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Los Celtas

Fecha de Publicación: 08 - 02 - 2006.

Alguna
vez los celtas se extendieron desde las costas del
océano Atlántico hasta las vastas llanuras de Rusia y
Hungría, Rumania y la actual Turquía ( son los gálatas
de las epístolas de San Pablo) y otros alcanzaron los
territorios de la China, como los testimonios del
pueblo de Urunchi. Hoy en día, la extensión se ha
restringido a las Seis Naciones: Escocia, Gales,
Irlanda ( insulares) y Galicia, Asturias y Bretaña (
continentales). Que esté menos extendida no quiere
decir, menos valiosa.

La
cultura celta fue sometida durante largos siglos por
ingleses, españoles y franceses. Como siempre, en la
historia de las tiranías, dicha opresión ha
sido ineficaz y actualmente, hay un resurgir de la
cultura celta en todos sus usos y costumbres. Buenos
Aires es testigo de ello, porque cada año, el 17 de
marzo, festividad de San Patricio, santo patrono de
Irlanda, se congregan miles y miles de personas. Y no
creo estar desinformado, al afirmar que ni Santo Tomas
Moro o San Tomás Becket congreguen multitudes en las
calles de Buenos Aires. Algún pícaro puritano puede
aducir que San Patricio en Buenos Aires es sólo una
excusa para tomar desaforadamente cerveza ( Si hay una
costumbre y la libertad de hacerlo, cualquier día del
año es propicio). Pero también podríamos adjudicar
dicha costumbre a una simple manera de saludar al
pueblo de Irlanda, cuyos habitantes festejaron en las
calles el 2 de abril de 1982. La historia nos obliga
siempre a reflexionar en causas más profundas que las
que se manifiestan en superficie. Por lo tanto,
hundámonos en los viejos tiempos en que los celtas
eran austríacos y suizos. Se pueden rastrear los
orígenes de los Keltoi en Hastatt (800 AC), y en La
Téne (500AC), que son dos localidades que indican dos
fechas de la edad del hierro y que denuncian a su vez,
el sello distintivo de los celtas. La tradición celta
se correspondía con un pueblo pastor, criadores de
caballos, animal sagrado y pariente muy cercano de
estos pueblos, débiles agricultores, desganados
constructores de ciudades que confiaban más en las
cercos protectores que en un número infinito de
ciudadanos. También se asoció esta cultura-
representada por Halstatt ( Austria ) y de La Téne
(Suiza) como dos etapas de la edad de Hierro- con las
minas de sal ( Salzburgo: Ciudad de la Sal), de cobre,
estaño y una bellísima orfebrería que todavía hoy nos
llena de admiración.

Los nombres con que se conocieron
estos pueblos siempre librando guerras intestinas que
explican su decadencia, son numerosos: los griegos los
llamaban Keltoi, término que bien pudo significar alto
( estatura) o bien, noble. Los romanos que fueron una
maquinaria eficiente en la destrucción de esta
cultura, los llamaron Galli, cuyo significado puede
haber sido el de “guerreros” o bien ” montañés”. Los
griegos usaron otros nombres, cimerios es el nombre
que les da el gran Homero, el término usado por el
poeta Píndaro es el de “hiperbóreos”, país
maravilloso, siempre inubicable, pero que es siempre,
al norte, siempre hacia el norte. Heródoto los llama
simplemente celtas. Galatai, gálatas, son los celtas
de la península de Anatolia, la actual Turquía famosos
por el apóstol Pablo, entre otras cosas.

En la península ibérica se
asociaron con los íberos y su cultura,
gallega-lusitana-asturiana se conoció como los
celtíberos.

El nombre más popular y extendido
para designar a todos estos pueblos y fragmentos de
pueblos era el de bárbaro. Se decía que bárbaro era el
que no hablaba nuestra lengua, no practicaba nuestra
religión y no tenía nuestras instituciones
socio-políticas. Sin embargo, Tácito nos ha dejado una
fórmula del barbarismo que se hunde en las recetas
gastronómicas: ” no comen pan de trigo, sino de
centeno; no cocinan con aceite de oliva, sino con
grasas y no tienen vino sino otras bebidas
fermentadas”.

Los celtas nunca formaron un
imperio a pesar de tener coraje, buenas armas y
necesidad de conquista. Les faltó la inteligencia
práctica de unirse y cuando lo hicieron, con el caso
de Vercingetórix para enfrentar a Julio Cesar ( año 54
al 52 AC) fue tarde. La revancha de Julio Cesar fue
devastadora, y agregaría, sacrílega. Julio Cesar vengó
la ofensa de Roma, sitiada, desangrada y destruida por
los celtas en el año 386 AC.

Grecia tampoco estuvo al margen
de la expediciones de los celtas. En el 279 AC,
llegaron nada menos que ante las puertas de Delfos, la
ciudad del oráculo, ciudad consagrada a Apolo y al
laurel. Todo consistía en bajar y tomar. Pero los
griegos adjudican el “milagro” al dios Apolo, otros a
Zeus, el maestro del rayo. Una tormenta se desató
sobre las cabezas de los guerreros celtas y otra se
desató dentro de las cabezas de los celtas. Comenzaron
a pelear entre sí. Brenos ( Bran), el gran jefe celta
terminó suicidándose. Su cabeza fue cortada y
enterrada en Londres y se volvió oracular.

Entre romanos y los germanos, fueron aniquilando a los
pueblos celtas, que se vieron compelidos a refugiarse
en la islas británicas, que será el tema de nuestra
próxima entrega.

Prof. Guillermo Echavarría
Molloy

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