DAL Comunicación

Luna llena de tauro-festival de Wesak

Fecha de Publicación: 07 - 02 - 2006.

Comparto
con ustedes un e- mail que recibí. Creo que es una descripción simple,
clara y profunda… para Abril 24, 2005. En realidad, la energía
comienza tres días antes y sigue aún tres días después.

Nota clave: “Veo, y cuando el ojo está abierto todo se ilumina”

María Ester Abal Vella

Fue
durante el plenilunio de Tauro que Buda alcanzó eso que llamamos
iluminación. También se dice que él nació y murió en este plenilunio.
La vida de Buda hecha mito es hoy uno de los símbolos más poderosos y
profundos que la historia ha podido conocer. Actualmente disponemos de
todo tipo de estudios profundos y testimonios sobre esta experiencia
trascendente cuyo camino fue abierto por Buda. Sin embargo, a pesar de
estos conocimientos, el misterio permanece y la significación esencial
de ese mito resbala a cada tentativa de ser alcanzado por nuestro
intelecto. La historia de Buda es hoy bien conocida en Occidente. Muy
temprano en su vida se formuló la pregunta sobre el sentido de la vida,
cuando comenzó a constatar que el sufrimiento era algo inseparable de
la existencia humana. Esa búsqueda del sentido de la existencia lo
llevó a probar diversos caminos, siendo el del ascetismo uno de los más
importantes en esa época.

Pero
sus esfuerzos se revelaron infructuosos ya que a pesar de todo
continuaba sin comprender. Un día, decepcionado por el fracaso, se
sentó bajo un árbol y tomó la decisión de no moverse de allí mientras
no hubiera comprendido y la luz fue. Lo que voy a decir constituye mi
propia comprensión sobre la vida de ese Gran Ser y de la experiencia
que lo acompaña: la iluminación. Muy temprano comenzó a formularse la
pregunta esencial.

¿Qué pregunta? Es la pregunta que uno se formula a menudo cuando nada
marcha bien en nuestra vida, cuando uno se encuentra sumergido en una
situación límite constatando, cómo lo hizo Buda, que el sufrimiento es
compañero inseparable de la existencia.Cada sacudida y cada fracaso
constituyen entonces una oportunidad para que el alma pueda alcanzar la
atención del hombre. Es cuando uno piensa en la muerte y en la
relatividad de nuestras certezas, que puede producirse un momento de
equilibrio dentro de una máxima tensión, donde durante algunos
instantes todo permanece inmóvil. Entonces, la luz que siempre ha
estado retenida fuera de nuestra conciencia inunda ésta, provocando eso
que uno llama la iluminación. Pero, ¿cómo permanecer en la tensión con
una mirada objetiva sobre la realidad tal como ésta aparece ante
nuestros ojos y, por lo tanto, sin dejarnos atrapar por ella? Buda
acudió allí donde el sufrimiento existía, en las ciudades, en los
caminos de los hombres, allí donde encontró gente enfrentada a la
prueba de la vida cotidiana. Lo que lo motivaba no era pues una visión
filosófica sobre el sentido de la vida y la significación esotérica de
las cosas y de los acontecimientos, aunque Él estuviera bien ilustrado
sobre esos temas.

Como Cristo, el acento fue puesto sobre la realidad cotidiana, y fue
allí donde todo sucedió. Buda comprendió enseguida que era preciso
buscar en el interior de sí mismo y no en otra parte. Toda la búsqueda
que desarrolló nos muestra que la iluminación es de alguna manera
preexistente a su manifestación. Estaba ya presente cuando buscaba la
luz. Cuando nos sabemos en la oscuridad es como si la luz estuviera ya
allí. ¿Cómo podríamos reconocer la oscuridad como tal, si en alguna
parte no tuviéremos la luz con nosotros? Esto hay que verlo muy
fríamente pero sin indiferencia. Cuando reconocemos esa luz presente en
nosotros, precisamente cuando nos encontramos en una tensión,
entonces allí se produce la iluminación. Pero ante la oscuridad nuestra
reacción más frecuente es la del temor que puede conducirnos a la
dependencia o a la rebelión.

Como lo hizo Buda, tenemos que probar diferentes caminos antes de
llegar al “árbol Bodi”. Es un combate gigantesco entre la luz y la
oscuridad y con una tal tensión, que a uno no le queda otro camino que
despertar. Es un combate en el que todo es decidido y esto sucede a
cada instante, aún, en el dominio de nuestras células. Es por este
motivo que la muerte y la significación de la existencia permanecen
siendo puntos límite y también puertas de iniciación. A menudo estamos
tan absortos en la búsqueda de la luz que no nos damos cuenta de su
condición primera: tener necesidad de ella. Hay que alcanzar ese punto
límite, enfrentando esa puerta simbolizada por el sufrimiento y la
absurdidad. Hay que mantenerse en ese punto sin rebelión y sin
abatimiento: es un momento pleno de sinceridad y de fuerza. He dicho
antes que la iluminación es algo preexistente a su manifestación, es
decir que la luz existe ya cuando uno la está buscando. Todo es
entonces una cuestión de “posición”, y Buda se sentó bajo el árbol
Bodi. Allí realizamos la experiencia de la luz percibiéndola como
oscuridad. Es un momento de pura autenticidad. Permanecer derechos ante
esa oscuridad, sin negarla pero afirmando nuestra necesidad esencial de
comprender, nos permite permanecer bajo el árbol, sin resistencia, sin
oposición, con una máxima apertura… ¡y la luz fue! En ese momento de
tinieblas se revelan nuestros fantasmas, espejismos y todo tipo de
ilusiones. Es el dominio de la Luna. Esta se encuentra en el signo de
Escorpio y en oposición al Sol en el momento de este plenilunio, lo
cual indica que hay que enfrentar la ilusión y vencerla antes de
alcanzar la iluminación en Tauro. Una oposición muestra siempre una
tensión extrema entre valores opuestos. Resolver una oposición es
reconocer la identidad esencial entre esos valores opuestos. ¿Cuál es
entonces la identidad esencial entre la luz y la oscuridad? Ningún
razonamiento puede decirnos cómo esto sucede. Es algo similar a los
problemas que encuentra la física cuántica cuando trata de explicar los
fenómenos que tienen lugar en las experiencias sub-atómicas. Pero Buda
permaneció y de algún modo la luz llegó a ser oscuridad y la oscuridad
luz, siendo los dos movimientos simultáneos.
La Luna, según se dice, se encuentra “en caída” cuando se trata del
signo de Escorpio, lo cual nos muestra una vez más la necesidad de
desembarazarse de la ilusión y especialmente de la dependencia
maternal, de todo aquello que constituye el paradigma socio-cultural en
un momento dado. Esa dependencia sostiene todas nuestras certidumbres,
nuestra necesidad de saber y también, paradójicamente, nuestra búsqueda
espiritual. Es necesario el silencio para que la decisión que vamos a
tomar bajo el árbol Bodi sea una decisión plenamente nuestra, sin
ninguna influencia exterior o interior. Es entonces cuando podemos
emplear esa luz que espera detrás de nosotros dispuesta a manifestarse
en el momento en que hay una obertura. Sin embargo, es tan difícil
permanecer en la tensión sin producir inmediatamente una “extensión”.
Es un ¿combate terrible que es necesario aceptar completamente. El
primer paso consiste en aceptar la situación. No se trata de
conformarse a la situación, aceptar el acontecimiento o la realidad
despiadada que viene a romper nues
tro juego. Se trata de aceptar la
realidad de la situación, podemos no estar de acuerdo con nuestro
espejismo, pero en tanto no habremos liberado la energía que contienen,
tendremos necesidad de ellos. Y esa energía es liberada en esa tensión
serena, en esa lucidez, un poco como lo hace la luz preexistente que
comienza a filtrarse en los repliegues de nuestra conciencia desde el
momento en que soltamos presa y nos hacemos no-resistentes. Buda nos
ha dado el ejemplo. Para Él ha sido preciso aceptar no el sufrimiento
sino el combate. Para nosotros es muy difícil comprender el sentido
esencial del combate porque ya no sabemos combatir. Son los japoneses
quizás quienes han conservado una alusión a ese combate esencial con
sus “artes marciales”. El resultado del combate es siempre la
victoria. Pero, la victoria de quién, diríamos nosotros. Pues bien, es
en ese momento, cuando nos hacemos esta pregunta, que perdemos toda la
energía para combatir. Entonces, aún si ganamos siempre seremos
perdedores. Identificados a nosotros mismos constatamos que podemos
tanto ganar como perder. Y aún si somos nosotros quiénes resultamos
vencedores, esta victoria no llega a ser nunca definitiva ya que el
otro, el contrario, no es nunca definitivamente derrotado. Es por
esta razón que nuestra paz actual necesita una policía y una fuerza
militar para ser mantenida. Aceptar el combate, mas allá de la
victoria o la derrota, permite descubrir su verdadero sentido. La luz
brota y uno descubre que todo está ya allí, que en realidad hemos
dado la vuelta a la tierra para alcanzar precisamente esto que se
encuentra delante nuestro. Sin embargo, realizando todo este recorrido
hemos podido conocer la realidad de la existencia. Es pues en esa
realidad duramente conquistada que puede producirse la experiencia de
la iluminación. Es una luz diferente de aquélla que conocemos; penetra
nuestro tejido de sombra y luz y lo electrifica. El sentido penetra
todo y nosotros no podemos entonces más que comprender lo que es, tal
como es. Es la realidad sin reacción emocional aún si la vivimos con
todas nuestras emociones. Es una luz que trasciende la realidad sin
excluirla. El combate es decisivo y sagrado. Entre la muerte y la
resurrección existe ese combate que podemos cambiar en victoria cada
vez que una decisión consciente nos permite asumir una tensión con
desapego. Esta es la palabra clave de toda esta historia y juega un rol
esencial cuando el discípulo provoca una victoria. Aceptar la victoria
es tan difícil como aceptar el combate. La victoria siempre debe
desaparecer para permitir su perpetuación en nuestros mecanismos de
vida. Es muy duro aceptar la luz y la victoria como algo natural, como
algo a vivir cotidianamente sin exaltar ni esa luz ni ese fuego de
victoria. Si queremos superar una vez por todas la dualidad, jamás
tendremos los medios para crear una tensión real. La dualidad es algo
que debe ser utilizado para crear puntos de tensión lo cual nos
llevará a un nivel vibratorio más sutil. Es en esa nueva dimensión
que la dualidad es trascendida, pero no antes. Entonces uno puede,
por ejemplo, remarcar que el sufrimiento no es otra cosa que la alegría
sofocada, participando ambos aspectos de una misma energía. Cuando se
aceptan las reglas del juego, el simple .hecho produce la alegría, y
entonces ganar o perder ya no tienen importancia alguna. Con el
desapego real uno puede “dirigir” los resultados del juego, uno puede
hacer siempre algo de ese juego. Otra palabra clave para este
plenilunio es pues “saber utilizar la energía, moldear la materia según
el propósito divino”. Es el alma que toma posesión de su vehículo.
El desapego sirve para ver todo esto con objetividad. Con el desapego
los fantasmas de nuestra psique son descubiertos y vencidos. Con el
desapego la luz es reconocida. Pero cuán difícil es el desapego, y
también el desapegarse del propio desapego tal como el iluminado debe
desapegarse de su victoria y de la luz que ha recibido y que desde
entonces debe aprender a transmitir a otros. Se dice: es la
personalidad quien siembra nuestra vida de trampas. Pero en realidad no
es la personalidad quien estorba, aún sí todos los males se hacen
sentir allí. Es el discípulo, perdido entre las olas de sus idas
y vueltas, que no llega a alcanzar su propio centro, ese lugar donde
las cosas suceden realmente, el centro de su personalidad para
ocuparla, dirigirla y darle un sentido. Buda se sentó bajo el árbol y
determinó no moverse en tanto no hubiera alcanzado la comprensión.
Aceptó el combate, conoció las “tentaciones y, sin embargo, no
perdió su equilibrio. Todos los opuestos se dieron cita en su aura y
allí, creo, tuvo conocimiento de la Ley. Entonces sonó la palabra
clave y la luz fué!

Fuente: Este
texto se escribió para la Luna Llena de Tauro de 1986, leído en el
Centro de Ginebra de la Escuela Arcana. Enviado por Toñy Polo,
Madrid, España.

Modo de Participar en el Festival Wesak: Mediante
el ayuno, la oración y eventualmente la meditación grupal, con el
delineamiento de meditación Dejar penetrar la Luz. Recitar tantas veces
como sea posible La Gran Invocación, los dos días previos, el
día del Festival y durante los dos días posteriores. El programa mínimo
es recitarla al amanecer, al mediodía, a las cinco de la tarde, al
anochecer y en el momento exacto del Plenilunio que marca el punto
culminante. Mantener permanentemente un estado de atención y de serena
expectación. Nadie es demasiado insignificante para prestar servicio,
pues la totalidad de las vehementes aspiraciones traerá la bendición.
Todos podemos hacer algo para terminar con el actual estado de cosas, e
introducir un período de paz y de buena voluntad en el mundo.

Información distribuida por:

Buena Voluntad Rosario
www.sabiduriarcana.org
bvr@sabiduriarcana.org

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