ETC Magazine - Revista On Line - Hijos del corazón
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Un compromiso diferente

Pensar en la adopción es pensar en un nuevo modo de dar a luz, es hablar de la unión entre un anhelo de amar y un anhelo de ser amado, de proteger y ser protegido, de crecer y ser conducido, de cuidar y ser cuidado, de ser padres y tener padres.

Entonces, ¿qué es lo que hace que la adopción sea vivida, en muchos casos, como una situación traumática y conflictiva ? 
La idea de adoptar puede producir en las personas, al principio, muchas resistencias, pues implica aceptar el fracaso de no poder procrear y reconocerse estéril. Es difícil aceptar las limitaciones personales y para nosotras, las mujeres, es mucho más complicado pues nuestro vientre, preparado para albergar un bebé, estará vacío y sin vida y tendremos que elaborar el duelo por una panza que nunca va a “crecer”. A veces nos cuesta saber que otra mujer ha podido concebir a nuestro hijo y nos lo ha dado. Y si el niño tiene otra apariencia física (su piel o sus rasgos) no podemos reconocernos en él físicamente es otro duelo el que tendremos que elaborar y darnos cuenta de que la incapacidad biológica no nos imposibilita la capacidad maternal aunque nuestro hijo sólo se parezca a nosotras espiritualmente.

¿Por dónde comenzar?
 
Es conveniente que la adopción sea concretada cuando ambos cónyuges son los que desean la llegada de un hijo, cuando los dos están dispuestos a aceptar las alegrías y tristezas que implica ser padres o madre adoptiva soltera. Algunos hombres inmaduros temen perder su lugar en la pareja, dejar de ser “los mimados”, y no poder acomodarse al nuevo equilibrio familiar. Estas emociones van más allá de la adopción, tienen que ver con el compromiso que significa convertirse en padres, pero ellos desean seguir siendo “el niño” de su mujer. Sobretodo en los países del tercer mundo donde el hombre es, primero, el niñito de mamá y, luego, el niñote de su mujer.En algunas parejas, se deposita en el hijo que va a llegar la esperanza de solución a los problemas conyugales. Es muy importante que los futuros padres tomen conciencia de estos conflictos e intenten encarar su solución antes del ingreso de un hijo a la familia realizando una psicoterapia breve focalizada en el tema de la adopción.

¿Cómo y cuándo decirle al niño que es adoptivo? ¿Es necesario? 
Decir la verdad sobre el origen del niño siempre es conflictivo para la mayoría de los padres adoptantes. Las parejas que deciden ocultar al niño su historia no sólo temen por el hijo, sino por poner en juego ante los demás y ante sí mismos su lugar de padres y ser discriminados por las demás personas. Es importante señalar que no es negar los sucesos lo que nos ayuda a superarlos. Sólo teniendo conocimiento de los mismos podemos enfrentarlos. Respecto del cuándo y el cómo comunicar la verdad, es conveniente abrir la comunicación desde temprano, a partir de comentarios sencillos acerca de la vida cotidiana (mujeres embarazadas, perras preñadas, etc.). Los niños deben recibir información acorde con su edad y sus inquietudes; en un lenguaje sencillo y comprensible. No hay que apresurarse, la explicación de la verdad sobre su origen es un proceso largo que puede llevar años. 

¿Qué hacer si nuestro hijo quiere conocer a sus padres biológicos? 
Ante todo hay que desechar el miedo, las elucubraciones y las fantasías que esta situación produce en los padres adoptantes. Los padres adoptantes deben pensar que los progenitores de su hijo son personas en conflicto y no necesariamente delincuentes, y que el abandono no fue un acto perverso sino resultado de la imposibilidad de cuidar de él. Si esta necesidad existe en nuestro hijo ya adulto, lo importante es acompañarlo en la búsqueda. Los hijos que fueron cuidados y protegidos, y que mantuvieron una buena relación con sus padres adoptivos no suelen tener la necesidad de conocer a sus padres biológicos. Y si los conocen, en general, no se vinculan afectivamente con ellos. Sólo satisfacen su curiosidad. 

¿Cuáles son los requisitos para adoptar? Por supuesto esto depende de la legislación vigente en cada país. En Argentina, por ejemplo, no importa el estado civil de la persona: se puede adoptar siendo soltero, casado, viudo, separado o divorciado. En todos los casos se debe acreditar residencia en el país en cuestión por un período determinado y se debe cumplir con exámenes psicofísicos, económicos, sociales, etc. Algunas legislaciones establecen edad mínima y máxima para adoptar y además, suelen exigir una diferencia de edad determinada entre adoptante y adoptado.

¿Es posible la adopción internacional? 
La adopción no se ha mantenido ajena al fenómeno de la globalización y ha trascendido los límites nacionales. A veces las listas de espera en nuestro país de residencia son interminables, los trámites infinitos, y la espera se prolonga más de lo deseado. La adopción internacional constituye una alternativa cada vez más frecuente. No es conveniente afrontar el proceso solos. Es recomendable charlar con papás que ya hayan adoptado de esta forma, consultar con especialistas. Hay muchos grupos de padres que funcionan como “familias guía” y que no sólo pueden aportar su saber y experiencia acerca de los requisitos o los trámites que se deben realizar, sino también pueden acompañar y contener a los futuros padres adoptantes en la búsqueda.

Todavía me emocionan algunas frases de un poema de Neimar C. Barros que están en mi libro “Adoptivo. Los hijos del corazón”: 
 “Cuando tu llegaste no quisimos saber nada de nada, sólo quisimos amarte (...)
No te dimos un vientre durante nueve meses, pero te dimos la certeza de un gran amor por la vida. Hoy eres nuestro porque te amamos, porque sufrimos en la carne tu dolor. Eres el complemento, eres el espacio que llenó el vacío que existía dentro de cada uno de nosotros.” 

Lic. Dora Kweller
Psicóloga

  

 

 

 

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