ETC Magazine Revista On Line - El Rey Arturo (Parte IV - final)
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El Rey Arturo (Parte IV - final) Imprimir Correo electrónico

Hab?a un asiento de la Mesa Redonda, denominado ?el puesto peligroso?, en el que solo podía sentarse el caballero más digno del mundo, de lo contrario cualquiera que lo hiciese morir?a en el acto.
Un anciano se presentí en la corte de Arturo y gracias a que el espíritu del mago Merl?n lo visit?, pudo avisarle al rey y a sus s?bditos que el caballero que encontrase el Santo Grial, el c?liz donde José de Arimatea había depositado la sangre de Jesucristo y que contaba con propiedades mígicas, ser?a digno de ocupar el asiento vac?o. Pero esa persona aún no había nacido.
Varios años pasaron hasta que un día apareci? en el castillo Elaine, hija del Caballero Pelle, con el hijo que le había dado a Lancelot. Galahad era el nombre del niño, y cuando cumpli? quince años de vida su nombre apareci? grabado en letras doradas en el respaldo del asiento peligroso.
Esa misma jornada, por la noche luego de haber disputado un torneo, los Caballeros de la Mesa Redonda, con Galahad incluido, se reunieron, pero el encuentro fue interrumpido por un rayo que atraves? el sal?n y golpe? en la mitad de la mesa, entregando una visión del Santo Grial.
Sir Gawain, sobrino de Arturo, impactado por lo ocurrido, se comprometi? a no volver a Camelot hasta no haber encontrado el Santo Grial, y así como ?l, cada uno de los Caballeros de la Mesa Redonda emprendieron diseminados por distintas partes del mundo, la busqueda del c?liz divino.
Numerosas y variadas fueron las aventuras por las que atravesaron los caballeros, algunos pudieron contarlas pero otros murieron en ellas.
La más destacada de todas les ocurri? a tres de ellos: Sir Galahad, Sir Percival y Sir Bors. Ellos se encontraron casualmente en un cruce de caminos en un bosque cercano al castillo del rey Pelles, guardi?n de las santas reliquias.
Este, los invitó a pasar la noche allí, y durante la cena nuevamente irrumpi? otra aparición del Santo Grial, aunque esta vez acompañado por dos ?ngeles y un anciano con un letrero en la frente que decía José, que se dirigi? a Sir Galahad y le dijo: "Ya has visto lo que tanto anhelabas, pero cuando vayas a la ciudad de Sarras lo ver?s mucho mejor. Ir?n los tres hacia esa ciudad llevando consigo el Grial y esta lanza que contiene la sangre de Jesucristo. Sólo unos de ustedes regresar? a Camelot".


Camelot

Los tres se retiraron del castillo de Pelles y subieron a una barca. Cuando llegaron a Sarras, el rey de esa ciudad se sinti? temeroso por la visita de estos nobles caballeros y pensando que podrían ocasionar problemas resolvi? encarcelarlos. Los tres pasaron un año detenidos, pero durante este tiempo el Santo Grial los dot? de alimentos y bebidas. Cuando el rey de Sarras murió, el pueblo liber? a los caballeros y nombraron a Galahad como nuevo soberano, quien durante el año que dur? su reinado mand? hacer un gran altar donde colocar el Grial y la lanza. Despu?s de este lapso de tiempo ocurri? una nueva aparición, esta vez frente a ese altar.
Delante del Santo Grial estaba rezando un obispo anciano, y todos los que se hallaban presentes se hincaron y el obispo celebr? misa con ellos. Luego se dirigi? a Sir Galahad y le dijo: "Ven, ac?rcate y ver?s lo que tanto anhelaste". Galahad se acerc?, titube? unos segundos y se volte? hacia sus amigos.
Con un gesto se despidi? de ellos. Su rostro mostraba claramente la satisfacción de lograr la realización de su sue?o más anhelado. Despu?s se arrodill? junto al obispo y cay? muerto al suelo. Su alma se elev? con un grupo de querubines y las reliquias desaparecieron para siempre
Sir Percival y Sir Bors enterraron a Sir Galahad. El primero se dedic? desde entonces a una vida ermita?a, el otro fue quien regres? a Camelot y les cont? a Arturo y Ginebra cuanto había acontecido. El monarca comprendi? que al haberse acabado la búsqueda del Grial, ya no le quedaba mucho tiempo de vida a su reino.
Y sus sospechas fueron ciertas, pues Sir Mordred y Agravine tramaron una trampa a Sir Lancelot y la reina. Estos caballeros ten?an desde hacía un buen tiempo deseos de adueñarse del poder y destronar a Arturo, creyendo poder destruirlo al revelarle la relación amorosa que en secreto ten?an su mujer y su más estimado caballero. Encerraron a Lancelot y a Ginebra en un cuarto y, acompañados de un cuerpo de caballeros, exigieron a grandes voces que salieran.
Lancelot abri? la puerta, dej? entrar a uno de los caballeros y la cerr? r?pidamente. Lo mat?, y luego volvió hacer lo mismo repetidas veces hasta que asesin? a trece más, entre ellos estaba Agravine. Entonces Mordred le informí a Arturo que había que apresar a Lancelot por traicionar al reino, pues estaban claras sus intenciones de querer asumir el poder y quedarse con la reina. El destino para ella ser?a la hoguera, pues era una pecadora, pero entre los caballeros había diferentes posiciones.
Arturo estaba confundido, por un lado quer?a defender a su caballero, pero su matanza le parecía injustificable. Lancelot, después de salvar a Ginebra de la hoguera y dar muerte a dos primos del rey, decidi? exiliarse en su país de origen: Francia. Arturo persigui? a Lancelot y lo enfrent? en un duelo donde casi pierde la vida.
Aprovechando estos dramíticos sucesos, Mordred divulg? por el reino la muerte de su padre y se autoproclamí rey de Inglaterra. Arturo y el último de sus primos, sir Gawain, reunieron un ejercito con el fin de quitarle el poder a Mordred, pero no pudieron derrotar a las huestes de este en el primer combate.
Antes de comenzar lo que ser?a la ?ltima batalla entre las fuerzas del padre y el hijo, Arturo y Mordred decidieron firmar un tratado de paz delante de sus ej?rcitos. El clima era tenso y un mal movimiento podía desencadenar la lucha. Fue la providencia la que ocasion? la desgracia: una serpiente mordi? la pata de un caballo y el jinete sac? su espada para matarla. Esto fue entendido por el ej?rcito contrario como una se?al de guerra y se lanzaron todos ferozmente a la batalla.
M?s de cien mil soldados murieron. Cuando la batalla llegaba su fin, Arturo quedó cara a cara con Mordred: con un toque de Excalibur le quit? la vida, pero cay? sobre la espada de su hijo y quedó mal herido.
Arturo sabía que su espada ten?a un mensaje escrito que decía ?arr?jame lejos?, por lo que, cuando ?l muriera, deb?a arrojarla en el lago donde estaba la dama que se la otorg?. Como ?l no podía, le pidi? a sir Bevidere que lo hiciese, pero éste por tres veces no tuvo el valor para tirarla al lago.
entonces Arturo le pidi? que lo llevase así ?l mismo arrojaba la espada, Cuando llegaron a la orilla del lago, esper?ndolos en una balsa, estaban tres reinas vestidas de luto con sus rostros tapados por un velo negro. Sir Bevidere coloc? a su rey en la balsa y con l?grimas en los ojos se despidi? de ?l. La balsa surcó las aguas y desapareci? de la vista. Nunca se supo el destino del cuerpo de Arturo y mucho menos la identidad de las reinas que lo acompañaban en la balsa.

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