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Libra y el complemento… ¿amor o apego?

Fecha de Publicación: 16 - 12 - 2005.

Libra, séptima constelación del Zodíaco, tiene que ver con el complemento y la pareja. ¿Cómo vivimos normalmente esta relación?

 

 

El alma viene a cumplir una misión y esa misión es el servicio. Tarde o temprano descubrimos que nuestra misión es servir y que la tarea básica del alma se cumple cuando desarrollamos correctas relaciones humanas. Estas relaciones deberán ser armónicas, es decir, no fundamentadas en el apego. Por eso, la primera condición es que la personalidad conquiste el desapego.

 

 

El desapego no es una condición negativa, sino una condición vigilante, positiva, que nos libera de algo que nos impide el contacto con el alma; ese algo es el miedo a la libertad. Tenemos apego, cuando tenemos miedo a la libertad. Tenemos apego cuando perdemos el poder interior. Tenemos apego cuando nos volvemos dependientes de una persona, de un evento, de una circunstancia; inclusive de la religión como una muleta exterior, no como un punto de apoyo interior.

 

 

El apoyo en lo externo nos hace perder el poder, dado que nos hace perder el punto de apoyo interior y éste es autonomía. La autonomía es contacto de la personalidad con el alma. Recién el alma puede anclarse en el cuerpo cuando somos autónomos, nos aceptamos, nos reconocemos.

 

 

Nosotros somos fundamentalmente el alma que utiliza a la personalidad. Pero el alma es virtual, es potencial, es como un futuro incierto cuando nosotros no somos libres. El alma sólo se puede asentar en medio de la libertad.

 

 

Al apego negativo lo llamamos rechazo o aversión. Estamos apegados a un sentimiento que volvemos resentimiento. Y el resentimiento, como una forma de aversión, es el peor de los apegos. El apego no sólo es la dependencia de otro, el apego siempre es la dependencia de un sentimiento. Los apegos ocurren en el campo emocional. Como los sentimientos tienen un poder magnético, no hay ningún sentimiento que sea neutro. Todos los sentimientos tienen una connotación negativa o positiva. Entonces los sentimientos nos llevan a apegarnos o a rechazar a la gente. El sentimiento es como un imán. Ese imán atrae las cargas diferentes y rechaza frecuentemente las cargas similares. Pero cuando nosotros nos identificamos con el polo de ese imán y no con el imán o la esencia del ser, terminamos atrayendo o rechazando. Atraemos para apegarnos y rechazamos generando aversión.

 

 

En ambos casos nos separamos; porque no hay peor separación que la de la proximidad física, cuando no hay libertad. Puede que estemos muy juntos y muy cerca. Puede que nos besemos, que nos abracemos, que ocupemos el mismo techo, pero si la relación se basa en el apego, estamos profundamente separados en nuestra esencia. Mientras más cerca estén nuestros cuerpos y personalidades, si hay apego, más lejanas están nuestras almas.

 

 

Si la relación es de apego, mientras más cercase esté , más prisioneros se es uno de otro. Una relación de apego produce sufrimiento. No hay sufrimiento sin apego. Se puede ir o quedarse, pero si se sufre es porque se está apegado y si esto ocurre  es porque se está inseguro de uno mismo y se necesita un punto de apoyo exterior. Si estoy apegado a otro, estoy violando su libertad. Si se apegan a uno están violando la propia.

 

De tal manera que la mejor manera de unirse es, paradójicamente, liberarse. La mejor manera de encontrarse, es desaparecerse. La mejor manera de no rechazar al otro es aceptarse uno mismo.

 

 

Expresándolo en primera persona puedo decir que si te necesito para llenar mis vacíos no disfrutaremos ninguno de los dos, pues te encerraré en la prisión de mi vacío. Si me necesitas para compensar tus vacíos en la relación, no me darás más que tu carencia, tu sombra y tu pobreza. No me vas a regalar lo mejor, que es tu riqueza y todo aquello que ya has afirmado, aquello que traes para regalarle al mundo desde el centro de tu corazón.

 

Si te rechazo, es porque no he descubierto el núcleo interior que rechazo en mí misma. Si estoy insegura de vos y tu relación es porque no he descubierto la inseguridad y desconfianza en mí misma. Más, cuando descubro esos vacíos y rechazos, empiezo a descubrirme.

 

Cuando comenzamos a descubrirnos se disipa la primer sombra que nos impide reconocernos. Esa sombra es la ignorancia de nosotros mismos. Cuando nos reconocemos, lo hacemos en esa parte del ser que no puede desarrollar dependencia. En esa parte íntima de nosotros que se aprecia, se ama, se respeta y tiene una autoimagen adecuada. En esa parte de nosotros, ya no somos la imagen que nos descubre el espejo, ni tampoco la edad, el color, el vestido, el dinero, los roles, sino que somos un ser que más allá del espacio y el tiempo, es conciencia pura. De esta manera descubrimos nuestro verdadero ser y desde ahí… vemos al otro.

 

 

Hasta el próximo encuentro, Almas…

 

 

 

 

 

 

 

María Ester Abal Vella

 

Astróloga y Terapeuta Floral

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