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José Pedroni

Fecha de Publicación: 02 - 03 - 2006.


Este poeta argentino nació en 1899 en la localidad de Gálvez, en la
Provincia de Santa Fe y falleció en su provincia natal en 1968.

Escribió con dulzura ,no por eso con poca objetividad, sobre lo cotidiano
y lo sencillo, poniendo su mirada de amante de la naturaleza, revelando la
vitalidad de su mundo interno.

En ocasión del centenario de su nacimiento María Dagatti de Assenza dijo:
“… Jose Pedroni es un poeta. De nada vale teorizarlo. Necesita ser vivido.
Así como el vivió cada uno de sus versos, de sus imágenes, los lectores
vivimos cada vez que logramos posar nuestros espíritus sobre sus poemas…

Su Obra:

La gota de agua (Buenos Aires 1923)
Gracia plena (Buenos Aires, 1925),
Poemas y palabras (Buenos Aires, 1935)
Diez mujeres, romances (Buenos Aires, 1941, 2da.Ed., 1945)
Nuevos cantos (Buenos Aires, 1944)
Canto a Cuba (Buenos Aires, 1960)
Cantos del hombre libre (Santa Fe, Argentina, 1960)
La hoja voladora (Buenos Aires, 1961),
El nivel y su lágrima (Santa Fe, 1963)
Obra poética (Rosario, Argentina, 1962, 2 vols.)

Este poeta, que injustamente ha quedado algo relegado en el panorama de las
letras argentinas, escribió: “La gloria no es más que un verso
recordado”.


Cuna

Haz con tus propias manos
la cuna de tu hijo.
Que tu mujer te vea
cortar el paraíso.

Para colgar del techo,
como en los tiempos idos
que volverán un día.
Hazla como te digo.

Trabajarás de noche.
Que se oiga tu martillo.
“Estás haciendo la cuna”
que diga tu vecino.

Alguna vez la sangre
te manchará el anillo.
Que tu mujer la enjuague.
Que manche su vestido.

Las noches serán blancas,
de columpiado pino.
Harás según el árbol
la cuna de tu niño.

Para que tenga el sueño
en su oquedad de nido.
Para que tenga el ángel
en un oculto grillo.

La obra será tuya.
Verás que no es lo mismo.
Será como tus brazos
la cuna de tu hijo.

Se mecerá con aire.
Te acordarás del pino.
Dirás: “Duerme en mi cuna”.
Verás que no es lo mismo.


Poeta

Yo fui un niño una vez, pero hace mucho.
Me dormía enroscado en la vereda.
Hay una voz que todavía escucho.
Hubo una mariposa. Era de seda.
Debió pisarme alguna vez un hombre.
Debió mirarme una mujer dolida.
Yo no me acuerdo. No tenía nombre.
Era, me acuerdo, como liebre herida.
Enamorada de mi sangre sola
que se dormía al sol en cualquier trigo,
la mariposa entraba en mi corola.
Yo no sé lo que ella hizo conmigo;
pero ella iba detrás de mi amapola,
ella y la voz que me llamaba amigo

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