Tango Todo

Paladares plásticos

Fecha de Publicación: 12 - 02 - 2006.


No sólo de comida instantánea vive el hombre…

Hubo un tiempo en que las madres esperaban a sus vástagos, con la mesa
amorosamente servida de platos caseros elaborados por sus propias
manos. Bizcochuelos crecidos a fuerza de batir huevos y harina, tucos
consagrados a base de tomates y ajos artesanalmente picados sobre una
tabla, puré de papas turgentes, nacidos de papas almidonadas y
regordetas trabajosamente peladas. Féminas de manos fragantes a ajo y a
hierbas, que sabían eso de que “en la variedad está el gusto ” y que
“eres lo que comes”, que ya anunciaba Brillant Savarin, en su
Fisiología del Gusto.

Hay
un tiempo, más actual, en que las madres montadas en la vertiginosa
carrera del día a día, no menos amorosamente, terminan con sus retoños
en el fast-food de la esquina, tragando el combo que salga más rápido,
o en su defecto, abriendo el freezer o el paquete de colores brillantes
más a la mano. Toda una generación de paladares plásticos, limitados de
sabores y sensaciones. Chicos, que no conciben que el puré no se haga
con un polvo blanco y escamoso, que se prepara casi como un jugo
instantáneo. Pequeños que creen que el pollo es un animal con forma de
croqueta que viene en bolsa. Individuos de caninos casi atrofiados, ya
que lo más parecido a carne que consumen es una hamburguesa y que creen
que el plato nacional es el pancho, menú obligado de todo festejo,
aunque salida del paso, o sea, la mayoría de las veces. Niños que
descreen totalmente de la versión genuina, del sabor original, por
creerlos un fraude que no condice con su memoria gustativa y sentir que
les están dando gato por liebre. Chicos que perciben la más mínima
variación en los compuestos artificiales de una marca o la otra, pero
que difícilmente distinguirían carne de chancho de carne vacuna, o lo
que es peor un trozo pelado de pera de uno de manzana. Gente menuda, a
las que llevarlos a un tour por una feria, resulta lo más cercano a una
experiencia cercana del tercer tipo, por el tipo de descubrimiento y
hallazgo que realizan. Paladares, hábilmente cebados por las grandes
empresas alimenticias, bajo el consentimiento pasivo y conveniente de
sus padres; cuyo concepto de alimentación no difiere demasiado del
empleado para con sus mascotas. “Una latita de comida gourmet para el
gatito, una cajita con las figus de los superhéroes para los nenitos”.

Saciar el hambre, llenar el buche, es algo que se puede lograr hasta
con un paquete de galletitas o un sandwich de miga; alimentar, educar
el paladar, es algo que supone más tiempo, más dedicación y quizás sea
ahí donde resida el problema. Las mujeres de hoy cocinan poco y si lo
hacen es por TV, aunque últimamente es una tarea que también están
relegando a las monjas, quizás porque ellas todavía entiendan que
alimentar es una tarea divina, en el más amplio sentido de la palabra.

Pamela Bentel

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