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La tradición Celta

Fecha de Publicación: 24 - 11 - 2005.
” Nada de mezquindad, nada de miedo, nada de celos”. Reina Mabdh.

Hay un resurgir en Argentina de la cultura celta, sobretodo empujado por la música y el consumo de cerveza que se le asocia. San Patricio, santo patrono de Irlanda, es ya bastante popular en Buenos Aires. Ignoro las causas, mas me inclino a pensar que es una manera que tenemos los argentinos de devolver gentilezas al pueblo irlandés que festejó en las calles y en los frentes de sus casas, el 2 de abril de 1982.

En cuanto a los “galegos” jamás debilitaron la misión de difundir sus costumbres por estas tierras. Creo que son las colectividades más numerosas y pujante en Argentina ( el resto de la “raza celta” están integradas por escoceses, galeses, bretones y asturianos). No puedo ser del todo ingenuo y pensar que el renacer de la cultura celta tiene que ver simplemente la pérdida del filo de las garras del león británico y el florecimiento del parlamento autónomo escocés, el boom de la economía irlandesa, la aparición de canales galeses que transmiten en programas que despiertan la lengua oculta, y con la autonomía lograda por los “galegos” en su patria. Pero más acá del oportunismo mercantilista, debemos aprovechar el momento para difundir algunos aspectos de la cultura celta, en especial, su mitología. Este es el propósito de este confortable espacio que nos cede Diana Alvarez en su publicación. Esperamos no desaprovechar el momento y la confianza que nos brinda desinteresadamente.

Antes de pasar a nombres y acontecimientos propios de la cultura celta, es preciso convenir cuál es el aporte celta en la formación del pensamiento o el carácter occidental. Consideramos que la cultura occidental se formó por la superposición de capas de distintas tradiciones, tres de las cuales corresponden a pueblos indoeuropeos y otro aporte considerable, se lo debemos a los semitas. No siempre hubo relaciones armónicas entre los legados culturales, pero ya hace tiempo, que se ha plasmado un pensamiento de Occidente en que los “ruidos” antagónicos han sido reducidos a mínimos exponentes.

De la tradición judeo-cristiana hemos aprendido que Dios es el centro de todas las cosas, expresado en la máxima de San Buenaventura: ” Dios es una esfera inteligible, cuyo punto está en todas partes y su circunferencia en ninguna”; es decir, Dios ahora está en los ojos del lector y a su vez, en las manos de quién escribe, en cada letra, en cada frase. No podemos dejar de mencionar que el aporte de los semitas tiene que ver con la creencia en la redención de los justos, la visión apocalíptica de la historia y el profetismo. Gracias a la destacada civilización de los árabes, pudimos tomar contacto con las obras de griegos, romanos e indios, pues el cero, fue un legado de la India, transmitidos por los árabes. Cuando Europa era un conjunto de míseros caseríos, la ciudad de Córdoba en España, tenía alumbrado público y pavimentos entre otras ventajas. Mas como si fuera poco, los árabes nos transmitieron el molde del erotismo y la sensualidad a través de Sus Mil y Una Noche.

El aporte de la tradición greco-latina la podemos resumir en dos grandes pilares: el logos griego, que no es tanto la facultad de razonar en sí misma, sino de argumentar los razonamientos, de razonar, en todo caso, en determinada dirección y con un método. De los romanos, legado que sigue vigente hoy en día, es el fundamento del derecho. Luego irrumpe el legado de los germanos: la vida heroica, y la disposición de una naturaleza fuertemente jerarquizada. ¿ Y cuál es el aporte de los celtasí: la imaginación fantástica, el mundo feérico, el mundo de las hadas, las ciudades encantadas bajo las aguas, los palacios encantados bajo las tierra son los aportes más evidentes que aun perduran en nosotros a través de los cuentos con los que nos entretuvieron. Mas esto es una restricción que deja fuera a gran parte del pensamiento mítico celta. Creo que su principal aporte es pensar y acaso justificar, que los dos mundos, el natural y el sobrenatural no son antagónicos, sino complementarios y que la barrera entre uno y otro, es frágil, lábil, permeable en ambas direcciones. Siempre hay visitas en una y otra dirección, seres sobrenaturales que cenan en nuestra mesa y seres naturales que son acogidos en las mesas frondosas del más allá, donde la comida y la bebida abundan en calderos mágicos.

Creo que es un aporte sustancial para nuestra vida anímica e intelectual que se ha solidificado en la famosa introducción al cuento: ” Había una vez, en un lejano país, un rey que….”. Con el riesgo de ser reiterativo, desearía que se pudiera entender que los griegos no nos enseñaron a “razonar” pues es una disposición de la especie humana. Los romanos no nos enseñaron el derecho, pues es una institución de la cual no ha carecido ninguna sociedad a lo largo del tiempo. Los germanos no inventaron al héroe pues este personaje aparece ya en las pinturas rupestres partiendo a matar monstruos, que es su primera función. Y cuando estudiamos las religiones primitivas, no podemos dejar de conmovernos de todos los antecedentes considerables de moral y ética que lo preceden y del cual se alimenta. Pero todos estos conjuntos conformaron la mentalidad occidental en determinado período y en determinado lugar asignados por la historia. Renunciar a esos principios fundadores del pensamiento, requieren de un gran esfuerzo cuyo éxito es incierto.

En la próxima publicación ubicaremos a los celtas en tiempo y espacio.

Prof. Guillermo Echavarría Molloy

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