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Las palabras malas

Fecha de Publicación: 15 - 12 - 2005.

?Me
equivoqu?? ?Quise decir las malas palabrasí En realidad mi equivocación
ser?a reconocer que existen las malas palabras o las palabras malas. De
por s?, las palabras carecen de connotación. Pueden gustarnos o no,
pero todo depende del modo en que se usan.
Creo que las palabras
pueden ser inapropiadas cuando se usan de modo equivocado. Y esto es lo
que pasa con aquellas que, por una cuesti?n de costumbre, han pasado a
ser sin?nimos de bronca, asombro, felicitación, etc., cuando en
realidad su significancia original pose?a otro sentido, por ejemplo:
nombrar partes del cuerpo humano, insultar, felicitar, demostrar agrado
o disgusto.
Se escucha ?qu? hijo de …. que bien lo hace!, así entonces la
supuesta mala palabra pasa a ser una de elogio. O existen también
aquellas que se inventan por exagerado o divertido pudor y entonces
surgen: lolas, lomo, gato, … Y así hay muchos ejemplos más que no
vale la pena nombrar porque para muestra basta un bot?n.
Tal vez puedan decir que no es tan grave esta distorsi?n, pero opino
que s?, dado que se suma a tantas otras distorsiones que no mejoran
nuestra forma de ser ni nuestro modo de vivir, por el contrario, al
utilizarlas de esta manera vamos empobreciendo más nuestros medios para
expresarnos con claridad, esa claridad que tanto necesitamos y que nos
exaspera no encontrar, hasta tal punto que nos provoca decir ?cada vez
entiendo menos lo que pasa!.

No dudo de que puede resultar impactante el uso de alguna supuesta
?mala palabra? cuando es utilizada como recurso para diferenciar y
llamar la atención sobre muy determinada situación, pero estoy
convencida de que esto sólo puede hacerse si va acompañado de
ingredientes especiales: la inteligencia y el verdadero ingenio.
Cuando se abusa de ellas ya no resultan tan divertidas o llamativas,
son simplemente vocablos dichos por todos que, repito, perdieron su
verdadero significado y al tiempo aburren y necesitan ser cambiados por
otros y así la rueda gira y se agranda en busca de una originalidad
cada vez más lejana. A las palabras también se las puede pensar como
herramientas, así resultan más o menos ?tiles, depende de la habilidad
de quien las maneja y para qu? las emplea.
Algo similar ocurre con lo er?tico y lo pornogr?fico. Es maravilloso
disfrutar de lo sensual, de nuestros sentidos, como ingrediente
cotidiano: sensualidad en el sexo, en la comida, en las diversiones, en
hacer lo que se prefiere. En cambio, lo pornogr?fico desfigura esa
capacidad de disfrute y la vuelve comín ya que está en todos lados y
sin esfuerzo, abunda tanto que es vulgar, deja de tener el valor
especial de lo deseado, lo que mueve a soíar y conquistar.
Las alegrías, los enojos, los equilibrios, los sentimientos, ellos son
los que tienen connotaciones propias, son partes importantes,
engranajes en el motor de la vida. Busquemos las palabras y los modos
más equilibrados para que ese motor funcione de modo tal que alcance su
mejor rendimiento.

Diana Alvarez

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