Tango Todo

Los Chingolitos

Fecha de Publicación: 16 - 12 - 2005.

Leyenda de Argentina


Era una familia de troperos. De padres a hijos heredaban el amor por
aquel trabajo tan gaucho y tan valiente. Sólo quedaban como
representantes de esta familia un viejo y su único hijo, que iba a ser
el final de una estirpe de gentes honradas y valerosas.

El
padre trabajaba sin descanso. A pesar de sus muchos años, se pasaba los
días arreando tropas de ganado por ríos y llanuras. El hijo no quer?a
trabajar, no quer?a ser tropero, como lo habían sido todos los suyos.
Su padre pon?a mucho empe?o en convencerlo de que aquíl era el camino
de su vida, para el que había nacido. El muchacho, a pesar de los
consejos de su padre y del vivir constante en aquel trabajo, no quer?a
aceptarlo como único destino. Iba de pe?n con su padre, de muy mala
gana, siempre, sin poner atención en las maniobras que eran necesarias
para llevar el ganado de un lado para otro.
Un día tuvieron que
vadear un río por un paso hondo y peligroso. Los novillos se
desbandaban y era necesario impedirlo. El tropero ordenó a su hijo que
lo ayudara, pero lo hizo tan mal, que el viejo no tuvo otro remedio que
intentarlo ?l solo. Se meti? en el agua con su caballo hasta el centro
del río, donde la corriente era impetuosa y honda. Luch? con ella, pero
el remolino lo arrebat? del caballo y a pesar de sus esfuerzos por
dominarlo a nado, se lo llev?.
El hijo no se dio cuenta, en el momento, de lo que aquella muerte
significaba para ?l. Al principio, la muerte de su padre le pareci? la
liberación de aquel destino duro que quer?a imponerle. M?s tarde,
empez? a comprender la responsabilidad que ?l ten?a, por su mala
voluntad, en la desaparición de su padre en la corriente del río.
Entonces, acongojado y arrepentido, trat? de liberar su conciencia de
aquel dolor profundo que no lo dejaba vivir. Decidi? volver a ser
tropero, como su padre había querido. Le encontr? gusto al trabajo, lo
hallí hermoso y varonil. Se desesperaba de no haber descubierto hasta
entonces lo que pudo haber sido la felicidad del tropero; lo que
hubiera evitado el desgraciado momento en que dej? solo a su padre en
la peligrosa maniobra, en medio de la corriente. La vida entre los
troperos y el ganado no era suficiente para dejar tranquila su
conciencia, pues su vida era un infierno constante que no podía
soportar.
Viendo cercana su muerte, único refugio de su alma atormentada, le
pidi? a un amigo leal que oyera la confesi?n de su pena, suplic?ndole
que cumpliera su ?ltima voluntad.
El joven tropero rog? a su amigo que una vez que su carne hubiera
desaparecido, recogiera sus huesos y los fuera echando, uno a uno, por
todos aquellos pasos de arroyos y ríos que su padre atravesara tantas
veces con riesgo de su vida, y por los que ?l le había acompañado de
tan mala gana y con tan funesto desprecio. Con esto quer?a bendecir,
desde el más allí, los lugares por donde el viejo tropero trabaj?
honradamente toda su vida.
El amigo cumpli? la voluntad expresada, y alg?n tiempo después de morir
el joven, reg? sus huesos por los lugares que le había indicado.
Aquellos huesos depositados en el seno de las aguas, fueron
reducióndose a trocitos y, pulidos por las corrientes durante muchos
años, fueron tomando formas redondeadas, como huevecitos. De estos
huevecitos amarillentos nacieron unos pajarillos, los chingolitos, que
representaban los anhelos jamás cumplidos del joven tropero: cantan con
un silbido que parece el silbido de los troperos a sus novillos y andan
dando unos saltos por los caminos y pasos de ganado, como queriendo
guiar a las tropillas cuando cruzan los ríos y los arroyos.

Extra?da de la Antolog?a de Leyendas de la Literatura Universal
Seleccionadas por D. Vicente Garc?a de Diego
Para Ed. Labor – Barcelona. 1953

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