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Cristina era una niña muy inquieta y vivaz, siempre estaba haciendo algo en la biblioteca de su papá, ya fuera recreándose con los grandes y gruesos libros que allí había, leyendo sus títulos y viendo sus ilustraciones, o simplemente se sentaba en la gran butaca y se imaginaba mil y una historias fantásticas que ella podría hacer, como en los cuentos de las grandes heroínas que tanto le gustaban.

Este día en particular, estaba muy ansiosa, pues era su cumpleaños y esperaba que su mamá le trajera como regalo el libro que tanto deseaba: ”EL CUENTO DE LAS MAGIAS... Y ALGO MÁS“, el cual había visto al pasar por la vitrina de una librería y cuyo título le quedó en la mente y no sabía porque motivo le llamó la atención.
Llegada la hora, estaba mirando por la ventana y de repente vio llegar el carro e inmediatamente corrió hacia la puerta y le preguntó a su mamá:

– ¿ Me lo compraste, mamá?

– Hola Cristina, ¡ feliz cumpleaños! Y seguidamente sacó de su cartera el tan esperado regalo.

– Gracias mamá, gracias; le rodeó el cuello con sus brazos y le dio un beso.

Corrió hacia la biblioteca, seguida por la mirada de satisfacción de su madre, y con el mayor cuidado desenvolvió el regalo. De repente apareció ante sus ojos la magnífica portada en letras que tanto le había gustado.

Su entusiasmo era tal, que inmediatamente se puso a leerlo, sin pensar que la estaban esperando sus papás para cortar la torta y soplar sus velitas.

Pasaron los días y Cristina después de realizar sus tareas, se encerraba en la biblioteca y se ponía a leer su libro. Cada día se metía más y más dentro de la historia tan apasionante que contenía. El libro trataba sobre la influencia de los poderes mágicos en las personas y las cosas.

Además, decía que todas las personas tienen esos poderes, sólo basta con buscarlos dentro de uno mismo.
El sábado en la tarde, llegó del club muy contrariada y confusa, pues por defender a una de sus mejores amigas, Daniela, tuvo una discusión con una de las compañeras del equipo de natación, Zulay, quien siempre aprovechaba la oportunidad para molestarlas y crear discrepancias en el grupo. Se fue a leer para ver si así olvidaba lo ocurrido, leyó por un rato, pero el cansancio y el sueño la vencieron. Se quedó dormida entre los recuerdos de aquella tarde y la magia del libro.
Ay, qué rabia tenía, no entendía a Zulay, porqué siempre tenía que objetar todo cuanto ella hacía o decía y lo que es peor, trataba a Daniela según le convenía. La manipulaba a su antojo al igual que al resto del grupo.
Esto a Cristina le molestaba, pues ella siempre compartía la idea de su mamá, de que uno siempre debe ser amiga de todo el mundo y tratar de entender y respetar a los demás, pues no todas las personas son y piensan como uno.

Vio como Zulay hablaba con otra amiga y le decía que ella podía hacer que Daniela dejara de ser tan amiga de Cristina, para que así anduviera sola y al final se dejara mandar por ella, que era la jefa del grupo.

De repente, Cristina se dio cuenta de que en sus manos había aparecido el libro abierto en la página donde estaba un dibujo de una persona llorando y muy triste, de la página del libro salían “estrellitas mágicas” de diversos colores, las cuales envolvían a la persona. Esto aparecía como solucionando el problema que tanto la apesadumbraba.

Cristina tuvo una idea: le llevaría a Zulay el libro, haría que ella lo tocase, y al hacerlo, la magia del libro la rodearía, de este modo, que lo que ella le quisiera hacer a Cristina y a Daniela, lo sintiese ella. Así lo hizo Cristina y vio cómo al acercarle el libro a Zulay, empezaron a salir estrellas que formaron como una imagen, haciéndole ver que ella era tratada de la misma forma que pensaba hacerlo con las otras. Esto la hizo llorar y aferrarse a los brazos de Cristina, quien olvidó toda su rabia y pudo comprender que lo que realmente le pasaba a Zulay Ella se sentía muy sola y triste, trataba de disimular esto haciéndose la dura y fuerte.

Sintió que una mano la estaba moviendo, y súbitamente abrió los ojos y vio que su mamá le estaba diciendo que se despertara y subiera a su cuarto, pues se había quedado dormida leyendo en el sillón. Cristina, ya en cama, recordó el sueño que tuvo, y sintió que el libro de la magia la ayudó a entender a su amiga. Decidió que a partir de ese día, trataría de hacer todo lo posible por ayudar a Zulay, para que superara sus miedos y sacara a la superficie todas esas cualidades que Cristina sabía que tenía, pero que ocultaba por temor.

Después de esto Cristina supo lo que significaba la frase: “... Y ALGO MÁS...”

Por Jennifer Hengeveld
A la edad de de Edad :11 años I.E.A
En Grado: 5to “A”
Unidad Educativa Institutos Educacionales Asociados - Asociación Civil
Baruta / Estado Miranda

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