártida: pasado, presente y futuro.Me sentí
en el pasado, cuando era una zona con árboles, con vegetación, en el
presente el suelo es el mismo pero está congelado y vi allí el futuro ,
ya que este planeta depende del agua dulce, es el reservorio nuestro.

E.M.: Mencióneme las bases que visitaron
M.M.:
Base
Primavera, Base Esperanza y Base Marambio. Base Primavera, que es
bellísima, tiene una costa bastante escarpada, con piedras. Ahí
solamente se ve un pastito tipo liquen cuando está próximo el verano,
estuve desesperada buscando ese pedacito de verde. Base Esperanza es
donde están las familias, fue conmovedor. Recuerdo haber visto una mamá
con dos criaturas caminando rápido de una casita a otra (a la escuela o
al “Club House”) y hacía 47° bajo cero. Ahí recapacitás y pensás: esta
gente está un año acá, ¡Qué fortaleza, que preparación psíquica hay que
tener! En Marambio trabajan los científicos, con su gran amor a la
ciencia, totalmente dedicados a ella. Caminar en esos espacios no es
nada fácil.

E.M.: ¿Qué le pasó al regresar, cómo se sintió tras esa experiencia?
M.M.:
Necesitaba
salir un poco de todo eso, procesarlo y me fui con mi marido a Salta.
Te cuento que todavía no tengo elegida las fotos que expondré, hacerlo
me va a llevar su tiempo. Además pienso realizar un libro basado en el
agua, como la potabilizan etc.

E.M.: Si tuviera que elegir un recuerdo especial del viaje ¿Cuál sería?
M.M.:
Haber
navegado en un gomón en aguas antárticas. Tocar el agua, mojarme la
cara, ver esa transparencia, es extraordinario. Eso me dio la
posibilidad de estar inmersa en el silencio y de tener al lado mío
glaciares y hielos impresionantes. Es un lugar tan abierto, tan puro…
Una experiencia inolvidable.

Analía Espósito

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