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Los Celtas Imprimir Correo electrónico

Alguna vez los celtas se extendieron desde las costas del océano Atlántico hasta las vastas llanuras de Rusia y Hungría, Rumania y la actual Turquía ( son los gálatas de las epístolas de San Pablo) y otros alcanzaron los territorios de la China, como los testimonios del pueblo de Urunchi. Hoy en día, la extensión se ha restringido a las Seis Naciones: Escocia, Gales, Irlanda ( insulares) y Galicia, Asturias y Bretaña ( continentales). Que esté menos extendida no quiere decir, menos valiosa.

La cultura celta fue sometida durante largos siglos por ingleses, españoles y franceses. Como siempre, en la historia de las tiranías, dicha opresión ha sido ineficaz y actualmente, hay un resurgir de la cultura celta en todos sus usos y costumbres. Buenos Aires es testigo de ello, porque cada año, el 17 de marzo, festividad de San Patricio, santo patrono de Irlanda, se congregan miles y miles de personas. Y no creo estar desinformado, al afirmar que ni Santo Tomas Moro o San Tomás Becket congreguen multitudes en las calles de Buenos Aires. Algún pícaro puritano puede aducir que San Patricio en Buenos Aires es sólo una excusa para tomar desaforadamente cerveza ( Si hay una costumbre y la libertad de hacerlo, cualquier día del año es propicio). Pero también podríamos adjudicar dicha costumbre a una simple manera de saludar al pueblo de Irlanda, cuyos habitantes festejaron en las calles el 2 de abril de 1982. La historia nos obliga siempre a reflexionar en causas más profundas que las que se manifiestan en superficie. Por lo tanto, hundámonos en los viejos tiempos en que los celtas eran austríacos y suizos. Se pueden rastrear los orígenes de los Keltoi en Hastatt (800 AC), y en La Téne (500AC), que son dos localidades que indican dos fechas de la edad del hierro y que denuncian a su vez, el sello distintivo de los celtas. La tradición celta se correspondía con un pueblo pastor, criadores de caballos, animal sagrado y pariente muy cercano de estos pueblos, débiles agricultores, desganados constructores de ciudades que confiaban más en las cercos protectores que en un número infinito de ciudadanos. También se asoció esta cultura- representada por Halstatt ( Austria ) y de La Téne (Suiza) como dos etapas de la edad de Hierro- con las minas de sal ( Salzburgo: Ciudad de la Sal), de cobre, estaño y una bellísima orfebrería que todavía hoy nos llena de admiración.

Los nombres con que se conocieron estos pueblos siempre librando guerras intestinas que explican su decadencia, son numerosos: los griegos los llamaban Keltoi, término que bien pudo significar alto ( estatura) o bien, noble. Los romanos que fueron una maquinaria eficiente en la destrucción de esta cultura, los llamaron Galli, cuyo significado puede haber sido el de "guerreros" o bien " montañés". Los griegos usaron otros nombres, cimerios es el nombre que les da el gran Homero, el término usado por el poeta Píndaro es el de "hiperbóreos", país maravilloso, siempre inubicable, pero que es siempre, al norte, siempre hacia el norte. Heródoto los llama simplemente celtas. Galatai, gálatas, son los celtas de la península de Anatolia, la actual Turquía famosos por el apóstol Pablo, entre otras cosas.

En la península ibérica se asociaron con los íberos y su cultura, gallega-lusitana-asturiana se conoció como los celtíberos.

El nombre más popular y extendido para designar a todos estos pueblos y fragmentos de pueblos era el de bárbaro. Se decía que bárbaro era el que no hablaba nuestra lengua, no practicaba nuestra religión y no tenía nuestras instituciones socio-políticas. Sin embargo, Tácito nos ha dejado una fórmula del barbarismo que se hunde en las recetas gastronómicas: " no comen pan de trigo, sino de centeno; no cocinan con aceite de oliva, sino con grasas y no tienen vino sino otras bebidas fermentadas".

Los celtas nunca formaron un imperio a pesar de tener coraje, buenas armas y necesidad de conquista. Les faltó la inteligencia práctica de unirse y cuando lo hicieron, con el caso de Vercingetórix para enfrentar a Julio Cesar ( año 54 al 52 AC) fue tarde. La revancha de Julio Cesar fue devastadora, y agregaría, sacrílega. Julio Cesar vengó la ofensa de Roma, sitiada, desangrada y destruida por los celtas en el año 386 AC.

Grecia tampoco estuvo al margen de la expediciones de los celtas. En el 279 AC, llegaron nada menos que ante las puertas de Delfos, la ciudad del oráculo, ciudad consagrada a Apolo y al laurel. Todo consistía en bajar y tomar. Pero los griegos adjudican el "milagro" al dios Apolo, otros a Zeus, el maestro del rayo. Una tormenta se desató sobre las cabezas de los guerreros celtas y otra se desató dentro de las cabezas de los celtas. Comenzaron a pelear entre sí. Brenos ( Bran), el gran jefe celta terminó suicidándose. Su cabeza fue cortada y enterrada en Londres y se volvió oracular.

Entre romanos y los germanos, fueron aniquilando a los pueblos celtas, que se vieron compelidos a refugiarse en la islas británicas, que será el tema de nuestra próxima entrega.

Prof. Guillermo Echavarría Molloy

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