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Niveles de encuentro vincular

Fecha de Publicación: 07 - 02 - 2006.

En un artículo anterior escribí sobre el tema “Salud vincular”.
En este escribo sobre las distintas motivaciones que existen al momento de relacionarnos vincularmente.
En principio, afirmaremos, que hay dos tipos básicos de vínculos:

  1. Los que deseamos conscientemente,
    y buscamos la forma de encontrarlos ( por ejemplo: a quién proponemos
    algo – un encuentro, proyecto común o un simple “¿Querés tomar un café
    y charlamos?” o, desde el otro polo, atraemos, nos mostramos u
    ofrecemos de acompañantes con un simple “¿Querés que te acompañe o
    ayude?”)
  2. Los que se nos presentan como “destino”, esto
    es, los no elegidos conscientemente (por ejemplo: los familiares
    directos, también maestros, profesores, compañeros o los simples
    encuentros casuales o algún compañero/a de viaje en tren, ómnibus o
    avión).

Pero lo que quiero comentar hoy es que aparte de estos dos tipos básicos de vínculos, existen distintos niveles de encuentros vinculares sean estos motivados conscientemente o “encontrados por destino”.
Les recuerdo que, desde la cosmovisión holística , somos “muchos en
uno”; esto es que, somos un conjunto de fuerzas motivacionales que
habitan, sí, en un solo cuerpo físico. Y, que lo que llamamos “yo” es
una forma convencional de unificar las variadas fuerzas, deseos y
motivaciones que en astrología se estudian y describen a través de la
comprensión simbólica de los Planetas. Haciendo una analogía: intentar
definir el “yo” es como cuando intentamos crear, hablar sobre o definir
una “identidad nacional” …como si esto fuera posible sin caer en etiquetamientos fijos que encasillan más que aclaran.
Desde Sigmund Freud, que habló de distintos impulsos (eros y tanatos) y
de distintas áreas de identidad ( ello, yo y super-yo) hasta la más
moderna concepción de las “inteligencias múltiples” expuesta por el
psicólogo norteamericano Howard Gardner (1942- ), también encontramos
desde fuentes esotéricas del saber las ideas orientales de los siete
vórtices energéticos o chakras o, más actual aún, el espectro integral
de la conciencia aportado por el multifacético pensador Ken Wilber
(1949 – ). Todos éstos mapas, ya nos indican, distintos niveles desde
donde “elegimos” al otro.
Ahora, podemos reflexionar acerca de – resumiendo y tomando como
parámetro la relación de pareja- cinco niveles básicos de búsqueda,
atracción y encuentro vincular, tanto concientes como inconcientes,
veamos:

  • Nivel Físico:
    En éste nivel nos vemos motivados a partir de la percepción sensorial.
    Es la atracción física, sea generada por contacto visual (según el
    parámetro personal de belleza), táctil, olfativo, etc.

En este nivel nos satisface, sobre todo, la unión sexual.

  • Nivel Energético-emocional:
    En este nivel se pone de manifiesto nuestras necesidades de afecto
    (ligadas al primer entorno hogareño y la niñez). Es la búsqueda de
    seguridad básica. Que el otro nos cuide (como papá o como mamá).

Se manifiesta, también, el que denominaremos “romanticismo inconciente“,
esto es, la proyección en el otro, de todos los anhelos de
satisfacción imaginarios (El príncipe azul, el ángel de mujer, etc.)
que, en el encuentro real, se verán “probados” y producirán, la
mayoría de las veces, desilusiones y rupturas o la apertura a un
desarrollo emocional más amplio.
En este nivel nos satisface
“momentáneamente” el nivel sexual, pero “la realización de algunos
sueños nunca llega”.

  • Nivel Mental y social:
    en este nivel se ponen en juego motivaciones de orden ideológico y
    social. Ideológicamente nos vemos motivados en cuanto a compartir y/o
    debatir ideas y creencias de tipo político, social, de género, de
    filosofía, etc.. Nos satisface charlar con el otro.

También, en este
nivel, se manifiestan mandatos familiares referentes a roles o
status social y a la religiosidad de la tradición familiar. Aquí
cobra preeminencia la pertenencia a una misma o conveniente clase
social o marco referencial. El tema económico o patrimonios
familiares están en juego: ¿cuáles serán los ingresos? ¿cuál será
el lugar en el mundo que tendremos? ¿dónde viviremos?.
Es el
ámbito de los acuerdos, compromisos y contratos, y se busca ante
todo el orden y la adaptabilidad social. Aquí existe la rigidez
que imponen las normas, como así también, la seguridad que imponen los
contratos.
(Nota: Así como cierta porción de la sociedad pone como “techo” de la
experiencia de ser humano sus logros racionales, así también se suele
poner como “techo”, en cuestiones vinculares, el logro de un “buen
matrimonio”, aunque sea necesario acallar tanto las voces del cuerpo,
como las que llaman desde el alma pidiendo una mayor experiencia
amorosa).

Vamos observando que todos los niveles son necesarios y factibles de
ser satisfactorios. Quizá, los problemas aparecen cuando un nivel o
chakra se “apodera del mando” y no da lugar a los otros, a esto
llamaremos: fragmentación, división interior o conflicto entre niveles.
También es fundamental destacar que es necesario hacer lugar a más
claridad acerca de la comprensión de cada género (varón-mujer) y,
profundizando más aún, comprender el hecho de que cada ser humano tiene
distintas motivaciones (físicas, energético-emocionales, racionales,
sociales y del alma) según los factores a saber: edad, constitución
orgánica y psíquica, desarrollo evolutivo integral, etc.
Dejaremos para la próxima nota los dos niveles restantes: el nivel del
“romanticismo conciente” y el nivel de las relaciones transracionales,
transcorporales y transconvencionales las que podemos llamar, más
simplemente, las relaciones del alma.
Hasta el próximo encuentro.

Javier Ignacio Alvarez

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