Tango Todo

José Martí

Fecha de Publicación: 02 - 03 - 2006.

José Julián Martí Pérez nació en La Habana, Cuba, el 28 de enero de 1853.
A los 16 años fue encarcelado por sus ideas en pro de la independencia de su
país. En 1867 fue condenado a seis años de trabajo forzoso, sentencia que
cumplió durante un año, hasta que fue desterrado a España. Allí publicó,
en 1871, El presidio político en Cuba, el primero de sus numerosos textos en
defensa de la independencia cubana del dominio español.

Se licenció en Derecho y Filosofía y Letras en 1874 en la Universidad de
Zaragoza y estuvo luego en Francia, México y Guatemala. Regresó a Cuba en
1878, pero fue nuevamente deportado en 1879 por sus continuas actividades
revolucionarias. Durante el tiempo que vivió en Estados Unidos (1881-1895),
adhirió al Partido Revolucionario Cubano (PRC), fundó el periódico Patria
(1892) y fue corresponsal del diario argentino La Nación. En 1892 fue elegido
delegado del PRC y dos años más tarde encabezó a un grupo de
revolucionarios armados que pretendían invadir Cuba, acción que fue
interceptada en Florida (Estados Unidos). Tres años más tarde, Martí logró
llegar a su país, junto al general Máximo Gómez y una tropa independentista
que lo aclamaba como el futuro presidente de Cuba. El 19 de mayo de 1895, José
Martí murió durante una escaramuza con tropas españolas, en Boca de Dos Ríos.
De esas actividades quedó su diario íntimo -De Cabo Haitiano a Dos Ríos-,
interrumpido con su muerte. En paralelo con su accionar político, Martí se
convirtió en el máximo exponente de la literatura cubana como precursor del
modernismo, a pesar de que, en vida, sólo publicó dos libros de versos en
ediciones de autor. Entre sus numerosas obras se encuentran poemas, ensayos,
discursos, artículos periodísticos y una novela.

Cultivo una rosa blanca,
En julio como en enero,
Para el amigo sincero
Que me da su mano franca.
Y para el cruel que arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni oruga cultivo:
Cultivo la rosa blanca.

José Martí – 1891


Versos Sencillos-1891
PRÓLOGO

A Manuel Mercado, de México
A Enrique Estrázulas, del Uruguay

Mis amigos saben cómo se me salieron estos versos del corazón.
Fue aquel invierno de angustia, en que por la ignorancia, o por fe fanática,
o por miedo, o por cortesía, se reunieron en Washington, bajo el águila
temible, los pueblos hispanoamericanos. ¿Cuál de nosotros ha olvidado
aquel escudo, el escudo en que el águila de Monterrey y de Chapultepec, el
águila de López y de Walker, apretaba en sus garras los pabellones todos
de la América? Y la agonía en que viví, hasta que pude confirmar la
cautela y el brío de nuestros pueblos; y el horror y vergüenza en que me
tuvo el temor legítimo de que pudiéramos los cubanos, con manos
parricidas, ayudar el plan insensato de apartar a Cuba, para bien único de
un nuevo amo disimulado, de la patria que la reclama y en ella se completa,
de la patria hispanoamericana, -que quitaron las fuerzas mermadas por
dolores injustos. Me echó el médico al monte: corrían arroyos, y se
cerraban las nubes: escribí versos.
A veces ruge el mar, y revienta la ola, en la noche negra, contra las rocas
del castillo ensangrentado: a veces susurra la abeja, merodeando entre las
flores.

¿Por qué se publica esta sencillez, escrita como jugando, y no mis
encrespados Versos Libres, mis endecasílabos hirsutos, nacidos de grandes
miedos, o de grandes esperanzas, o de indómito amor de libertad, o de amor
doloroso a la hermosura, como riachuelo de oro natural, que va entre arenas
y aguas turbias y raíces, o como hierro caldeado, que silba y chispea, o
como surtidores candentes? ¿Y mis Versos Cubanos, tan llenos de enojo, que
están mejor donde no se les ve? ¿Y tanto pecado mío escondido, y tanta
prueba ingenua y rebelde de literatura? ¿Ni a qué exhibir ahora, con ocasión
de estas flores silvestres, un curso de mi poética, y decir por qué repito
un consonante de propósito, o los gradúo y agrupo de modo que vayan por la
vista y el oído al sentimiento, o salto por ellos, cuando no pide rimas ni
soporta repujos la idea tumultuosa? Se imprimen estos versos porque el
afecto con que los acogieron, en una noche de poesía y amistad, algunas
almas buenas, los ha hecho ya públicos. Y porque amo la sencillez, y creo
en la necesidad de poner el sentimiento en formas llanas y sinceras.

José Martí
Nueva York, 1891

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