DAL Comunicación

Las montañas

Fecha de Publicación: 15 - 12 - 2005.

Hoy
desde este editorial les propongo conectarnos con un estado especial,
quizás podríamos decir un sentimiento ?cu?l? uno que puede ser
doloroso, dulce, que sea como sea es fuerte y valido: el recuerdo.

El tercer domingo de Junio celebramos en Argentina el día del padre,
vaya el festejo a quienes están y el amor para todos.

Las
monta?as (de “La niña que recuerda”)

Los libros de cuento me nombraron las monta?as por primera vez.

Si tengo que describir de alguna forma el significado de la emoción, no
dudar? en conectarme con lo que sentí cuando mis o?dos estrenaron esa
palabra. Desde aquel instante, en muchas siestas de mi infancia, o en
tediosas esperas en lugares que me aburr?an, el imaginarlas acortaba el
tiempo o la impaciencia.

Yo era la hero?na humilde y feliz corriendo tras las cabras, mientras
un abuelo rudo y protector cortaba le?a o preparaba quesos en una
r?stica cabaña.

También me identificaba con los turistas que se hospedaban en lujosos
hoteles para poder deslizarse esquiando por laderas de nieve espesa.

?Nieve! otra delicia hasta entonces inalcanzable.

Así llegaba a remotos lugares , Navidades diferentes, costumbres
asombrosas, muchas de ellas, anheladas.

¿Cómo serían aquellas moles de roca – Para mí, todas terminaban en
picos agudos que tocaban el cielo y siempre los recubr?an blancos
flecos. M?s abajo, casas de fachadas muy diversas completaban el
paisaje, en el que por supuesto no faltaban los pinos y hasta una cruz
grande de hierro forjado que, de lejos, me indicaba que aquella
construcción era la capilla donde anidaban cig?e?as, ya acostumbradas
al repicar de las campanas.

Un oto?o, sucedió el milagro.

Mi padre, que deb?a realizar un viaje de negocios, me invitó a
acompañarlo.

Yo ten?a once años y ya para entonces, mi visión de las monta?as había
adquirido un perfil más real. Sin embargo, al o?r que el destino del
viaje era la provincia de Mendoza, salt? hacia ?l y lo envolv? en un
abrazo para gritarle ?Sé!, pero no pude hablar, aunque al recordar su
sonrisa, creo que ?l también sinti? que toda yo era roca, mineral,
agua, viento y nube, hasta nostalgia, por el sue?o de lo desconocido
que ya dejar?a de serlo.

Los días que siguieron fueron agitados por los preparativos, pero aún
más por el latir de mi ilusi?n.

Todo fue v?rtigo hasta que rodeada de acequias, sintiendo la mano y la
voz de pap?, me encontr? divisando, a lo lejos, los montes de nuestra
cordillera.

?Fue tan sencillo y hermoso!

La vida me depar? otras sorpresas, nuevos viajes, más l?grimas y risas,
pero aquel “descubrimiento” junto a ?l, fue, afortunadamente,
irrepetible.

Por eso a mis letras, en este día, las transformar? en susurros para
que no pesen, para que alivianadas puedan volar mucho más allí de las
cimas de las monta?as y lleguen al lugar exacto donde decir: TE QUIERO,
GRACIAS…

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