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La lección del piel roja

Fecha de Publicación: 27 - 11 - 2007.

La sabiduría de entender los valores primordiales y el mensaje de la tierra

"El Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. Vamos a considerar su oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego y …

tomarse nuestras tierras. El Gran Jefe podrá confiar en lo que dice el jefe Seattle. Mis palabras son inmutables como las estrellas. ¿Cómo podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua. Habéis de saber que cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo.

Los ríos son nuestros hermanos, ellos colman nuestra sed. Los ríos llevan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras, deberéis recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y hermanas de vosotros. Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. La tierra no es su hermana sino su enemiga. Deja detrás de él las sepulturas de sus padres sin que le importe. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras sí sólo un desierto. No lo comprendo. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún lugar donde pueda escucharse el desplegarse de las hojas en primavera o el rozar de las alas de un insecto. Pero quizás sea así porque soy un salvaje y no puedo comprender las cosas.

El ruido de la ciudad parece insultar los oídos. ¿y qué clase de vida es cuando el hombre no es capaz de escuchar el solitario grito de la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la laguna? Soy un hombre piel roja y no lo comprendo. Los Indios preferimos el suave sonido del viento que acaricia la cara del lago y el olor del mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado por la fragancia de los pinos.

Consideramos vuestra oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarlo, pondré como condición: que el hombre blanco deberá tratar a los animales de estas tierras como hermanos. He visto miles de búfalos pudriéndose sobre las praderas, abandonados allí por el hombre blanco que les disparó desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo cómo el humeante caballo a vapor pueda ser más importante que el búfalo al que matamos para poder vivir. Vosotros debéis enseñar a vuestros hijos que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Todo lo que afecte a la tierra, afectará a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen en el suelo, se escupen así mismo. Esto lo sabemos.

La tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. Todas las cosas están relacionadas como la sangre une a una familia. No comprendemos lo que será cuando los búfalos hayan sido exterminados, cuando los caballos salvajes hayan sido domados, cuando los recónditos rincones del bosque exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas esté cerrada por un enjambre de alambre parlante.

¿Dónde está el espeso bosque? Desapareció. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Así termina la vida y comienza el sobrevivir."

Cacique Seattle 
Tribu Suwamish – 1855

 

 

 

 

 

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