ETC Magazine Revista On Line - El rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda parte II
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El rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda parte II Imprimir Correo electrónico

A través de un sacerdote llevado por el mago, el niño fue bautizado y llamado Arturo.
Dos años más tarde, Uther Pendragon comenz? a sufrir una enfermedad implacable, que fue aprovechada por sus enemigos para saquear al reino y matar varios soldados. Entonces Merl?n al ver la pasividad del rey, le envi? un mensaje en el que lo incitaba a enfrentarse a quienes estaban sembrando el caos en sus dominios.
Con las pocas fuerzas que le quedaban, Uther Pendragon combati? junto a su ej?rcito contra los invasores, obligando a estos a retirarse del territorio del rey de Inglaterra. Pero esta victoria había consumido toda la vitalidad que quedaba en el moribundo cuerpo del monarca, y cay? en un sue?o profundo que dur? tres días. El temor de los barones por la salud de su rey motiv? que llamaran a Merl?n, que se acerc? al lecho en que se encontraba Uther Pendragon para preguntarle si quer?a que Arturo lo sucediera en el trono cuando muriera.
El rey, tras un gran esfuerzo, dijo en presencia de todos sus barones:
?Le doy a Arturo la bendición de Dios y la mía, y pido que ?l ruegue por mi alma. Despu?s de decir estas palabras reuni? las escasas fuerzas que le quedaban y grit?: si Arturo no reclama la corona de Inglaterra con justicia y honor, ser? indigno de mi bendición?. Una vez dicha esta advertencia, cay? de espaldas sobre la cama y murió. Uther Pendragon fue sepultado con toda la fastuosidad propia de un rey, y su mujer guard? luto, al igual que los barones. Además de la tristeza de sus allegados y el pueblo ingl?s, el fallecimiento del monarca trajo consigo caos al reino: permaneciendo vacante el trono de Inglaterra, varios pueblos enemigos asediaron las fronteras, se?ores poderosos intentaban hacerse con el poder absoluto. Ante semejante anarquía, las leyes dejaron de ser cumplidas, por lo que Merl?n tuvo que citar al arzobispo de Canterbury para aconsejarle una urgente reunión con todos los se?ores y caballeros armados del reino, en Londres, para la fecha de Navidad, dicióndole que tal vez ese día Jes?s les enviar?a una se?al sobre qui?n deb?a ser el futuro rey de Inglaterra.
Se reunieron en la Catedral de San Pablo, y por la ma?ana, luego de la primera misa, vieron un gran bloque de mírmol cercano al altar que ten?a un yunque de acero atravesado por una espada. La escena ya de por s? era extra?a, pero más lo era la inscripción en letras doradas que estaba escrita en el mírmol: QUIENQUIERA QUE EXTRAIGA ESTA ESPADA, DE ESTA PIEDRA Y ESTE YUNQUE, ES REY DE INGLATERRA POR DERECHO DE NACIMIENTO. Cuando la noticia llegó a o?dos del arzobispo, se ordenó que hasta después de la Misa Mayor nadie tocara la espada. Una vez concluida, todos los se?ores y caballeros intentaron sacarla del mírmol, aunque sin ?xito. La noticia corrió de boca en boca, y para la fiesta de A?o Nuevo se prepar? un gran torneo en el que el arzobispo confiaba que el elegido por Dios sacar?a la espada del mírmol. Mientras que se?ores, barones y caballeros participaban en las diferentes justas propias de este tipo de reuniones, sir Kay había arribado al lugar, junto a su padre, sir Ector, y a Arturo. Al haber olvidado su espada, sin la cual no podría participar, pidi? a Arturo que fuese a buscarla. Arturo llegó a la casa en que sir Ector lo había criado como si fuera un hijo de sangre, y not? que la puerta estaba cerrada y que le resultaba imposible entrar. Entonces, cabalg? hasta la iglesia y sin el más mínimo esfuerzo, arranc? del yunque la espada que tantos se?ores y caballeros no habían podido sacar y que pertenec?a al futuro rey de Inglaterra.

Cuando sir Kay vio la espada inmediatamente la reconoci?, y la llev? a la vista de sir Ector, su padre. Arturo les coment? como la había conseguido y los tres se dirigieron nuevamente al mírmol para volver a enterrar allí la espada. Tanto sir Ector como sir Kay intentaron quitarla pero no pudieron, y cuando fue el turno de Arturo este la sac? con gran facilidad. Acto seguido sir Ector le confes? toda la verdad sobre sus verdaderos padres y cómo Merl?n había logrado que el rey Uther Pendragon se lo entregara.
Le contaron lo sucedido al arzobispo y este ordenó que la espada fuese depositada nuevamente en el mírmol, y aun más cantidad de se?ores que la otra vez intentaron sacar la espada de su lugar, pero no pudieron hacerlo. Sólo Arturo era capaz de tal cosa.
Enfurecidos por no poseer ellos semejante don, postergaron hasta Pascua la resolución. Y en esa fecha otra vez fue Arturo quien logr? sacar la espada del mírmol, y la c?lera de los grandes se?ores aument? y pospusieron la fecha de la decisión final hasta la Pascua de Pentecost?s. En esa oportunidad, tampoco nadie que no fuera Arturo pudo separar la espada del mírmol, y cuando este lo hizo se la mostr? al pueblo, que pidi? por la coronación de Arturo. Los se?ores se rindieron y suplicaron su perd?n por tantas demoras. Arturo lo hizo, y además comenz? a revertir muchas injusticias que se habían llevado a cabo durante la nefasta etapa de anarquía.
Pero r?pidamente surgieron problemas para el nuevo rey: muchos se?ores poderosos se resist?an a que un joven sin sangre real como Arturo los gobernara y se aprestaron a rodear el castillo en que este se encontraba.
Antes que la batalla comenzara, Merl?n se presentí ante los rebeldes y les cont? que en verdad el rey era el hijo de Uther Pendragon e Igraine, y pese a que algunos al saber esto declinaron su actitud hostil, otros no lo hicieron y se enfrentaron al ejercito real, que los venci? y oblig? a retirarse. Pero los enemigos se reorganizaron y con la ayuda de nuevos aliados conformaron una fuerza más poderosa que la anterior. Merl?n avis? esto a Arturo y le sugiri? que uniera fuerzas con dos reyes que había en Francia, Ban y Bors.


Jorge Castro
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